'Proceso de paz no excluye la presión militar'

Román Ortíz, el consultor que dirige Decisive Point habla del informe que publicó su firma sobre la situación de las Farc y dice que la seguridad no se ha descuidado durante el gobierno Santos.

Román Ortíz, consultor que dirige la firma Decisive Point / Cortesía
Román Ortíz, consultor que dirige la firma Decisive Point / Cortesía

Esta semana se conoció un informe que sostiene que el proceso de paz con las Farc es fruto de la efectividad y contundencia del accionar militar y no de una legítima voluntad de paz de parte de la guerrilla. Román Ortíz, el consultor que dirige la firma Decisive Point que publicó el texto, ha trabajado para el Gobierno como asesor en temas de contraterrorismo y antinarcóticos desde el 2010.

En diálogo con El Espectador sostiene sin temor, aunque ha sido catalogado como un conservador cercano al expresidente Álvaro Uribe, que es “absolutamente falso” que la seguridad se haya descuidado en la administración del presidente Juan Manuel Santos, porque se sostienen las mismas estrategias y se aumentó el presupuesto para la guerra.


¿En qué basa su informe?

Se basa en cifras públicas, y en números que hemos venido consiguiendo. La mayor parte son del Ministerio de Defensa. Nuestro valor agregado es el análisis.


Hace poco las Farc dijeron que hubo 20 militares muertos en combate en una zona de conflicto, una información que también recogió la presa regional, pero que desmintió el Ministerio de Defensa, ¿son confiables las cifras del Ministerio de Defensa, o están politizadas?

Hay una fantasía sobre las cifras públicas y es que como son públicas son de poca calidad, y en realidad es todo lo contrario. Tienen procedimientos y solidez metodológica. Hay sectores que prefieren las cifras de instituciones privadas que no tienen la misma cobertura, no se preocupan por las fuentes y también tienen intereses políticos. Las cifras del Ministerio de Defensa son mejores que cualquier otra fuente privada.


Una de las críticas que hacen los opositores del presidente Santos es que descuidó las estrategias de seguridad, con respecto al gobierno de su antecesor, a la luz de su estudio, ¿cómo ve este asunto?

Es absolutamente falso. A uno le puede gustar o no el Gobierno, pero hoy la Fuerza Pública tiene cada vez más recursos, y herramientas, que se dijo no seguían funcionando y siguen estando vigentes. Allí está el tema de los programas de redes para cooperación en el mantenimiento de la seguridad. Algunos portavoces de la oposición decían olímpicamente que habían desaparecido, pero eso no es verdad. Los conceptos operacionales con los que se están trabajando son los mismos. El control territorial es igual. Es importante distinguir el debate político, donde cada uno tiene derecho a tener sus ideas, y lo que son los hechos. La estrategia de seguridad ha ido evolucionando al igual que ha ido evolucionando la amenaza, pero igual sigue teniendo una continuidad y la prueba son los resultados.


Si la estrategia de la Fuerza Pública derrotó de forma tan contundente a la guerrilla como señala, ¿por qué cree que el Estado se sienta a negociar con las Farc, reconociéndolos como interlocutores políticos?

Porque es la manera más rápida y menos costosa en términos humanos y financieros para terminar el conflicto. Si hay un acuerdo en La Habana, incluso si es un acuerdo limitado que no concibe la desmovilización completa, va a haber una reducción neta de la violencia muy rápida. Pero insisto, esta no es la única hoja de ruta, si esto no funciona hay otra hoja de ruta que es continuar reduciendo militarmente la amenaza. Me parece que la negociación es válida y legítima y es un camino que puede producir unos resultados buenos en el corto plazo, pero hay otra vía que no es contradictoria con la negociación, sino que es complementaria. Las Farc se sentaron a negociar en estos términos porque están perdiendo la guerra.


¿A qué términos se refiere, porque las Farc no se sientan como una guerrilla rendida?

Solo se les reconoció una sola cosa, plantear el debate rural. Todos los otros puntos de la negociación son puntos en que las Farc tienen poco que decir y mucho que dar.


En Colombia el tema agrario no es menor…

En Colombia el 80 por ciento de las personas son urbanas.


Pero no se puede olvidar el factor de desplazamiento…

Claro que ha habido desplazamiento. También es verdad que en los últimos 10 años ese desplazamiento se ha reducido de manera radical. Pero las dimensiones del conflicto hay que ponerlas en su justa proporción.


No nos vayamos por las ramas ¿Por qué si aún no se conoce cómo será el eventual acuerdo de paz, usted llega en su informe a conclusiones del tamaño de decir que la desmovilización sería fragmentada, parecida a la de las autodefensas? ¿Qué elementos tiene para adelantarse a ese escenario que aún no existe?

Lo que tenemos es una organización que tiene unos problemas de control muy grande. Y tenemos una organización que tiene brechas ideológicas y un elevadísimo grado de criminalización.


¿Esas conclusiones las llega con base en qué fuentes?

Es tomando fuentes que vienen de personas que se desmovilizaron y que cuentan cómo están las cosas por dentro. Es tomando muestras del comportamiento que tienen las estructuras sobre el campo. Pero además hay un elemento comparado, mire el Ira, por ejemplo, cuando llegó el momento de desmovilizarse, en el año 99, se fracturó en cuatro trozos. Si a eso le añade los otros valores que le doy, criminalización, deterioro del comando y control de la organización, están todos los datos para decir que las Farc se van a fracturar.


¿Conoce algún conflicto armado en el mundo que se haya terminado con el exclusivo derrotamiento militar, sin que hubiera ninguna negociación de por medio, solo sometimiento a la justicia?

Si utilizamos el concepto de derrotamiento militar, Sendero Luminoso, en Perú, fue derrotado. Hoy existe pero la relevancia de Sendero para el Perú es nula. Un proceso de negociación permite reducir la violencia pero no garantiza que siempre haya una pequeña minoría que haga violencia. Eso fue lo que pasó en Irlanda de Norte, se desmovilizó el grueso del Ira pero todavía tenemos al Ira Real que sigue poniendo bombas. Lo que se trata es de reducir el nivel de violencia lo máximo posible. Y para eso hay una serie de herramientas que son válidas: la prisión militar y policial. Por otro lado, la negociación. El gran error es pensar que son excluyentes. Si uno no tiene opción militar tampoco tiene capacidad de negociación.


Pero aunque sean minoritarios existen, y cualquier día podrían atentar contra la población civil o el Estado…

Lo que diría es que la garantía de cero violencias no existe. Ni siquiera en Noruega, donde un señor con una ideología de extrema derecha puso un carro bomba y luego mató a 64 personas.


¿Por qué cree que después de 50 años no ha sido posible el derrotamiento militar de las Farc?

Eso de que uno lleva 50 años en una guerra yo lo discutiría. Evidentemente existen desde el año 66 con ese nombre, pero no creo que todo el tiempo hayan sido la misma prioridad para el Estado. Creo que a comienzos de los noventa la prioridad era el narcotráfico porque era mucho más urgente. La presión militar frente a las Farc empieza a incrementarse en los años noventa. El presidente Gaviria abre una negociación y al tiempo lanza la estrategia Nacional contra la Violencia, pero en ese momento el narcotráfico era más urgente, y eso hizo que el Estado tenga que dividir su atención.


Según su informe el Eln ha quedado reducido a un poco más de un millar de hombres, más pequeño que Los Urabeños. Y el Coce tiene una influencia muy limitada sobre las estructuras al interior del país ¿Cree entonces que una mesa de negociación con esa guerrilla es innecesaria?

No, yo creo que se puede negociar con el Eln perfectamente, y se hará probablemente muy pronto, pero que los términos de la negociación con ellos debe tener las dimensiones del problema. Las expectativas del Eln deben estar condicionadas por esa situación. Si hay un acuerdo con las Farc el Eln se queda completamente por fuera de jugo en términos estratégicos y políticos. El Eln en términos de capacidad armada llegó a su punto de quiebre en 1992, y de ahí empezó un proceso de decadencia, con la ofensiva El vuelo del águila. Pero en la medida de que las Farc crecieron, el Eln vivió a la sombra porque la atención del Estado estuvo capturada por las Farc. Hoy aparece con total nitidez la debilidad del Eln.


¿Cómo ve la participación política de las Farc a la luz de un eventual acuerdo y las declaraciones del fiscal Montealegre, diciendo que ninguno de sus miembros incluidos los del secretariado están condenados por delitos de lesa humanidad?

Creo que hay acusaciones contra el secretariado por haber cometido delitas de lesa humanidad, eso no es ningún secreto. Pero en la medida en que haya unos procesos y unas acusaciones eso puede ser sujeto de un proceso de justicia transicional. Creo que las Farc van a tener en todo caso que responderle a sus víctimas por lo que hicieron. El país ya ha buscado soluciones para ese tipo de hechos. Y el marco internacional no es un limitante como quieren plantear unos, siempre y cuando se trate de un acuerdo que contemple las variables claves, verdad, justicia y reparación.


¿Cómo analiza la marcha por la paz, donde estuvieron presentes y representados diversos sectores de la sociedad?

Hay un mensaje de que la opinión pública quiere terminar el conflicto. También hay sectores de la izquierda que ha tratado de encontrar ahí rentabilidad política, que le añaden algunos temas que no necesariamente cuentan con el consenso de la mayoría.


¿Qué piensa de la férrea oposición de Álvaro Uribe al proceso d paz?

Llama la atención que el expresidente Uribe tenga una actitud tan crítica y dura frente al proceso de paz porque la forma de contener la violencia y avanzar hacia un acuerdo de paz que se mantiene hoy estuvo presente durante su administración. Él también negoció con violentos y, en el caso de las Farc, en repetidas veces les ofreció la posibilidad de negociar, al tiempo que desarrolló un esfuerzo de seguridad muy grande.
 

 

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