La paz vista por un experto del Apartheid

El filósofo Willie Esterhuyse habla del papel de la sociedad civil y su relación con los medios para abonar la paz.

Claudia Calvo (claudiacalvo76.wix.cpm/photography)El filósofo Willie Esterhuyse.

Ninguno de los procesos sociales que impliquen profundos cambios políticos o la transición hacía nuevas formas de gobierno y poder, están excluidos de dificultades. Así lo evidenció el filósofo Willie Esterhuyse, uno de los promotores de las conversaciones entre el Congreso Nacional Africano y el gobierno del Apartheid en Sudáfrica y reconocido por sus reflexiones sobre la violencia, el poder, la moral, la literatura y la estética. 

El experto participó este miércoles en una conferencia durante el ‘Foro Internacional para la Libertad de Prensa y Opinión’ organizado por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) con el apoyo de diversas organizaciones sociales y académicas entre ellas la Universidad Javeriana, la USAID, Reporteros sin Fronteras, entre otras.

Esterhuyse, quien estuvo metido de lleno en los acontecimientos que cambiaron el ajedrez político de Sudáfrica, hizo énfasis en la necesidad de no idealizar los procesos en tanto  que no terminan en una fecha histórica, luego de la refrendación sino que trascienden en el tiempo. Explicó, por ejemplo, que en el caso de Sudáfrica luego del apartheid lo más difícil ha sido  lograr la ‘cohesión’ de la sociedad, teniendo en cuenta la diversidad de lenguas, culturas, tradiciones e historias. “Negociar la paz nos tomó mucho tiempo y hubo muchos eventos violentos luego de Mandela salió de la cárcel”, anotó.  

“El Apartheid fue un sistema de violencia estructural que estaba muy arraigado y lograr que se instituyera el respeto de los derechos humanos fue algo muy complejo”, recordó el analista mientras narraba como dicha época -en la que Nelson Mandela negociaba con el Gobierno- fue una de las  más violentas en la historia de Sudáfrica. 

Esterhuyse además señaló puntos claves que dificultaron la negociación y posterior acuerdo de paz como los saboteadores o ‘spoilers’ -desde adentro y desde afuera- con intereses económicos en la guerra, así como la falta de abordaje a los problemas de la realidad nacional -como la pobreza-, la falta de empleos y el deficiente sistema educativo de la época. “Problemas que estamos afrontando con un actual plan de desarrollo nacional”, aclaró. 

“Hacer la paz no simplemente se trata de una apuesta que va de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba”, enfatizó Esterhuyse para visibilizar como estos procesos necesitan una activa participación de la sociedad civil para resultar exitosos. ‘Se debe tomar en cuenta a las personas que están en la base y que conocen los problemas de las personas del común’, sugirió. 

Frente al papel de los medios de comunicación en un proceso de transición hacia la paz, el filósofo africano señaló que quienes los integran también deben estar en sintonía con la sociedad. Y reconstruyó el papel de la prensa en este proceso, ‘algunos medios fueron el soporte del gobierno mientras que otros fueron cerrados’.

En torno al tema del perdón y la reconciliación, un punto crucial en las agendas de paz, Esterhuyse señaló que la clave está en que se debe perdonar y recordar y  no sólo olvidar, “que es la misma visión de la filósofa Hannah Arendt”, señaló. 

Para Esterhuyse la legislación no puede ser un obstáculo para lograr la paz y aún en  Sudáfrica se lucha por abolir aspectos jurídicos y leyes que datan de la época de la segregación racial. 

En la actualidad se adelantan diversos proyectos para fortalecer la democracia como el caso de una coalición que se adelanta en su país, donde más de 400 organizaciones de la sociedad civil se sumaron entorno al ‘derecho a  la información’  que resulta en no sólo saber qué había sucedido en el pasado sino también en ser bien informados.   

Finalmente, Esterhuyse hizo referencia al papel de los medios alternativos e independientes como un mecanismo que  podría permitir a la sociedad civil fortalecer la democracia. “Si la sociedad civil no es activa, la democracia es absolutamente inútil”, concluyó.