Informe Una guerra sin edad

"Los niños, niñas y adolescentes no son vistos como sujetos históricos en el conflicto"

Gonzalo Sánchez G, director general del Centro Nacional de Memoria Histórica, reflexiona sobre el reclutamiento de menores de edad en el conflicto armado por la publicación del informe "Una guerra sin edad". A la fecha de la publicación del documento se registraron 16879 casos de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes.

Archivo EFE - Referencia

Al contrario de Peter Pan, el eterno niño que a los 10 años decide no crecer más porque no es feliz en el mundo de los adultos, al niño o niña reclutado en la guerra le ha sido secuestrada su infancia: ellos deben renunciar a ser niños y niñas para convertirse en guerreros de 11 años. Este es, en una imagen sencilla, el drama del reclutamiento de menores.

El reclutamiento no es un evento, sino una situación, un delito continuado, que dura todo el tiempo que el niño, niña o adolescente permanezca en un contexto armado. Con el informe Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombiano, la sociedad y el Estado colombianos esperamos contribuir a saldar una deuda de memoria histórica con los millares de niños, niñas y adolescentes perdidos, recuperados, víctimas o sobrevivientes de reclutamiento o utilización por parte de los actores armados del conflicto.

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Todos los ejércitos, legales o ilegales lo saben: mientras más joven es el recluta, más aprende a obedecer, más rentables son sus vulnerabilidades. Las guerrillas, paramilitares y Grupos Armados PosDesmovilización (BACRIM) han instrumentalizado el cuerpo y la mente de niños, niñas y adolescentes para la guerra. Todos han aprovechado sus “bajos niveles de percepción del riesgo” para convertirlos en carne de cañón del enemigo. Han usado su agilidad y aguante para someterlos a duras pruebas físicas; su fácil adaptación para someterlos a una mala alimentación, o al trabajo excesivo: le han sacado partido a su agudeza visual, a sus mejores reflejos, a su mayor aceptación de la dinámica amigo/enemigo… Los absorbieron y de muchos no devolvieron ni los huesos durante sesenta o setenta años de una guerra que no solo se ha hecho con los niños, en ejércitos y columnas que estuvieron compuestas por menores de edad, sino contra niños.

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El reclutamiento, como nos lo dice Katherine López, la relatora del informe, “es un tema vital para los grupos armados”. El reclutamiento provee la sangre de la cual depende la supervivencia de dichos grupos en la guerra. Y los niños, niñas y adolescentes fueron un objetivo calculado para el reclutamiento y la utilización de los actores armados; sus tareas no fueron un resultado aleatorio o circunstancial: los grupos armados buscaron a los niños y niñas en sus escuelas, en sus lugares de juego, en los parques, en las veredas campesinas distantes, en los resguardos indìgenas y en las comunidades negras, en sus sitios de trabajo, en las iglesias, en los caminos que llevaban a la escuela, en las casas de sus abuelos cuando eran ellos quienes los cuidaban —tal como el lobo feroz de los cuentos infantiles— y les echaron el cuento, y jugaron fútbol con ellos, y les invitaron a gaseosa en una tienda, y los persuadieron las más de las veces. Las menos de las veces (en el 11% de los casos) los amenazaron o los forzaron sin más, según el relato de los adolescentes que nos dieron su testimonio. Luego les quitaron su nombre, les enseñaron a manejar armas, los convirtieron en patrulleros, mensajeros, radioperadores, combatientes y, lo que nos lleva a un nivel más alto de perversión del sistema de estas “instituciones voraces” que fueron y siguen siendo los grupos armados, los usaron como reclutadores de otros niños, niñas y adolescentes como ellos.

Este informe tuvo en cuenta los avances sobre el tema que han hecho los programas del Estado, así como los de la sociedad civil y las organizaciones internacionales que lo han monitoreado. Y da voz, a lo largo de sus más de 600 páginas, a los niños, niñas y adolescentes que lo han padecido.

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El informe es un estado del arte desde la perspectiva legal y psicosocial: en ese sentido recoge el trabajo arduo y sostenido que han venido adelantando las instituciones nacionales e internacionales, oficiales y privadas, gubernamentales y no gubernamentales, desde la perspectiva señalada , y agrega sus propios aportes:

En primer lugar, recoge datos que vienen desde los años 60 hasta 2016 y en segundo lugar, el informe propone algo que no se había hecho antes: muestra la correlación entre factores históricos, sociales y territoriales estrechamente vinculados a las dinámicas del conflicto armado colombiano y a cada uno de los actores. No han sido uniformes, estáticas, y mucho menos generalizables las formas del reclutamiento y la utilización. Sus variaciones están dadas por las relaciones entre el territorio, la población que lo habita, y diferentes momentos en el curso de la guerra (inserción, expansión, disputas, consolidación y repliegue), así como por las políticas internas de cada grupo armado.

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Este acercamiento histórico, social y territorial al tema es importante no sólo para las instituciones que trabajan por los niños, niñas y adolescentes del país, sino también para los sobrevivientes pues tiene el valor agregado de ayudar a darle sentido a una experiencia de sus vidas: para muchos niños, niñas o jóvenes la expectativa de sobrevivir a la guerra, de no morir en el monte sino verse ante la posibilidad de tener un futuro fuera de las filas del grupo armado, simplemente no existía en el horizonte.

La recuperación, desvinculación y reincorporación implica para el niño, niña o adolescente, una doble exigencia: por un lado la de enfrentarse desde la vida civil y autoreconocerse como victimario en las acciones cometidas, y por el otro la de comprenderse como víctimas de sucesivas vulneraciones a sus derechos, que en la mayoría de los casos empezaron incluso antes del reclutamiento. El informe ayuda a poner en perspectiva las causas previas, las consecuencias durante y los impactos posteriores al reclutamiento. Contribuye a la elaboración de sentido porque da respuestas a las inquietudes de las personas que tienen que vérselas con este tema desde las instituciones que los acompañan ( agentes psicosociales, Ejército, docentes, familia de sangre, familias de acogida, funcionarios del Estado…) pero también desde la sociedad que no solo debe sentirse interpelada por este delito sino también prepararse para recibirlos en su debido momento.

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Los niños, niñas y adolescentes no han sido vistos como sujetos históricos ni sociales. Algunas veces son simplemente vistos como víctimas pasivas u obedientes, sin capacidad de pensamiento o acción; otras veces han sido vistos solo como victimarios, más peligrosos aún que los adultos. Este informe por el contrario propone una mirada de los niños, niñas y adolescentes como sujetos que tienen algo que decir, algo que aportar a la construcción de la memoria del conflicto. De allí que el CNMH les haya dado un lugar privilegiado a su voz y a sus testimonios.

Los jóvenes que hablan en este informe testifican por los que regresaron o fueron recuperados de las filas de los actores armados, pero también por los que nunca regresaron: por los que murieron en los combates; por los que fueron ajusticiados después de los consejos de guerra; asesinados por los mismos grupos a los que pertenecieron; por aquellos que murieron en el territorio, ahogados, caídos, muertos por inanición o cansancio, o víctimas de enfermedades; por aquellos que murieron durante su aprendizaje del manejo de las armas; por los que simplemente se perdieron de vista, por las niñas y niños perdidos, y también, por qué no, por la infancia perdida de los que apenas alcanzaron los primeros años de su mayoría de edad y murieron en las filas. La cifra de niños, niñas y adolescentes caídos no la podemos siquiera imaginar, pero superaría en mucho la del registro que tenemos de sobrevivientes. ¿Cuántos de los 45.000 combatientes muertos reportados por el CNMH eran menores de edad? ¿Cuántos de ellos eran niños y niñas menores de 15 años?

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Las cifras de reclutamiento que presenta este informe fueron elaboradas y analizadas por el Observatorio del Centro Nacional de Memoria Histórica, a partir del cruce y la depuración de la información suministrada por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) y la Unidad de Víctimas (UARIV); también recoge datos de las organizaciones de la sociedad civil. A la fecha de cierre del informe estamos hablando de 16.879 casos de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes, pero somos conscientes de que detrás de esta cifra hay un subregistro considerable. Nosotros conocemos los datos de desvinculación, pero sólo los actores armados conocen los datos de vinculación. La paz también en este caso puede ser una oportunidad para esclarecer las dimensiones ocultas de la guerra.

Sabidas las cifras es preciso ahora preguntarse por las condiciones que generan el reclutamiento. Las condiciones socioeconómicas son un caldo de cultivo pero no explican por sí mismas el reclutamiento. No todas las familias con altos índices de pobreza pierden sus hijos e hijas por causa del reclutamiento. Los infantes reclutados son niños y niñas que las más de las veces han sido maltratados, abandonados por uno o por ambos padres, víctimas de violencia sexual, niños y niñas que se ven obligados a trabajar bajo duras condiciones y que no conocen qué es jugar o estudiar. Si bien, el reclutamiento rompe las estructuras familiares también percibimos lo contrario: las estructuras familiares rotas son un foco de alimentación para el reclutamiento. La niñez reclutada por “persuasión viciada” son niños y niñas predispuestos a la obediencia por causa de un sufrimiento previo, niños a los que se ha prohibido hablar antes de tener que guardar silencio en las filas. O bien son niños y niñas que no ven frente a sí otro futuro que el de los combatientes, que no conocen otro contexto que el de la guerra. El informe se pregunta y nos interpela a todos:

“¿Qué pasa en una sociedad cuando sus referentes son construidos en, desde y para la guerra? ¿Cómo construir identidades y lealtades en una sociedad que parece privilegiar sobre una lógica política, una lógica de guerra?”

En una sociedad entregada a la guerra y a la violencia, como ha sido el caso de la colombiana —y esta es una de las cosas que tenemos que analizar ahora desde el posconflicto—, la opción militar llegó a convertirse en una opción de vida y de muerte no solo para los jóvenes sino para los niños, niñas y adolescentes del país: la guerra, por un lado, resolvía limitaciones, aspiraciones, necesidades que no encontraron solución en otra fuente del orden civil de la sociedad. Pero por otro lado también fue el lugar de reconocimiento para tantos niños, niñas y jóvenes a los que se les vulneraron sus derechos de múltiples formas.

Paradójicamente, en busca de ese lugar de reconocimiento, o en busca de escapar a tales violaciones todos terminaron entrando a la boca del lobo, encontrándose en un lugar que les exigía, como primer paso, su abandono de sí mismos: renunciar a su nombre, a su familia, a su pasado, sea cual fuere, para entregarse a la obediencia, la disciplina, la aceptación silenciosa, el trabajo, muchas veces forzado dentro de las filas de los actores armados. Los procesos de desarme no son solo del grupo armado ilegal, sino que pasan por la abolición de los discursos justificatorios de las armas y del uso de la violencia para resolver los conflictos.

Hoy en día, en Colombia, nos preocupa que hay muchos lugares del país en los que persisten las condiciones del reclutamiento de niños, niñas y adolescentes; nos preguntamos si el país está listo para recibir y reincorporar a los recuperados; nos preocupan los niños, niñas y adolescentes todavía en riesgo de ser reclutados, pese a las acciones que adelanta el Estado en prevención y protección. Por eso esperamos que este informe nos convoque como sociedad, en la celebración del Día Mundial contra el Reclutamiento de Niños, Niñas y Adolescentes, el día de la Mano Roja, para decir no más niños, niñas y adolescentes devorados por la guerra.

*Director del Centro Nacional de Memoria Histórica.

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Gonzalo Sánchez G *

Posconflicto

"Los niños, niñas y adolescentes no son vistos como sujetos históricos en el conflicto"

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