Mujeres, paz y propuestas

Este miércoles empezó la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz en Bogotá. Entrevista con la directora del Centro de Educación e Investigación para la Paz de España.

Manuela Mesa, directora del Centro de Educación e Investigación para la Paz de España. / David Campuzano

Mujeres violadas por actores armados, mujeres que buscan representación, mujeres que han sido actores de paz en regiones del país en donde arrasó la violencia, mujeres mediadoras que buscan que sus propuestas lleguen a la mesa de negociación de La Habana, mujeres críticas que exigen tener voz y voto en el proceso de paz. Desde este miércoles y durante tres días cerca de 400 mujeres se reunirán en Bogotá en la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz para creer que sí es posible un acuerdo que dé por terminado un conflicto armado de 50 años.

La iniciativa es liderada por Naciones Unidas y nueve organizaciones de mujeres del país y sin duda busca promover y ambientar el diálogo que adelanta el Gobierno y las Farc, que a quince días de que cumpla un año aún no tiene un respaldo vigoroso de la opinión pública. En busca de argumentos que nutran ese análisis sobre las mujeres y el rol que deben tener en el proceso de paz, Manuela Mesa, directora del Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ) de la Fundación Cultura de Paz de España, una de las invitadas internacionales y observadoras de este proceso, habló con El Espectador y no dudó en decir que es un desperdicio de experiencia y conocimiento que las partes aún no tengan verdaderamente en cuenta la vocería femenina en la mesa de Cuba.


¿Por qué cree que las mujeres están pasando por un momento privilegiado para pensar y hacer la paz?

Los últimos diez años podemos decir que ha habido en el ámbito internacional una serie de resoluciones que plantean la importancia de que las mujeres estén presentes en las negociaciones de paz y que no solo sean vistas como víctimas. Se ha planteado la necesidad de que tengan un papel activo y esas resoluciones a diferencia de otras tienen planes de acción que comprometen a los gobiernos que las han ratificado. Por otro lado esas resoluciones han sido el resultado del trabajo de muchas organizaciones que hacían incidencia en las Naciones Unidas para que el tema de las mujeres estuviera en la agenda internacional.

¿Por qué ha costado tanto que en esta agenda esté el tema de mujer y paz?

Eso es impresionante. Desde el año 2000 hasta ahora ha habido, sin embargo, una serie de iniciativas que son importantes y que han sido utilizadas por las organizaciones para hacer incidencia a nivel nacional en temas que a las mujeres les importaba: la participación política, ser reconocidas como actores de paz, y que se tomen medidas contra la violencia sexual, entre otros.

Usted hablaba de la resolución 1325, ¿por qué es importante esta normativa?

La resolución 1325 se aprueba en el año 2000 en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y tiene dos elementos principales: reconoce la necesidad de proteger a las mujeres de la violencia y reconoce a la mujer como actor de paz, por primera vez en la historia. Y este reconocimiento detalla además que por lo tanto se debe tener un espacio de participación en Naciones Unidas, porque hoy en día existe muy poca representación de mujeres como mediadoras en Naciones Unidas, o que sean enviadas a participar por el secretario general para mediar en situaciones de conflicto. Otro aspecto es que esta resolución plantea un plan de acción para aquellos gobiernos que la ratificaban, que los comprometían a tomar medidas concretas en su país. Después tenían que rendir cuentas sobre este punto a través de un informe anual.

¿Por qué el Gobierno de Colombia, a pesar de tener un conflicto armado tan largo, nunca ha ratificado esta resolución?

Colombia formó parte del grupo de países amigos. Pero realmente no sé por qué no la han ratificado. Pero en cualquier caso creo que es importante resaltar que las organizaciones colombianas que trabajan por la paz sí han utilizado la resolución muy activamente y han tenido presencia en los encuentros internacionales que promueven la presencia de mujeres en las mesas de paz. Aunque el Gobierno colombiano no tenga un plan de acción esto no significó que las organizaciones no hubieran hecho uso de estos instrumentos.

¿Teniendo en cuenta esto, cómo explica que en la mesa de negociación haya tan pocas mujeres y la vocería siempre sea masculina?

Creo que es una participación que debe ser demandada y que si las partes tienen que explicar en diferentes espacios por qué no hay mujeres en las mesas de negociación finalmente es porque esto tiene importancia. Creo que se está a tiempo de reconducir el proceso. El Gobierno aún tiene la oportunidad de hacer una negociación con mayor representación de las mujeres y es una torpeza política no hacerlo.

¿Por qué sostener que las mujeres son claves en esas mesas de negociación?

Aquí en este espacio se han dado muchas razones. Han dicho por ejemplo que es un tema de justicia, porque son más de la mitad de la población, porque no se puede desperdiciar este conocimiento mediador de las mujeres, y es una torpeza no tener en cuenta la riqueza de estos aportes, un desperdicio. Además en las mesas de negociación donde han estado mujeres se ha marcado la diferencia, suelen tener en cuenta una agenda de salud, rehabilitación de víctimas, y educación muy clara.

¿Por ejemplo?

En Sudáfrica, allí las mujeres de todos los partidos políticos acordaron que cada partido debía tener un tercio de representación femenina en cada equipo de negociación sobre el proceso constitucional. O en Irlanda del Norte, donde tienen una amplia tradición de mujeres activistas por la paz. Aquí las mujeres presionaron a los partidos políticos para que incluyeran mujeres en sus listas, y al no ser tenidas en cuenta constituyeron una formación política y se presentaron a elecciones. En 1996 la CMIN se aseguró dos asientos en las negociaciones que condujeron a Irlanda del Norte a los acuerdos de Belfast y tuvo la habilidad para situar en el centro de la discusión el duelo por los hijos asesinados y sus esperanzas para el futuro. Son los casos de Burundi, Guatemala, Sri Lanka, Nepal, Liberia. Irak etc.

¿Qué estadísticas recientes hay sobre la participación de mujeres en procesos de paz?

De acuerdo con el informe Alerta 2013 de Naciones Unidas de las 14 negociaciones de paz que tuvieron lugar en el 2011 en el mundo en las que estuvo la ONU en 12 de ellas hubo presencia de mujeres en los equipos de apoyo a la mediación pero solo en cuatro delegaciones hubo presencia activa de mujeres. De los nueve acuerdos de paz que se firmaron durante 2011 solo dos de ellos (Yemen y Somalia) hicieron mención a las mujeres, la paz y la seguridad.

¿Por qué asegura que el proceso de paz colombiano también está pasando por un momento favorable a nivel internacional?

Creo que hay una voluntad de avanzar en un acuerdo. Cincuenta años de conflicto dejan mucho cansancio. El acuerdo de paz es para todos una oportunidad valiosa. Al mismo tiempo este conflicto ha tenido mucho acompañamiento internacional y hay más condiciones en este momento. Pero me ha sorprendido que solo fue llegar acá a Bogotá para escuchar aspectos muy negativos del proceso. Sin embargo, aquí la sociedad está muy organizada y quiere la paz y va a ser necesario que exija su cumplimiento. Colombia tiene más condiciones para que eso se dé que otros países en conflicto armado.

¿Desde su experiencia cuál cree que es la principal dificultad?

En Colombia encuentro que hay muchos problemas para concertar posiciones y curiosamente esas cualidades las encuentro en las mujeres, como mediadoras, porque la división es lo que ha debilitado siempre estas cosas.

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