Nuevo llamado a la paz de Constanza Turbay Cote

Desde Europa, donde reside, reflexiona desde el punto de vista de las víctimas de las Farc a propósito de que se cumple un aniversario más del asesinato de su familia.

Archivo personal

En este aniversario de la trágica y muy dolorosa partida de los míos, su memoria se hace más bendita y recordada. Con el pasar del tiempo su ausencia se siente más fuerte, en mi vida y en la del Caquetá. Departamento fundamental en la consecución de la paz con las Farc, región por la que los míos entregaron hasta su última gota de sangre.

Su partida nos recuerda hasta dónde puede llegar la crueldad humana, que es capaz de crear escenarios escalofriantes de terror, como los que quedaron en la mente de los colombianos por la desgarradora masacre de mis seres amados y sus cinco acompañantes, quienes nunca más, desde entonces están conmigo.

Crueldad que nos invita a reflexionar en la urgente necesidad de la paz. De esa paz que cada uno de los miembros de mi familia lucharon por obtener y que de haberla alcanzado hace 17 años, toda mi familia estuviera viva y miles de colombianos también.

Mi deseo genuino de paz es fruto de la educación y el ejemplo que me dejaron los míos. Como única sobreviviente me corresponde contribuir, en lo que me sea posible, con el legado inconcluso de mi madre y de mis dos jóvenes hermanos, mártires de la democracia y de la paz, quienes entregaron y dedicaron sus vidas a hacer realidad su sueño de pacificar el Caquetá.

El destino quiso que perteneciéramos a una región signada por la violencia, violencia que nunca compartimos y que jamás se reflejó en nuestros actos. Recuerdo cuando a mi padre, Hernando Turbay Turbay, personas desesperadas por los secuestros y las extorsiones le propusieron apoyar a los grupos de autodefensa. Mi padre no sólo rechazó vehementemente la idea, sino que se opuso radicalmente a ella y les dijo a sus promotores que, la violencia no se combatía con más violencia. Hoy la historia lo confirma, en ninguno de los procesos de paramilitarismo que se adelantaron en Colombia, apareció ni aparecerá el nombre de la familia Turbay Cote.

Mi madre, Inés Cote de Turbay, dejó su pasión, que era el piano y la natación, para entregarse incansablemente, casi que como una madre de tantos desamparados, a ayudarles a solucionar sus problemas realizando infinidad de obras sociales. Fue una mujer linda y admirable en todos los sentidos. Es inolvidable que después del asesinato en cautiverio de mi hermano Rodrigo, mi madre nos exhortó a Diego y a mí, a no guardar ni odios ni rencores en nuestro corazón; como el mejor homenaje que le podíamos hacer a la memoria de Rodrigo, acto seguido nos invitó a perdonarlos. Ella nos enseñó a no alimentar amarguras que nos harían la vida imposible.

Rodrigo fue un hombre único e irrepetible, de una bondad y riqueza espiritual y académica impresionante. Su política la hacía de la mano del Evangelio. Diego, caracterizado por su particular sentido del humor, cariñosamente a veces lo llamaba “el cura”. Rodrigo no perdía oportunidad para predicarnos del Evangelio y de las plantas medicinales. Cómo sería de próspero el Caquetá si él hubiera logrado desarrollar su mega-proyecto del Instituto de la Biodiversidad Amazónica.

Rodrigo formó parte de las Comisiones Regionales de Paz de Belisario Betancour. Entre sus célebres frases es hoy oportuno recordar que, “el odio es ese veneno que solamente hace daño a quien se lo toma, pero no a quien lo causó”. En la única señal de sobrevivencia que recibimos de Rodrigo, en esa carta que es toda una lección de amor, a pesar de las difíciles circunstancias del secuestro, acuñó frases como: “no me siento rehén de las Farc, sino cautivo de Cristo y prisionero de la selva más hermosa del mundo”, “a Dios gracias, mi alma se encuentra libre de todo resquemor y procedo con idéntica liberalidad de amor hacia mis detractores”.

Diego pronunció las palabras del último adiós a Rodrigo en la Catedral, enfatizando en la vocación de paz de Rodrigo. Nos conmovió mucho escucharle: “si Rodrigo hubiera tenido mil vidas, mil vidas las hubiera entregado por la paz”. En ese instante no nos imaginábamos que Diego también iba a entregar su vida en aras de la paz.

Diego cambió su halagador cargo en Bruselas por su deseo sincero de construir paz. En su muy breve y exitosa carrera política como Representante a la Cámara, se hizo elegir presidente de la Comisión de Paz , promovió la conformación de la Comisión de Cultivos Ilícitos, en la que era vicepresidente. Paralelamente fue ponente de la Ley de presupuesto y Coordinador de ponentes de la reforma tributaria. La paz quería construirla de la mano de la justicia social y el desarrollo.

Como presidente de la Comisión de Paz, viajó a la ‘zona de distensión’ y se entrevistó cara a cara con los autores materiales del secuestro y asesinato de nuestro hermano, Rodrigo. Varias veces fue a la cárcel invitado por Yesid Arteta y participó en las mesas de trabajo impulsadas por reclusos de la guerrilla para facilitar el intercambio de guerrilleros presos por personas secuestradas. Desde el Congreso también acompañó a las Farc en uno de sus proyectos bandera: el desmonte de la justicia sin rostro.

Mi decisión por la paz es indeclinable. Por ello no renunciaré a mi capacidad de hacer aportes a la paz. Quizás no me queda mucho, después de haber pagado el precio más alto que puede pagar cualquier ser humano. Un precio más alto que el de mi propia vida porque me arrebataron a quienes eran todo para mí. Mi familia fue y sigue siendo lo más importante de mi vida.

Este año ha sido especial para Colombia, en el encuentro en la Habana con la Mesa de Negociación, verdaderamente vivencié los cimientos de la paz. El diálogo que tuve con Iván Márquez fue el del perdón, el que tuve con Fabián Ramírez fue el de la verdad. Ojalá, algún día, haya resultados en la investigación que se le sigue al supuesto autor intelectual del crimen de mi familia.

Para este 2015 regalémosle a Colombia una actitud de amor, regalémosle a Colombia una actitud de paz, derrotemos el escepticismo y la desesperanza para lograr la concordia y la fraternidad.

COLOMBIA NECESITA MUCHO AMOR!