Negociamos "distinto", dice única mujer militar en el proceso de paz

Se trata de la teniente de navío Juanita Millán, politóloga especialista en resolución de conflictos.

AFP

La teniente de navío Juanita Millán tiene muchas diferencias con las guerrilleras de las Farc, pero la única mujer militar en el proceso de paz de Colombia sabe que algo las une: negociamos "distinto" que los hombres.

"Es un abordaje distinto y creo que hasta cierto punto uno tiene mucha más habilidad de enviar el mensaje correcto a través de una forma distinta", asegura en entrevista con la AFP esta integrante del equipo del gobierno en las conversaciones con las Farc.

"No es tanto un tema de confrontación, sino de 'Bueno, ¿qué quiere decir usted con esto que quiero entender por qué mi posición es tan distinta a la suya?' Y ahí, (la otra dice) 'Ah, bueno, no me está contrargumentando sino me está diciendo qué quiero yo decir con eso'. Eso facilita mucho la construcción de consensos", señala.

"Es más efectivo creo yo. Más asertivo", agrega esta integrante de las subcomisiones del fin del conflicto y de género en La Habana, sede de las pláticas que buscan acabar con una conflagración de más de medio siglo.

La vida de esta militar y politóloga especialista en resolución de conflictos cambió en agosto de 2014, cuando el presidente Juan Manuel Santos la nombró para el diseño técnico del cese al fuego bilateral y definitivo y la dejación de armas, así como para incluir la perspectiva de género en los acuerdos.   

"Es duro, nunca se para", pero la experiencia es "de lo mejor que me ha pasado en la vida", dice, vestida de uniforme y peinada con un moño, sobre las largas jornadas estudiando inmumerables tratados de paz y debatiendo modelos y propuestas.

Rodeada de una quincena de hombres, algunos militares con 25 años de antigüedad, pero también de guerrilleros curtidos, Millán apela al abordaje femenino en la negociación para lograr una meta compartida con las dirigentes rebeldes: "empoderar" a todas las mujeres colombianas.

"Pensamos completamente distinto en el cómo, pero el qué sí lo tenemos claro (...) y es que queremos empoderar (a) todas las mujeres colombianas", afirma.

- La reconciliación, un reto de dos décadas -

Millán ha vivido toda su vida en un país en guerra, desangrado por la violencia fratricida que deja ya oficialmente unos 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y más de 6,6 millones de desplazados. 

Pero para ella, que desde los cinco años soñaba con ingresar a la Armada, la complejidad del conflicto mostró su rostro en los refugios donde llegaban huyendo de masacres madres con un hijo guerrillero, otro paramilitar y otro policía o soldado.

"Todos hemos sido víctimas del conflicto, entonces es muy difícil distinguir entre buenos y malos", enfatiza. Al final, desde orillas opuestas todos parecen buscar lo mismo: "un mejor país".

Por eso, la reconciliación es para Millán el mayor reto de Colombia después de firmar la paz. Implementar los acuerdos puede llevar 10 años, pero reconciliar a los colombianos tardará no menos de 20. Ese proceso "no puede ser dictado por ninguna norma", apunta.

La misma vocación de servicio que la impulsó a elegir la carrera militar es, según ella, la mejor arma para superar décadas de animosidad y recelo en regiones de influencia guerrillera.

"Lo más difícil en esas zonas es crear la confianza de nosotros hacia las comunidades, de las comunidades hacia nosotros, de los desmovilizados de la guerrilla hacia las comunidades, para poder trabajar juntos. Creo que es lo principal que va a tocar trabajar en estos años", dice.

-  Reconocer al "enemigo" - 

Convivir en La Habana ha humanizado al otrora "enemigo". "Lo fundamental es reconocer al otro", señala Millán, citando a John Paul Lederach, autor de "La imaginación moral. El arte y el alma de construir la paz", la "biblia" de los negociadores.

Quien antes era "un número, un código, una estadística, una figura" se convierte en una persona "que puede tener posiciones distintas, pero válidas", afirma Millán, quien ha comprobado "muchas coincidencias" con varias guerrilleras.

"Yo crecí en el campo, la mayoría de ellas son de origen campesino. Con otras comparto la afinidad por cierto tipo de lectura", cuenta. Estos días, se ha cruzado con otras que, como ella, llevaban bajo el brazo "La guerra no tiene rostro de mujer", de la Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, "una maravilla de libro", exclama.

Pero de ese intercambio cotidiano con las guerrilleras, lo que más destaca es "la inquietud o curiosidad que uno les genera a ellas y ellas me generan a mí". 

"Duramos como una hora hablando de cómo formábamos", si por estatura o por antigüedad, cuenta entre risas.

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