“La responsabilidad reside en la cabeza de todos”: Carlos Holmes Trujillo

El precandidato presidencial del uribismo acepta que llegar a un punto de encuentro sobre el acuerdo de paz entre los grupos del No y los del Sí compromete tanto a unos como a otros, aunque se esfuerza en decir que el reto es sólo del presidente. Admite que se ha ganado en comprensión y confianza, pero reconoce, implícitamente, la enorme distancia que todavía existe para encontrar una solución.

“El resultado del plebiscito nos sorprendió habida cuenta de lo que indicaban las encuestas”: Carlos Holmes Trujillo. / Óscar Pérez
“El resultado del plebiscito nos sorprendió habida cuenta de lo que indicaban las encuestas”: Carlos Holmes Trujillo. / Óscar Pérez

Las filtraciones sobre lo que sucede en las reuniones entre los grupos del No y el Gobierno dejan muchos interrogantes. En realidad, ¿las conversaciones han sido constructivas o estériles?

Fueron muy constructivas: se realizaron en medio de un clima amable, directo y propositivo, lo cual permitió analizar, con gran franqueza, todos los temas incluyendo los más difíciles y complejos. No vacilo en afirmar que el balance de las reuniones que tuvimos es positivo.

Y, ¿por qué, a veces, existe la sensación de que nada o muy poco avanza?

Es una sensación equivocada. La verdad es que hubo avances, entendidos estos como un análisis muy franco y completo de todos los puntos del acuerdo entre el Gobierno y las Farc.

En todo caso, el intercambio de información tiende a aumentar la capacidad de comprensión de un problema. Al margen de que se haya avanzado poco o mucho, ¿cree que tanto el Gobierno como ustedes entienden más a sus contrarios?

No hay duda. Uno de los efectos más importantes de las conversaciones con el Gobierno es que ahora hay un mayor nivel de conocimiento y comprensión de las razones y argumentos de cada quien. Definitivamente, hablando se entiende la gente.

Según los expertos en este tipo de negociaciones, un factor clave para poder construir en un diálogo entre grupos opuestos es vencer la desconfianza. ¿Se rompió esa barrera?

No es posible decir que se superó plenamente la desconfianza, pero hubo avances. En este tipo de circunstancias existen siempre factores externos que entorpecen y hacen daño. Uno de ellos está en las declaraciones de algunos protagonistas que creen obtener pequeños logros políticos en cada coyuntura, cuando, en realidad, lo que consiguen es hacerle daño al edificio que se está construyendo.

¿A quién o quiénes se refiere? Supongo que como usted es de un partido de oposición, la indirecta va dirigida a alguien del Gobierno.

No. Básicamente me refiero a algunos senadores afectos al Gobierno, que al mismo tiempo que se avanzaba, lanzaban piedras innecesariamente.

De otra parte, también es cierto que el fondo de lo que uno dice puede resultar muy agresivo, aunque la forma sea cortés. ¿Es cierto que esta situación sí se ha presentado con el senador Uribe como protagonista?

Naturalmente hubo momentos de tensión. Pero quienes asistieron a las reuniones pueden dar fe de la actitud siempre constructiva del expresidente Uribe.

¿En cuáles temas no se ha avanzado o, para decirlo de otra manera, en cuáles no hay ninguna posibilidad de encuentro entre el Sí y el No?

Para nadie es un secreto que lo relacionado con la jurisdicción especial para la paz, las penas privativas de la libertad y la elegibilidad de los culpables de los más graves delitos, entre otros, son temas que ofrecen mucha dificultad y eso se reflejó en las conversaciones. No obstante, se analizaron distintas opciones con ánimo constructivo.

Precisamente, dos temas medulares en el acuerdo de paz son la justicia transicional y los derechos políticos de los exguerrilleros. Teniendo en cuenta los textos comparados de los procesos de paz en el mundo, esos puntos están siempre presentes. ¿Por qué al Centro Democrático le parecen tan exóticos en Colombia?

A mí no me parecen exóticos. Lo que sucede es que la justicia transicional es justicia auténtica, penas efectivas y rendición de cuentas apropiada, no impunidad abierta o disfrazada. Y la participación en política, al igual que la elegibilidad inmediata para quienes sean responsables de delitos políticos, no es materia de controversia. El problema es la elegibilidad inmediata de los culpables de los más graves delitos. Y existen fórmulas para que esa elegibilidad sea posible solamente después de que paguen las penas adecuadas.

El periodista Daniel Coronell demostró en una columna que cuando el senador Uribe era presidente, hizo propuestas públicas a las Farc con puntos similares a los que ustedes ahora objetan: “Elegibilidad política para todos los guerrilleros, amnistía e indulto que cubriera incluso delitos atroces y cese al fuego bilateral”. ¿Por qué el cambio de óptica y filosofía ahora?

No hay ningún cambio de óptica ni de filosofía. Reitero que no nos oponemos a la participación en política ni a la elegibilidad inmediata de quienes estén acusados o hayan sido condenados por delitos políticos. Tampoco nos oponemos a la participación o a la elegibilidad política después de cumplida la sanción de quienes hayan sido condenados por los delitos más graves. Realmente, el asunto es la elegibilidad inmediata de aquellos que hayan sido responsables de delitos contemplados en el Estatuto de Roma.

Existe la impresión de que unos grupos del No son más comprensivos en las discusiones, en beneficio de la paz. Entre ellos estarían los de Pastrana y Martha Lucía. Pero también se cree que hay otros grupos cuyo objetivo sería dificultar un acuerdo consensuado. Entre estos estarían el Centro Democrático y Ordóñez. ¿Qué comentarios le merece esta descripción?

Las conversaciones estuvieron inspiradas en el propósito de buscar y construir opciones sobre la base de que no hay propuestas inviables. Cada sector defendió sus posiciones con vigor, pero siempre existió la disposición de analizar alternativas aceptables. Por esa razón, todo lo que se dijo y planteó hace parte hoy de un documento que se bautizó como de “propuestas y opciones”.

Perdone, no me respondió: unos sectores del No parecen tener más conciencia de que el tiempo no es un factor con el que se pueda jugar, porque se trata de que una nación consiga la paz o la pierda. Otros, entre los que podrían estar ustedes, estarían utilizando el tiempo para maximizar sus beneficios políticos. ¿Es así o rechaza esta hipótesis?

Rechazo esa hipótesis. Nosotros hemos trabajado con el criterio de que hay que actuar con celeridad sin sacrificar la profundidad. Además, nos hemos comprometido a que si hay un acuerdo nacional de paz, apoyaremos decididamente su implementación (legislativa).

¿Es cierto que el triunfo del No tomó por sorpresa a los promotores de esta posición y, en particular, al uribismo?

Así es. El resultado del plebiscito nos sorprendió a todos habida cuenta de lo que indicaban las encuestas. Sin embargo, miradas las cosas con alguna perspectiva histórica, es inevitable recordar que las Farc son la organización que mayor rechazo tiene en Colombia y que cerca del 80 % de los colombianos se oponen a que los culpables de los más graves delitos no paguen ni un solo día de cárcel y que el mismo porcentaje se opone a que esos responsables puedan ser elegidos inmediatamente. De otro lado, los niveles de aprobación del presidente son muy bajos. De manera que había muchas razones para que ganara el No. Esas razones siguen existiendo. Así que es mejor que no se deje tentar del demonio, y que tampoco le dé por dibujar conejos.

Usted, que es un político experto, sabe que la óptica con que se puede mirar un fenómeno puede ser blanca o negra. Ahora los del No son partidarios de otro plebiscito para refrendar el nuevo acuerdo, pero antes de ganar, varios de los miembros del uribismo demandaron ante la Corte Constitucional la primera convocatoria. Cuando ganaron, trataron de retirar las demandas. ¿No es un poco vergonzosa esa actitud? Lo digo con todo respeto…

De ninguna manera. Nosotros somos, en este momento histórico del país, decididos partidarios de un gran acuerdo nacional para la paz. Eso es lo que le conviene a Colombia.

Internamente, ¿ustedes han hecho la reflexión sobre la enorme responsabilidad histórica que quedaría en cabeza de su partido si no se allanan a algún acuerdo de paz?

La responsabilidad histórica quedará en cabeza del presidente si no cumple con el mandato de buscar un acuerdo mejor y desaprovecha la inigualable oportunidad que tiene de promover un gran acuerdo nacional para la paz. Y quedará en cabeza de las Farc si no escuchan la voz de la mayoría de los colombianos que votaron contra algunos puntos del acuerdo, y no flexibilizan su posición. Nosotros seguiremos insistiendo en dicho acuerdo con flexibilidad y realismo sin abandonar a quienes votaron a favor del No, y respetando a los que votaron Sí y a quienes se abstuvieron.

Es decir, ¿ustedes no admiten que tienen responsabilidad sobre el futuro del país y de su acuerdo de paz?

Claro que tenemos una gran responsabilidad y esa es la razón por la cual nuestra propuesta es la edificación de un gran acuerdo nacional.

Una cosa es negociar con un grupo que ha enfrentado al Estado durante 50 años y que no fue derrotado militarmente, y otra, una rendición humillante o su sometimiento. Entre esos dos extremos presentes en las discusiones, ¿en cuál punto se ubica usted como precandidato presidencial?

Estoy en el centro. La salida política es viable con justicia adecuada y efectiva, elementos de transición que se adecuen a los estándares internacionales, respeto al emprendimiento privado, la seguridad jurídica y la democracia. Es verdad, como usted lo dice, que las Farc no han sido derrotadas militarmente. Pero también lo es que no derrotaron a la sociedad colombiana ni se tomaron el poder.

Si bien el triunfo del No es incuestionable, la diferencia con los votos del Sí fue exigua: 0,45 %. Según ustedes, los ganadores, ¿cuáles derechos tienen los perdedores del Sí en cuanto a su deseo de activar ya un acuerdo de paz con las Farc?

El 2 de octubre todos los votantes lo hicieron a favor de la paz y una mayoría pequeña, pero mayoría, se manifestó contra algunos puntos del acuerdo. Lo que el presidente tiene que hacer es cumplir con el mandato que recibió, buscar un acuerdo mejor que una a los colombianos, incluya a los millones que se manifestaron contra ciertos aspectos del mismo y garantizarle estabilidad. Si no lo hace, y prefiere dejarse tentar por el demonio, cometería un error histórico gigantesco, dejaría dividida a la sociedad colombiana y exhibiría un acuerdo que quedaría en interinidad hasta las elecciones de 2018. Hago votos porque piense en la película de la historia colombiana y no en la fotografía del 10 de diciembre.

Perdone, pero de nuevo no me contesta: ¿cuáles derechos creen ustedes que hay que respetarles a los más de 6 millones de personas que votaron por el Sí?

El derecho que tienen los votantes del No es el de esperar que el presidente cumpla con el mandato que le dieron. Y los derechos que tienen los que votaron por el Sí y los que se abstuvieron es el de esperar a que el presidente avance en la construcción del gran acuerdo que estamos proponiendo.

Entonces para ustedes, ¿el cumplimiento de los derechos de todos los colombianos a la paz también reside sólo en el presidente?

No. La verdad es que la responsabilidad reside en cabeza de todos. Si usted me permite referirme a este punto en términos futbolísticos, le diría lo siguiente: antes del plebiscito había dos equipos: el del Sí y el del No. Ahora hay uno solo: el equipo Colombia. Y toda la tribuna está reclamando que ese equipo juegue unido para conseguir la paz. En el mismo orden de ideas, antes del plebiscito el presidente era el entrenador del equipo del Sí. Ahora tiene que ser el conductor del equipo Colombia.

Fue evidente la molestia que produjeron las palabras del presidente en Londres cuando dijo que el triunfo del No “fue el resultado de una estrategia basada en desinformación y mentiras”. Y cuando añadió que eso “fue reconocido por el jefe de la campaña” del Centro Democrático, Juan Carlos Vélez, quien fue expulsado de su partido. Aun así, subsiste la impresión de que Vélez no mintió. ¿Por qué habría de hacerlo si se trataba de su jefe, su partido y su campaña?

En este ambiente de búsqueda de acuerdos prefiero no recordar que el presidente decía que el triunfo del No era el regreso del terrorismo de las Farc a las ciudades; que la canciller advertía que se perdería el respaldo de la comunidad internacional, que el jefe del equipo negociador señalaba que eso de renegociar el acuerdo era engaño y ficción. La campaña a favor del No fue esforzada, austera y se hizo en medio de un inmenso desequilibrio.

Qué pena, doctor Trujillo, repetir la pregunta, pero no me ha respondido: ¿por qué el gerente de la campaña del No estaría interesado en mentirle al país haciéndole daño al partido al que pertenecía?

No me gusta referirme a temas públicos en términos personales. Así que me abstengo. Pero déjeme insistirle en que la estrategia que utilizamos fue la de conseguir que los colombianos llegaran a las urnas convencidos de la conveniencia de votar No. Me consta que la campaña que hicimos fue la de dar argumentos buscando convencer a los votantes sobre la importancia y necesidad de darle al presidente el mandato de buscar un acuerdo mejor para Colombia.

 

No, No, No y No

Los ganadores del No han actuado como islas, sin conexión externa pero cohesionados internamente: Centro Democrático, alrededor del senador Uribe; un segmento conservador, que lidera el expresidente Pastrana; otro, que reconoce a Martha Lucía Ramírez; el exprocurador Alejandro Ordóñez, quien va solo; los cristianos, por otro lado. Y a estos, súmeles unas personas que representan a unas víctimas de un modo difuso. ¿Cómo manejar tantos matices del No y con tan disímiles objeciones?

Nosotros hemos actuado con inmenso respeto hacia los distintos sectores del No. Mantenemos un diálogo muy fluido con todos por cuanto nos une haber votado para darle al presidente el mandato de buscar un mejor acuerdo para Colombia. Pero cada uno de ellos tiene su propia identidad, tal como sucede en Centro Democrático. Por eso es bueno reiterar que apoyamos los entendimientos que cada sector tenga con el Gobierno y que mantenemos nuestra voluntad de diálogo y consulta con ellos.
 
Tanta división y subdivisión, en lugar de crear unas representaciones generales, ¿no es una forma de dilatar?
 
No, de ninguna manera. Simplemente, es la expresión auténtica de los matices que existen en los distintos sectores que votaron por el No.
 
En este período de reuniones, ¿cuáles puntos fueron fáciles de evacuar?
 
No ha habido ningún punto fácil. Todos son complejos pero, naturalmente, unos tienen grados mayores de dificultad que otros. Sin embargo, como he dicho, fue posible tratarlos sin limitación alguna.
 
¿Cómo manejar razonablemente un nuevo acuerdo cuando hay cerca de 430 propuestas de los grupos del No?
 
Eso es responsabilidad del Gobierno, que es el que tiene la facultad constitucional y legal para negociar con las Farc.
 
¿El exprocurador Ordóñez es visto por ustedes como miembro actual o futuro del Centro Democrático? ¿Ordóñez sería otro precandidato del uribismo? 
 
El exprocurador Ordóñez es una figura pública muy importante y no se me ocurriría tener el atrevimiento de incursionar en su fuero interno.
 
¿Se ha considerado, que usted sepa, la posibilidad de ofrecerle a Ordóñez ingreso formal al uribismo?
Centro Democrático está adelantando su proceso interno y más temprano que tarde se tomará una decisión sobre el mecanismo para elegir el candidato del partido. Con respecto al doctor Ordóñez, déjeme insistirle en que las decisiones políticas que tengan que ver con él, las toma solo él.
 
 

 

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