¿Quién es quién en los diálogos?

Noruega y Cuba intervendrán como garantes; Venezuela y Chile en calidad de acompañantes.

Roy Chaderton, embajador venezolano ante la OEA, será acompañante.
Roy Chaderton, embajador venezolano ante la OEA, será acompañante.

Comienzan en Oslo los diálogos de paz entre el gobierno Santos y las Farc, como es sabido, con una presencia importante de la comunidad internacional, donde Noruega y Cuba intervendrán como garantes, y Venezuela y Chile en calidad de acompañantes. Resulta preciso hacer un ejercicio de pedagogía que revele quién es quién y qué se espera de cada uno en las negociaciones.

Primeramente, como es sabido, Noruega será el primer destino de las conversaciones y posteriormente Cuba será la sede permanente de las mismas. El país nórdico cuenta con una amplísima experiencia en materia resolución de conflictos, con una veintena de participaciones en este tipo de procesos, como por ejemplo los de Israel y Palestina, Sri Lanka, Guatemala, Ruanda o Congo.

Asimismo, tuvo acto de presencia en el anterior proceso del Caguán, al igual que Cuba, que tiene una dilatada experiencia como facilitador en el conflicto interno colombiano, tanto con las Farc como con el Eln, y su posición al respecto siempre ha sido la de invocar la necesidad de una salida negociada al mismo.

Cuba y Noruega contribuyen al proceso, primero como convocantes, asumiendo la responsabilidad de solicitar el inicio de los diálogos de paz, así como de darles continuidad. Lo normal es que como sedes sirvan a su vez como favorecedores del escenario físico donde deberán desarrollarse los diálogos, confiriendo así una mayor formalidad.

Igualmente, Noruega y Cuba deben asumir la importancia de dos estrategias básicas: la estrategia de comunicación y la estrategia de formulación. Así, por un lado, en lo que tiene que ver con la comunicación, aparte de contactar con las partes, obtener su credibilidad para negociar y clarificar el contexto de la negociación, deberán estimular, si fuera necesario, el intercambio de información relevante que contribuya al entendimiento de las partes.

Por otro lado, en lo que respecta a la estrategia de comunicación, la responsabilidad de Noruega y Cuba pasa por elegir el ambiente de la reunión, favorecer un control del ritmo de las mismas, propiciar un ambiente físico idóneo, establecer el protocolo, asegurar la privacidad e, incluso, controlar el calendario, además de ayudar a mantener el proceso centrado en sus asuntos más relevantes.

En adición, el hecho de que ambos países sean garantes del proceso de paz supone, de paso, conferir seguridad a los avances que se vayan sucediendo pues, en un caso como el colombiano, la ausencia de confianza entre las partes obliga a que un tercero testimonie los avances y compromisos que paulatinamente se vayan acordando.

La función de Chile y de Venezuela, representados respectivamente por Milenko Skoknic, actual jefe de gabinete del Ministerio de Relaciones Exteriores, y Roy Chaderton, embajador venezolano ante la OEA y exembajador en Colombia, es la de servir como acompañantes.

Su principal cometido tendrá que ver con el de asumir lo que se conoce como “estrategias de manipulación”. Es decir, garantizar el mantenimiento de las partes en la mesa, velar por la responsabilidad de las concesiones, informar a las partes del costo del desacuerdo, proporcionar y filtrar información, presionar a las partes para que muestren flexibilidad, así como manejar, en la medida en que fuese necesario, cambios sobre las expectativas con el fin de permitir la discusión de los intereses comunes.

Su principal responsabilidad reposa en todo lo que concierne al entendimiento entre guerrilla y Gobierno y en la desactivación de posibles “puntos críticos”. De este modo, stricto sensu, ni los acompañantes ni los garantes asumirían funciones de medicación, al tratarse más bien de una labor de facilitación del entendimiento y de la comunicación en pos de propiciar escenarios de consenso.

Sea como fuere, aunque la selección de los actores internacionales que van a estar presentes resulta una apuesta acertada y equilibrada para propiciar “puntos de encuentro”, conviene precisar que la técnica de resolución del conflicto escogida por guerrilla y Gobierno colombiano no ha sido la de la mediación, sino la de la negociación.

La mediación se entiende como un mecanismo de resolución pacífica de conflictos en el que el outsider interviniente lo hace bajo una estructura triangular, aceptada por las partes de mutuo acuerdo, dado su carácter neutral e imparcial —que, en principio, sólo Noruega representaría—, y que resulta de gran interés por su capacidad para facilitar la superación de escenarios difíciles y de estancamiento.

La fórmula de diálogo adoptada, con independencia de la asistencia y los posibles roles y funciones de los países señalados, se constituye dentro de una dimensión bilateral, donde los dos interlocutores son los actores involucrados y quienes llevarán el peso de la discusión, la elaboración de las propuestas, el intercambio cooperativo de concesiones y la identificación de los puntos satisfactorios dentro de los cinco pilares fundamentales desde los que se constituye el grueso de la agenda de negociación que, esperemos, sea la última y definitiva.

*Investigador en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

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