Lecciones para los diálogos de paz en Oslo y La Habana

El Instituto Estadounidense para la Paz, la Universidad de Georgetown, la Universidad de los Andes y el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), plantean una serie de puntos claves de cara a las negociaciones Gobierno-Farc.

Hay razones para estar optimistas. Éstas incluyen las manifestaciones concretas de voluntad política que cada parte ha demostrado hasta la fecha, la evidencia sobre el deseo de aprender del pasado y la asimilación ya visible de algunas lecciones de los procesos de paz anteriores. Y el contexto político en Colombia, en América Latina y en el mundo, es más propicio que nunca a una solución negociada al conflicto.

Es el análisis que hacen el Instituto Estadounidense para la Paz, la Universidad de Georgetown, la Universidad de los Andes y el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), que en un documento titulado “Lecciones para los diálogos de paz en Oslo y La Habana”, plantean los 15 puntos que consideran fundamentales de cara al éxito del proceso que hoy se inicia e Noruega.

Y precisamente sobre las “lecciones por aprenderse”, proponen que hay que abrir el espacio para una negociación con todos los grupos guerrilleros y poner sobre la mesa soluciones a los otros factores críticos de violencia. “La experiencia del Caguán muestra cómo se perdió la oportunidad de lograr un acuerdo con el Eln por privilegiar de manera excluyente las negociaciones con las Farc”.

Según el mencionado documento, hay que buscar el mecanismo adecuado para integrar a todos los grupos guerrilleros en el proceso, bien sea en mesas paralelas o conjuntas. Asimismo, señala que el Gobierno debe definir con claridad, “desde ahora”, una política eficaz contra los grupos surgidos de la desmovilización de las Autodefensas, las demás estructuras paramilitares y las bandas criminales. “En otros procesos de paz, la violencia paramilitar causó la ruptura de los diálogos y fue un factor para el fracaso de ellos”.

De otro lado, plantea que, efectivamente, un cese al fuego al iniciarse las discusiones, entraña algunos riesgos, aunque podría reducir el costo humano de la guerra. “Si una de las partes no tiene un fuerte control sobre su tropa, o si el cese al fuego da a los saboteadores una oportunidad fácil para socavar el proceso, es mejor esperar a que se den condiciones propicias para declararlo”.
En otros de los puntos que plantean las instituciones que participaron en la elaboración del análisis se habla de que la intensificación de la violencia no necesariamente da ventajas en la mesa. En este sentido, advierten que según los procesos pasados, todo indica que se puede esperar una escalada de ataques mientras que las partes buscan mejorar su posición en la mesa de negociaciones. Así pasó, dicen, en Irlanda del Norte, Sudáfrica y El Salvador, donde las manifestaciones del poder militar de las insurgencias ayudaron a crear la voluntad política del Estado para negociar.

Sin embargo, el documento sugiere que en la experiencia colombiana esta estrategia no ha ganado mucho terreno para las partes en los diálogos anteriores: “Al contrario, el aumento de la violencia durante procesos de paz en Colombia ha fortalecido a los sectores que se oponen a la solución negociada, ha nutrido la desconfianza del público y ha contribuido a la erosión de la opción política para resolver el conflicto armado interno”.

El Instituto Estadounidense para la Paz, la Universidad de Georgetown, la Universidad de los Andes y el Cinep consideran igualmente que lograr acuerdos parciales, temporales y de naturaleza humanitaria pueden construir y fortalecer confianza en el proceso y dar alivio a la población civil mientras se negocia un acuerdo final. Que hay que establecer claros y viables sistemas de verificación y control antes de que se formalice cualquier acuerdo. Y que nadie se debe levantar de la mesa hasta llegar a un acuerdo de paz, advirtiendo que en el transcurso de los diálogos van a aparecer provocaciones y enfrentamientos y los participantes en la mesa tienen que estar preparados para enfrentarlos.

El documento dice también que un acuerdo debe contar con la sociedad civil para ser sostenible y que la experiencia del Caguán recalca que no es solamente la expresión lo que cuenta sino la capacidad de sintetizar y traducir insumos de la sociedad a una política de paz. Y se refiere a que “la participación de las mujeres en la construcción de la paz y la consideración de dimensiones de género asegurarán una paz más sostenible y equitativa”.

Y enfatiza en un punto clave: el derecho de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. “Será un punto que implicará grandes retos dado que ambas partes son responsables de infracciones al Derecho Internacional Humanitario en los largos años del conflicto. Discutir en la mesa sobre cómo cada parte puede contribuir para avanzar en el camino de la verdad, la justicia y la reparación, puede proveer un horizonte de salida para garantizar la no repetición de las violaciones y puede evitar que una instancia como la Corte Penal Internacional tenga que intervenir en el futuro”.

Finalmente, se insiste en que los medios de comunicación juegan un papel importante en la construcción de una opinión pública favorable o adversa al proceso de paz; en que el rol de la comunidad internacional es fundamental y se concluye que la construcción de la paz llevará tiempo, pero es importante que ésta sea sostenible. “Todos los interesados deben tener paciencia y la comunidad internacional debe ser consciente de que si y cuando un acuerdo final se alcanza, será sólo el comienzo de un largo proceso de avanzar hacia la reconciliación, que será la base para un futuro más esperanzador y sostenible para toda la sociedad colombiana”.

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