La paz nunca ha sido gratis

Si se tiene como base el valor actual del peso, el país ha destinado más de $736 mil millones para el Fondo para la Paz: el 8% corresponde al mandato Pastrana; el 58%, a la administración Uribe, y el restante 34%, al gobierno Santos.

El 7 de enero de 1999, ‘Tirofijo’ incumplió la cita que tenía con el presidente Andrés Pastrana en la plaza Los Fundadores, de San Vicente del Caguán. A este hecho se le conoce como “la silla vacía”.

Que Corporvisionarios figurara como contratista del Fondo de Programas Especiales para la Paz le está costando mucho a Antanas Mockus. El director ejecutivo, Henry Murraín, explicó que el contrato de 2014 por $480 millones ya había concluido, que se había enfocado en diseñar herramientas pedagógicas para el proceso de paz y que nada tenía que ver con la “Marcha por la vida” programada para el 8 de marzo. Desde la orilla de la oposición, sin embargo, voces del uribismo como el senador José Obdulio Gaviria reprochaban la supuesta falta de transparencia del hombre que gritaba a todo pulmón mientras hacía campaña para ocupar la Casa de Nariño: “A mí no me pagaron, yo vine porque quise”.

No fue su primer desencuentro. Cinco días antes de que los colombianos salieran a votar por alguno de los nueve candidatos presidenciales de 2010, Gaviria se fue lanza en ristre contra Mockus, acusándolo de pederasta por promulgar que los niños y las niñas tenían el “derecho a ser deseados”. Mockus se refería a ser deseados por sus padres para venir al mundo, pero Gaviria tergiversó el asunto para desacreditarlo. Eran, igual, otras épocas: Juan Manuel Santos simbolizaba la continuidad de las políticas de Álvaro Uribe; Germán Vargas Lleras le disputaba la Presidencia a Santos y Mockus decía que le temía a Santos lo suficiente como para no votar por él.

El asunto, más allá de los altercados políticos que nunca faltan, es que la paz nunca ha sido gratis. En sus mandatos, Uribe invirtió más de $1.200 millones intentando —infructuosamente— que el Eln iniciara un proceso de paz con él, y $1.045 millones en todas las liberaciones de secuestrados que se produjeron entre 2007 y 2012 (la del periodista francés Romeo Langlois, por ejemplo, costó $3 millones). En su cuatrienio, Andrés Pastrana apoyó la adecuación de un matadero. Y Santos les ha pagado más de $850 millones a académicos y universidades para estudiar los orígenes e impactos del conflicto.

Lo que los presupuestos para la paz resumen es que cada presidente ha destinado una porción del presupuesto nacional para echar a andar los programas por los que fue elegido: en el caso de Santos, La Habana; de Uribe, Santa Fe de Ralito, y de Pastrana, el Caguán. La paz implica una logística que incluye asesores, transporte, hospedaje, empresas encuestadoras. Quizás, en algunos casos, los contratos dejen más preguntas que respuestas, como el caso de la Federación Nacional de Cafeteros que ha recibido más de $200 mil millones para hacer vías. Estos dineros se han destinado según el criterio de cada mandatario y constatar si fueron bien invertidos o se malgastaron es, finalmente, tarea de los organismos de control.

Durante el Caguán

En junio de 1998, lo que los electores querían saber era qué candidato tenía posibilidades reales de sentarse a hablar con la guerrilla y ese pulso lo ganaron Andrés Pastrana y su foto en la que posaba al lado de Manuel Marulanda Vélez. Meses más tarde, el 7 de enero de 1999, Pastrana era el presidente y la zona de distensión entró en vigencia. Los diálogos con las Farc se inauguraron con una imagen que de vez en cuando revolotea en la memoria colectiva, esa que muestra a Pastrana sentado en una mesa mientras la silla de plástico blanca que está a su derecha luce vacía porque Marulanda nunca llegó.

La versión de paz de Pastrana estaba enfocada en los cinco municipios despejados de Fuerza Pública (La Uribe, Mesetas, Vista Hermosa, La Macarena y San Vicente del Caguán) y así se nota en los presupuestos del Fondo para la Paz. De acuerdo con los archivos del Fondo de Programas Especiales para la Paz, el Caguán le costó a Colombia unos $31 mil millones en su momento, que hoy serían unos $59 mil millones. La mitad de ese dinero se fue en pagar, en su mayoría, decenas de asesores, así como en obras para la zona de distensión y en uno que otro proyecto que se salía de esa región geográfica, como juegos comunitarios o festivales de cultura.

Entre los contratistas de Pastrana se encontraban la exconstituyente y exministra María Teresa Garcés Lloreda, Lázaro Vivero, Jael Quiroga —quien se lanzó el año pasado a la Presidencia con Aída Avella por la Unión Patriótica— y Jorge Arabia Wartenberg, —expulsado el año pasado del mercado de valores por su responsabilidad en el descalabro de Interbolsa— como asesor financiero del Plan Colombia. Diana Calderón, hoy directora del servicio informativo de Caracol Radio, y María Alejandra Villamizar, directora de Confidencial Colombia, figuraban entre las asesoras de comunicaciones y también aparecía Augusto Ibáñez, quien llegó a la Corte Suprema en 2007.

A los municipios que comprendían la zona de despeje les dieron dinero para cosas puntuales, como “garantizar el funcionamiento del Cuerpo Cívico de Convivencia”. A lo largo de tres años, la Iglesia Evangélica Menonita de Colombia recibió $182 millones por construir una “infraestructura de convivencia democrática a partir de los Montes de María”, se hicieron un par de ancianatos y hogares infantiles, se entregaron baterías sanitarias y se diseñaron puentes colgantes. A la Corporación para la Paz y contra la Guerra le dieron $30 millones (hoy serían $57 millones) para la Semana Nacional por la Paz.

El 20 de febrero de 2002, horas después de que las Farc hubieran secuestrado al presidente de la Comisión de Paz del Senado, Jorge Eduardo Gechem —y dos años después de haber asesinado al presidente de la Comisión de Paz de la Cámara, Diego Turbay Cote—, Pastrana apareció en una alocución televisada. Empezó enunciando, uno a uno, los principales crímenes ejecutados por la guerrilla a lo largo de tres años de diálogos de paz: homicidios, campos minados, ataques a instalaciones, voladura de torres, etcétera.

En ese momento, mientras millones de ciudadanos lo veían dar su discurso, el jefe de Estado manifestó que los militares tenían órdenes inmediatas de retornar a la zona de despeje, mientras reclamaba: “Hoy se ha rebosado la copa de la indignación. ¡Nos cansamos de la hipocresía de la guerrilla!”.

Inversión total en paz en el período Pastrana: $31.029’613.930.

 

Concentrados en Ralito

Álvaro Uribe Vélez, tan sagaz como ha demostrado ser, hizo del fracaso rotundo del Caguán su oportunidad de oro. En las encuestas comenzó con un tímido 1% de intención de voto y el 7 de agosto de 2002 se posesionó en el palacio presidencial arrasando en primera vuelta con el 53% de los sufragios (5’862.655). En 2006 se consolidó con el 62% de los sufragios (7’397.835), luego de enmendar la Constitución para permitir su reelección. Así nació, además, la yidispolítica: tres congresistas fueron condenados por ‘vender’ su voto en favor de Uribe; dos exministros y un exsecretario general están en juicio por supuestamente haber ‘comprado’ esos votos.

Mientras Uribe reorganizaba las Fuerzas Militares —las cuales terminarían dando golpes impensables a la guerrilla como las muertes de miembros del Secretariado–, trabajaba a la par en su propósito de ser el hombre con el cual las autodefensas dejaran las armas. El Fondo para la Paz destinó unos $214 mil millones para la concentración y desmovilización de las Auc y de ese presupuesto, $190.951 millones se destinaron como “ayuda humanitaria” a los bloques que habían salido de la guerra, incluyendo un ahorro para proyectos productivos. Según la Agencia Colombiana para la Reintegración, 31.968 personas dejaron de ser combatientes paramilitares.

La existencia de las Auc era un despropósito: llevaban años creciendo y creciendo a punta de asesinatos, de masacres, de despojos, cometidos principalmente contra quienes rotulaban de auxiliadores de la guerrilla; se expandían también al vaivén de los intereses económicos de jefes paramilitares como los hermanos Castaño. En esa época, no obstante, ellos no fueron el único frente de batalla de Uribe: la Ley de Justicia y Paz fue enmendada y por eso empezaron a acogerse a ella guerrilleros. Entre 2006 y 2008 se desmovilizaron el Ejército Revolucionario Guevarista, un comando urbano de las Farc y del frente de las Farc Cacica La Gaitana. El costo: $606 millones.

(El caso del Cacica La Gaitana está ahora en proceso judicial. La Fiscalía investiga si los recursos públicos se usaron para fraguar un montaje. Luis Carlos Restrepo, comisionado de Paz de Uribe, está llamado a juicio).

En el gobierno de Pastrana, el Fondo para la Paz hizo inversiones “socioeconómicas y físicas” a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) por más de $8.600 millones. Entre 2002 y 2010, los recursos para pagar contratos y hacer ese tipo de inversiones se movieron por medio del Pnud, de fiduciarias y de la Secretaría Ejecutiva del Convenio Andrés Bello (Secab). Los convenios de cooperación con este último, entre 2005 y 2007, cubrieron los contratos de asesores como José Obdulio Gaviria ($120 millones en total), Éverth Bustamante ($42 millones) y Ernesto Yamhure ($22 millones).

Inversión total en paz en el período Uribe: $384.447’686.050.

 

Los dineros para la FNC

Desde que se posesionó como presidente de la República Juan Manuel Santos, el Fondo de Programas Especiales para la Paz ha firmado contratos con asesores, con empresas y otras entidades públicas por un monto que llega hoy a los $246.796 millones. El presupuesto de paz en la era Uribe representaría hoy unos $431 mil millones, por lo que a Santos le faltarían unos $185 mil millones para alcanzar a su antecesor en esta materia. Esto sin contar lo que podría costar el desarme y la reintegración de miles de guerrilleros de las Farc, que fue el 55% de lo que designó Uribe para la paz mientras era jefe de Estado. Los demás dineros para la paz en la era Santos ya fueron divulgados a lo largo de esta semana.

Y si una organización ha sido la ‘consentida’ del Fondo, esa ha sido la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Entre 2008 y 2010 se llevó a cabo el primer convenio para “coordinar acciones con el propósito de generar condiciones para el logro y mantenimiento de la paz, recibieron $87.681 millones. Entre 2010 y 2012, $75.701 millones. Y luego otros $43.035 millones. Es decir, en los últimos seis años, a la FNC se le han destinado más de $206 mil millones para, en palabras de su gerente Luis Felipe Acero, construir vías secundarias en el sur del Tolima: cuatro veces lo que le costó al país el Caguán y casi el presupuesto total que se llevó la desmovilización de las Auc.

Inversión total en paz en lo que va del período Santos: $246.796’292.571.
 

 

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