La obligación de la paz

Dos académicos analizan los significados y alcances de la movilización por la paz y las víctimas.

Millones de personas salieron a las calles colombianas para apoyar el proceso que se lleva a cabo en La Habana y a las víctimas del conflicto. /El Espectador
Millones de personas salieron a las calles colombianas para apoyar el proceso que se lleva a cabo en La Habana y a las víctimas del conflicto. /El Espectador

Más allá de la discusión en torno a la concurrencia en la marcha por la paz y en reconocimiento a las víctimas de la violencia de ayer –en comparación con otras movilizaciones, como la del 4 de febrero de 2008 contra las Farc-- lo que quedó claro fue el significado en torno al apoyo ciudadano al proceso de paz que adelanta el gobierno del presidente Juan Manuel Santos con esa guerrilla en La Habana.

Para el analista político Jairo Libreros, de la Universidad Externado, fue una marcha representativa más no masiva: “Representativa porque vi manifestaciones de diferente índole y corriente política, y muchos de los manifestantes tenían su propia causa. Fue una manifestación expresiva y pluralista”.

“Fue una marcha positiva y necesaria porque los colombianos estaban anhelando manifestarse en pro o en contra del proceso de paz. Lo que vimos fue que un sector representativo quiere sacar adelante el proceso, aunque también nos dimos cuenta que arrancó la campaña por la reelección de 2014”, agregó.

Asimismo, Libreros cree que otra lectura positiva a la movilización debe darse por parte de los mismos negociadores en La Habana, ya que si algo puede afectar el avance de las negociaciones es que el conglomerado exprese que no desea la paz.

“La sociedad está dispuesta, ansiosa y expectante. Creo que hay una legítima curiosidad por saber los alcances de lo que se está pactando en La Habana porque la gente quiere saber si le da legitimidad o le da la espalda a ese acuerdo, que podrá refrendarse a través de una consulta popular o un referendo que pregunte el sí o el no del texto”.

El analista de la Universidad Externado considera igualmente que el presidente Santos se jugó una carta muy importante al sembrar con el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, una palmera, como s´´imbolo de unidad por la paz.

“Eso tiene un mensaje implícito muy valioso y ese es que en Colombia sí es viable la reincorporación a la vida política. En esa foto está un exguerrillero que se sometió a la democracia y llegó al segundo cargo más relevante de la arquitectura colombiana. Este mensaje también está dirigido a los negociadores de La Habana”, concluyó.

Para el analista de la Universidad Nacional Alejo Vargas, la marcha demostró que existe una actitud fraterna ante la posibilidad de que haya un acuerdo de paz con las Farc. “Había un ambiente de reconciliación, que debe ser el que predomine en una sociedad. Fue muy diferente al ambiente de venganza y odio que promueven las marchas cuando son en contra de algo”, indicó.

Según Vargas, la marcha de este 9 de abril fue un “espaldarazo” a los diálogos de La Habana, pero al mismo tiempo una exigencia de la sociedad, que pide que se llegue con celeridad a unos acuerdos entre las delegaciones del Gobierno y las Farc.

“Creo que es fue un primer calentamiento, fue una marcha convocada en Bogotá y para la ciudad. Seguramente van a darse otras más adelante, y definitivamente esta fue un buen antecedente para lo que va a ser en su momento una refrendación de los acuerdos a los que se llegue en La Habana. Ahora, también quedó claro que para algunos es mejor poner sus intereses mezquinos por encima del interés más grande que es la paz”, enfatizó el analista.

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