Pistas para pensar la negociación entre el Gobierno y el ELN

Las cosas no serán fáciles. Si bien se abre una nueva ventana de oportunidad, el margen de maniobra de ambos lados no es muy alto.

Victor de Currea Lugo

El próximo jueves 27 de Octubre en Quito, las delegaciones negociadoras del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), se encontrarán en la Capilla del Hombre, el fabuloso Museo que alberga la obra del pintor Oswaldo Guayasamin, para dar inicio a la fase pública para la construcción de un acuerdo de paz, que busca cerrar un conflicto armado que inició en 1964 y que aún se mantiene en por lo menos 100 municipios de la geografía colombiana. (Vea acá el especial ELN, 52 AÑOS DE CONFLICTO ARMADO)

Las cosas no serán fáciles. Si bien se abre una nueva ventana de oportunidad, el margen de maniobra de ambos lados no es muy alto. Es decir, existen nuevas oportunidades pero también aumentaron los riesgos. El resultado del plebiscito pasado le da más legitimidad a una negociación con la sociedad civil pero también puede complicar la necesidad de aterrizar la agenda pactada en marzo pasado. (Lea: Juan Camilo Restrepo condiciona inicio de diálogos con ELN a liberación de Odín Sánchez)

Ninguna negociación de conflictos armados es un camino de rosas. Las desconfianzas son enormes, las aspiraciones muy encontradas y las condiciones de la política colombiana, con una sociedad dividida sobre lo que debe ser la paz negociada luego del triunfo del NO y una concertación aun en desarrollo sin saber si el Uribismo entrará al pacto o se mantendrá al margen, le dan a esta negociación un trasfondo de duras tensiones y debates que deberá sortear con mucha flexibilidad y audacia, si queremos llegar a buen puerto. El Gobierno tiene además que asumir el desgate de seis años en el poder y una compleja agenda de temas por tramitar en esta recta final,  con el agravante adicional de la cercanía de un debate presidencial que va a ser especialmente álgido. (Lea: ELN aplaude designación de Juan Camilo Restrepo como jefe negociador)

Lo primero que se debería negociar es un cese al fuego bilateral. Es cierto, un cese de hostilidades bilateral (o unilateral con un desescalamiento de las acciones ofensivas de las fuerzas armadas en contra del ELN) le permitiría al ELN  bajar la presión militar en contra de sus frentes que, por un lado, reclutaron fuertemente, y por el otro sufrieron, serias bajas y deserciones últimamente. Al mismo tiempo, un cese de hostilidades podría ser también útil para el Gobierno, en la medida en que haría correr menos riesgos al desarme de las FARC y el inicio de la implementación del acuerdo que debe tener ritmo en los próximos 18 meses, para lo cual el cese bilateral o unilateral con desescalamiento es lo más apropiado.

Ahora bien, un cese al fuego o de hostilidades es bienvenido siempre y cuando ninguna de las partes intente aprovecharlo de manera táctica. Un cese al fuego puede generar las condiciones para que se construya confianza y se negocie en un ambiente más favorable, pero debe ser pensado e implementado de buena fe e integrado en una estrategia de negociación más allá de los temas meramente humanitarios. Por otra parte, negociar un cese al fuego al inicio de las negociaciones no es lo mismo que negociarlo cuando se ve la luz al final del túnel. Los ceses al fuego suelen generar cierta zona de confort que termina dilatando los procesos de negociación, al quitar la posibilidad de presionar militarmente a la otra parte.  

Un segundo desafío, es promover una participación social y ciudadana, diversa, de calidad, concreta y “aterrizable” en un acuerdo. Tarea posible, pero igualmente desafiante, en una sociedad tan fragmentada y polarizada y donde los temas de paz han ganado espacio pero falta ver como asumir ese gran titular de “participación para la paz”.

La participación debe ser efectiva, concreta en sus mecanismos, tiempos y resultados esperados, para que desde ella, se pueda llegar a las “transformaciones para la paz”. Allí el desafío no es menor, porque en una sociedad con tantas expectativas, los temas abundan, pero la viabilidad de que su tramitación esté en un proceso de negociación del conflicto armado, suscita dudas y mucho debate en el mundo social y político. Unos aspiran a remover todos los obstáculos para avanzar en democracia y equidad, pero las transformaciones a emprender son de tal calado y amplitud que no es poco el debate y los choques entre intereses, que está por verse si el escenario es esta mesa o muy por el contrario, son los debates de la sociedad colombiana en su complejidad y no los de la mesa Gobierno-ELN. Una cosa es que unas mesas sociales con los diferentes sectores de la sociedad aporten insumos para la mesa de negociación en Quito. Otra muy diferente es que se piense que la mesa de negociación en Quito sirva de insumo para una gran mesa de concertación social. 

Otro asunto es como dialoga este proceso con lo ya trabajado entre Gobierno y FARC y el acuerdo construido –que va a ser ajustado y tramitado para iniciar su implementación en las próximas semanas- donde afortunadamente hay voluntad de gobierno y ELN, por desarrollar los diálogos y concertaciones que sean pertinentes con las FARC.

Ya quedó claro que el proceso con el ELN no sería el mismo que el de las FARC, ni en su contenido ni en su dinámica. Algunos sugieren que se podría retomar algunos temas de la agenda de las FARC porque ya fueron chuleados y que varios de estos no pueden ser muy diferentes (justicia transicional, participación política, víctimas, fin del conflicto). Tiene lógica, pero el ELN no lo ve necesariamente así. Dicho de otra manera, si bien es cierto que son dos procesos diferentes, no pueden ser ni demasiado similares ni demasiado diferentes.

Por ahora, expectativas y deseos para que esta mesa inicie su trabajo y marque un derrotero de participación. El ELN ha expresado que su proceso de paz tampoco podría ser una paz exprés. Ya veremos qué rumbo toma y como va mostrando un camino de resultados. Uno aspiraría a que no se demoren el mismo tiempo que lo que duraron las negociaciones con las FARC, pero tampoco sería realista pensar que puedan encontrar una solución en unos meses.  

 

*Asesor de la Fundación Paz y Reconciliación

**Director del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) de la Universidad Externado de Colombia

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