Repudio por asesinato del Obispo de Arauca

En octubre de 1989 el Eln secuestró y asesinó a monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve. Los araucanos se volcaron a las calles para dar sepultura a su obispo y rechazar este hecho, en el que la guerrilla atentó contra una de las máximas dignidades de la Iglesia en Colombia.

Tumba de monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, en la catedral de Arauca. /Manuel Rodríguez.

Tres días de duelo y una sentencia: “el pueblo de Arauca y el pueblo colombiano, no pueden olvidar que la tierra de una nación católica, ha sido bañada con la sangre de un obispo”.

Formulado el llamado por el Nuncio Apostólico, Ángelo Acerbí, se dio inicio a una ceremonia que finalizó pasadas las 11:30 de la mañana en la Catedral de Santa Bárbara, para rendir homenaje al sacrificado obispo de la Diócesis de Arauca, monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve.

Una Eucaristía concelebrada por 24 obispos que se hicieron presentes en la capital de la intendencia de Arauca, evidenció el cariño y el aprecio que monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve logró granjear dentro de los religiosos colombianos que le conocieron.

“Un hombre abnegado, dedicado al oficio de pastor, sencillo y humilde, que nunca alardeó superioridad y que mostró siempre un espíritu de servicio, dijo el cardenal Primado Mario Revollo Bravo, en declaraciones a El Espectador, al referirse a la vida del inmolado obispo de Arauca.

Reconociendo que no tenía elementos de juicio cercanos, el cardenal Revollo Bravo, sin embargo, hizo un pequeño perfil de la personalidad del obispo Jaramillo Monsalve, destacando que sus cualidades altruistas quedaron patentadas en las escuelas y colegios, y en el trabajo que siempre tuvo con el único ánimo de servir a la niñez y la juventud, visitando cada uno de los lugares de la recién creada Diócesis de Arauca y estableciendo contacto con las comunidades.

Insistiendo en que la sencillez y cordialidad de monseñor Jaramillo Monsalve, el cardenal Mario Revollo Bravo sostuvo, del asesinado obispo, que guardaba un recuerdo por su bondad expresada en su modo de ser y su simpatía.

Protección y seguridad

Refiriéndose a las circunstancias que vive el país dentro de las cuales que se cuenta el asesinato del obispo de la Diócesis de Arauca, el cardenal dijo que la protección y la seguridad son un deseo ideal, por lo tanto es necesario seguir buscando a través del desarme de los espíritus, los brazos y en la búsqueda de otros objetivos, el respeto por los derechos humanos y fundamentalmente por el respeto a la vida.

“Ciertos hechos vividos en los últimos meses pueden ser las máximas expresiones de violencia. Dios quiera que esto no sea grave y que se comience un proceso de recuperación y regeneración”, expresó el cardenal Mario Revollo Bravo, aludiendo a las circunstancias de desestabilización y violencia que ha venido soportando Colombia.

Considerándose tener un espíritu de poco profeta, el cardenal Revollo Bravo se abstuvo de emitir juicios de lo que podría ser el futuro de la iglesia en Colombia y de los religiosos y religiosas que vienen laborando en áreas apartadas del país y zonas subnormales de las principales ciudades colombianas.
Confiar en la iglesia

De otro lado, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, el cardenal Alfonso López Trujillo, quien celebró la liturgia y pronunció la homilía en las exequias del obispo de la Diócesis de Arauca, dijo que la iglesia seguía adelante especialmente atendiendo a los más vulnerados y particularmente a aquellos castigados por la violencia.

El cardenal López Trujillo señaló que le país podía confiar y creer en la iglesia colombiana, la cual era castigada por un reducto de hombres que estaba traicionando el alma de Colombia.

Sostuvo, igualmente, que la iglesia colombiana estaba profundamente golpeada en su corazón, pero no vencida.

Indicó que por el contrario, la iglesia del país estaba animada por el testimonio dejado por monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, al haber ofrendado su vida.

El cardenal López Trujillo comparó la figura de monseñor Jaramillo Monsalve con la imagen del pastor, quien en lugar de huir ante el peligro había dado su vida para proteger su rebaño.

Otra de las intervenciones realizadas durante el sepelio de monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, fue la del alcalde de Arauca, Julio Enrique Acosta, quien en tono un tanto beligerante, dijo que el Llano había quedado en silencio y los araucanos huérfanos, destacando las virtudes del obispo asesinado.

Así mismo, el intendente militar de Arauca, coronel Hernando González Muñoz, se refirió al testimonio dejado en vida por el inmolado obispo, manifestó que él había amado y había entregado su vida por la paz, haciendo un llamado a todos los líderes del país, políticos, gremiales y, en general, a quienes tenían capacidad de decisión y opción para que reconstruyeran el país.

En silencio

Desde el pasado martes a las 6: 30 de la tarde, cuando los despojos de monseñor Jaramillo Monsalve fueron trasladados desde el hospital hasta la nave izquierda de la Catedral Santa Bárbara, centenares de araucanos se acercaron hasta el féretro que permaneció durante tres días en cámara ardiente.
Una vez finalizada la ceremonia litúrgica concelebrada por 24 obispos, las bandas de guerra de los colegios Pablo Neruda, Simón Bolívar, María Inmaculada, Cooperativo, Santander de Bachillerato y Francisco José de Caldas, desfilaron frente a la Catedral y a la plaza de la capital intendencial , para participar también en el homenaje que los llaneros le brindaron al sacrificado obispo.

Posteriormente, el féretro que contenía los despojos mortales de monseñor Jaramillo Monsalve, fue depositado en una especie de cripta en la nave izquierda de la Catedral Santa Bárbara, donde en largas filas las gentes de la intendencia se agrupaban para observarlo y recordarlo de por vida.