Los polos opuestos de la participación política

Al términio de la ronda de nefociación, el Gobierno les pide a las Farc celeridad y que se circunscriban a la agenda de diálogos.

‘Marco León Calarcá’, ayer, durante la entrega del informe por las Farc en La Habana.

La decimoquinta ronda de diálogos entre el Gobierno y las Farc, que terminó ayer, ha sido tal vez una de las más difíciles que ha enfrentado el proceso de paz en La Habana (Cuba), a pocas semanas de cumplir un año. No porque haya existido la posibilidad de que se rompan los diálogos, sino porque han llegado a un momento decisivo debido a factores de tiempo, a la campaña electoral que ya prendió motores y a que los desacuerdos de fondo entre las partes han hecho metástasis. Se podría decir que hoy la mesa vive un pulso en el que la delegación de Santos pide limitarse al temario pactado en los puntos del acuerdo general para la terminación del conflicto y acusa a las Farc de dilatar las discusiones, mientras los plenipotenciarios de la guerrilla dicen que no existe la voluntad política para garantizar las transformaciones estructurales que originaron el conflicto y que el Gobierno no tiene una mirada flexible para ofrecer los mínimos que exige la insurgencia y sólo busca una desmovilización y un desarme.

Los once días de la ronda se vivieron en secreto. Las delegaciones enfrentaron extensas sesiones conjuntas y por separado. Se comenzó con la esperanza de que las partes llegarían a un acuerdo parcial en el segundo punto de la agenda —el de participación política—, pero con el pasar de las horas fue cobrando más forma el desacuerdo que la coincidencia. Dicen que al jefe de la delegación del Gobierno, Humberto de la Calle, se le oyó decir que no se iría de La Habana sin evacuar el punto, cuya discusión se ha prolongado por más de cuatro meses, y que su voluntad no ha cedido pese al grave estado de salud de su hermano. Del otro lado de la mesa se oyó decir en declaraciones públicas, emitidas por Andrés París, que hay material suficiente para pasar al siguiente ítem. Para las Farc, no existen garantías que les permitan el ejercicio político; para el Gobierno, la guerrilla no le imprime celeridad a las discusiones y está tratando de incluir temas que están por fuera del acuerdo general, en busca de una revolución por decreto.

El pasado sábado, un día antes del cierre del ciclo, De la Calle dio una declaración en la que les recordaba a los colombianos que el espíritu de la mesa de diálogos es la intención de pactar la terminación del conflicto armado para iniciar el tránsito hacia la paz y la reconciliación, que involucran a todo el país. La voz cantante del Ejecutivo en La Habana también les salió al paso a las críticas de la guerrilla, reconociendo que Colombia enfrenta serios problemas en la materialización del Estado social de derecho. “Desde el inicio de estas conversaciones ha sido la delegación del Gobierno la que ha insistido en que estos diálogos deben avanzar más rápido en la construcción de acuerdos. Con preocupación, hemos señalado que su lento avance les resta apoyo a las conversaciones”, sostuvo. El exvicepresidente reclamó a la guerrilla por su insistencia en discutir temas del modelo agrario o la doctrina militar, y la retó a que persiga sus ideas a través de la política electoral. “La delegación de la guerrilla debe demostrar con hechos, no con palabras, que existe voluntad de paz. Esperamos que las Farc estén a la altura del momento histórico”, agregó.

Por su parte, en el balance de cierre del ciclo entregado por la guerrilla, el jefe de la delegación de las Farc, Iván Márquez, rechazó las acusaciones del Gobierno y sostuvo que no es sensato mostrar a la insurgencia como la que frena los ritmos del proceso. Márquez recordó que el motivo de la desconfianza tiene antecedentes históricos, que en otros tiempos las guerrillas confiaron en el Estado, pero luego de su desmovilización sus miembros fueron asesinados, como les pasó a Guadalupe Salcedo y a Carlos Pizarro. También resaltó que siempre ha estado claro que la guerrilla decidió iniciar los diálogos con el propósito de discutir y solucionar los problemas que originaron la confrontación. A la vez hizo un llamado a blindar política y jurídicamente el proceso, para que ni el Gobierno que esté por venir, ni la jurisdicción internacional puedan darle vuelta atrás. El comandante guerrillero criticó la insistencia del Ejecutivo en la “confidencialidad” de lo acordado, y a la vez afirmó que eso no hace parte del acuerdo. “Si se requiere transparencia nunca será pertinente el secretismo, y para que el pueblo pueda opinar y decidir es necesario que tenga conocimiento de los avances”.

Aunque las diferencias expresadas no parecen tener punto de encuentro, ambas delegaciones aseguran que se la están jugando toda por la paz. “Es momento de avanzar con mayor celeridad en este proceso si queremos de veras un país sin conflicto y si queremos cumplir con las expectativas que hoy tienen los colombianos. Si nos concentramos en la agenda pactada es posible lograr acuerdos buenos para Colombia. La paz es aquí y ahora. Es nuestra responsabilidad hacerla posible”, concluyó De la Calle. A propósito de las declaraciones del presidente Santos con respecto a que el 19 de noviembre el proceso debe tener resultados, las Farc habían dicho que tenían material suficiente para evacuar el tema y en su alocución de ayer reiteraron su voluntad: “En el cierre de este ciclo el país debe tener clara una verdad: hemos trabajado a fondo cada día; no ha habido jornada en la que no presentemos propuestas y soluciones; no ha habido día en que no propiciemos un avance; por eso, aunque nos sentimos abrazados por el manto del deber cumplido, estamos redoblando nuestros esfuerzos para que podamos dar pronto la buena nueva de un informe satisfactorio sobre el punto de la participación política, que colme de optimismo y mayor convicción los corazones de esa inmensa masa de desposeídos que verdaderamente anhela la conquista de la paz”.

* Lea mañana la crónica de un intercambio con cinco de los seis negociadores de la insurgencia, desde el lugar donde se aloja la delegación guerrillera. / 

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