Proceso de paz: tan cerca y tan lejos

Aunque se habla de un principio de acuerdo en el tema agrario, Gobierno y Farc mantienen un tire y afloje de declaraciones.

El equipo negociador del Gobierno, liderado por Humberto de la Calle, en una de sus reuniones de trabajo en La Habana. / Ómar Nieto Remolina - Presidencia
El equipo negociador del Gobierno, liderado por Humberto de la Calle, en una de sus reuniones de trabajo en La Habana. / Ómar Nieto Remolina - Presidencia

Seis meses después de instalada la mesa de diálogos de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc en La Habana, aún no hay humo blanco sobre el primer punto de la agenda a acordar —el de la política de desarrollo agrario integral—, y las partes siguen enfrascadas en un tire y afloje de declaraciones que, si bien algunas veces dan para pensar con optimismo sobre el futuro final de los diálogos, en la mayoría de los casos muestran profundas diferencias en cuanto a las prioridades y concepciones de lo que debe ser el Estado.

El próximo viernes termina la novena ronda de negociaciones, y aunque durante las últimos días ha corrido el rumor de que ya se tendría un preacuerdo en torno a ese primer punto, el cual sería anunciado ese mismo día, este fin de semana tanto el Gobierno como la guerrilla “jugaron” a la zanahoria y el garrote. Las Farc, por ejemplo, respondieron con dureza a unas declaraciones dadas por el presidente Santos, quien dijo que sus peticiones se parecían cada vez más a una “lista de mercado”.

“Nos gusta la comparación porque nos recuerda la lista triste de los pobres cuando van a comprar en la tienda del vecino productos de la canasta básica, como arroz, chocolate o aceite”, contestó la guerrilla en un comunicado desde La Habana, en el que además calificaron como una “farsa descarada” las cifras del Gobierno sobre la reducción de la pobreza. Pero, además, las Farc dieron una señal contraria frente a los rumores de que el primer acuerdo sobre el tema agrario está casi listo, pues volvieron a insistir en sus propuestas para el campo, muchas de las cuales se supone que a estas alturas ya deberían estar superadas.

Hablaron de acabar con la concentración de la tierra, de formalizar o titular 9,5 millones de hectáreas en las zonas de reserva campesina, de desarrollar una minería ligada a la inversión social y de frenar la extranjerización de la tierra. Igualmente, pidieron proteger la economía campesina frente a los TLC y la laborización del trabajo rural, con un salario mínimo para los jornaleros, además de primas, salud, educación, vacaciones y seguridad social, en general, para todos los campesinos.

Ya se sabe que esos puntos han sido el quid en la mesa de diálogos, y la insistencia de las Farc corrobora las versiones conocidas por El Espectador, en el sentido de que si bien hay consenso en algunos temas, aún persisten diferencias grandes en cuanto al sostenimiento de los campesinos y lo referente a la seguridad social, sobre todo en las zonas de influencia guerrillera. Asimismo, otro punto pendiente sería la comercialización de productos y los estímulos que recibirán los pequeños agricultores. Y parece que tampoco hay acuerdo en lo del latifundio: para esa guerrilla debe haber límite y el Gobierno ha dicho que no negociará la propiedad privada.

El mismo sábado, durante la entrega de títulos de tierras en la vereda Veraguas, de Pacho (Cundinamarca), el presidente Santos les envió un mensaje a las Farc, enfatizando que, con o sin ellas, el Gobierno tiene un rumbo definido, que es darles a los campesinos tierra, asistencia técnica y una vida digna. “Si logramos eso, estamos sembrando mucha más paz de la que se pueda hacer en La Habana (...) sabemos qué hacer con el campo colombiano, vamos a devolverles la dignidad a los campesinos colombianos. Ustedes verán si se montan o no al tren”, les dijo.

A su vez, las Farc hicieron este domingo un nuevo pronunciamiento ante la prensa en Cuba, esta vez para calificar de “positivo” el balance de sus conversaciones con el Gobierno, rechazar las opiniones de que el proceso camina a paso lento y dar un guiño al anuncio presidencial de desear la reelección. “Estos temas tenemos que tratarlos con serenidad, con profundidad, si queremos realmente sentar unas bases sólidas para la construcción de una paz estable y duradera. Una paz mal hecha, a las carreras, es peor que una guerra”, dijo Iván Márquez, jefe de la delegación guerrillera en La Habana.

Para el segundo comandante de las Farc, la decisión del presidente Juan Manuel Santos de buscar la reelección de sus políticas “libera” al proceso de paz de “presiones innecesarias de tiempo“. La guerrilla considera que lo importante es que el proceso de paz continúe, sea Santos reelegido o no en 2014. De paso, tanto en el pronunciamiento del sábado como en el del domingo, las Farc se mostraron ansiosas por comenzar a abordar el segundo punto de la agenda: el de su participación en política, que ya ha generado posiciones encontradas y ardua polémica en el país.

¿Habrá acuerdo esta semana sobre lo agrario? Por el modelo de negociación, sólo queda esperar, pero es claro que el tire y afloje continuará y que las Farc seguirán con sus pronunciamientos, buscando presionar de una u otra manera para tener mayores réditos en la mesa. Un punto a favor en estos seis meses de proceso es que ya nadie habla de agendas paralelas o acuerdos secretos. Sin embargo, el Gobierno sabe que es tiempo más que suficiente para mostrar avances, así sean parciales, que le den confianza a una Colombia que sigue escéptica pero esperanzada en que la paz es posible.

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