"Toda la verdad y la justicia en la medida de lo posible"

El abogado dice que aunque Colombia puede aprender de la experiencia de otros países, su proceso será inédito, ya que tendrá que inscribir con antelación cuál es el grado de impunidad que está dispuesta a tolerar.

Jorge Correa Sutil, exsecretario de la Comisión de la Verdad de Chile, asegura que en ese país aún hay causas judiciales pendientes que hay que reparar. /Cortesía
Chile se ha llenado de fútbol por la celebración de la Copa América. Cientos de periodistas han llegado a cubrir uno de los acontecimientos deportivos más importantes del continente y así relatar los hechos que nos deja la pelota. Pero Chile puede enseñarnos mucho más que eso, su proceso frente a las víctimas de la dictadura militar es un ejemplo mundial, del que sin duda alguna Colombia, particularmente, puede aprender mucho. Por ello, El Espectador habló con Jorge Correa Sutil, quien fuera el secretario y ejecutivo de la primera Comisión de la Verdad instaurada en Chile y uno de los pocos miembros que aún está vivo. 
 
¿Por qué decidieron ustedes crear una Comisión de la Verdad?
 
Había imposibilidad de investigaciones judiciales, por lo que no fue una alternativa deseada frente a la investigación penal, sino que fue el único camino posible para hacer lo que el presidente Aylwin denominó en su momento como “toda la verdad y la justicia en la medida de lo posible”. 
 
¿Fue fácil seleccionar a sus miembros?
 
Fue muy difícil, se trataba de dar a la luz pública un hecho que la dictadura había negado, algunas violaciones a los derechos humanos habían sido reconocidas, como el exilio, confinaciones dentro del país, etc. Pero había sido sistemáticamente negada la tortura, las muertes y las retenciones seguidas de desapariciones forzosas y sobre estas dos últimas se constituyó la Comisión, para poder relatar lo que allí había ocurrido. 
 
¿Cómo se seleccionaron?
 
Era central que la comisión diera garantías al país, desde su constitución, de que iba a procurar la verdad, no para desprestigiar a los militares ni para sacar ventajas políticas, era una comisión que diera garantías de hacer un relato de la verdad objetivo. La comisión se constituyó con diez miembros, cinco de los cuales provenían del mundo opositor a la dictadura, algunos de ellos habían padecido violaciones a los derechos humanos, y los otros cinco miembros habían sido personas cercanas a la dictadura. 
 
¿Los miembros seleccionados fueron legitimados por la sociedad?
 
No. Era impensable pensar en un proceso público con objeciones o proposiciones. El presidente dio a conocer la conformación de la comisión como una decisión personal, que no se discutió públicamente. 
 
¿Hubo aprobación por parte de los ciudadanos de los miembros seleccionados?
 
Hubo críticas del Ejército a la conformación de la comisión, pero en general las fuerzas políticas, incluso el propio Ejército dieron suficiente crédito a esta comisión. Sin embargo, los partidos de derecha se negaron a integrarlo, por lo tanto no había ningún integrante militante de derecha. 
 
En esa comisión no se dieron a conocer los nombres de los victimarios, ¿por qué? 
Primero porque la comisión no podía sancionar a los victimarios, eso es un privilegio de los Tribunales de Justicia. Y en segundo lugar, porque para poder sancionar, e incluso, para poder nombrar a los victimarios, parece necesario que se conduzca un debido proceso. 
 
¿No queda incompleta la información si en una comisión de la verdad no se pueden conocer los nombres de los victimarios?
 
Las comisiones de la verdad tienen la posibilidad de restaurar el buen nombre de las víctimas y de señalarlos como tal. En Chile fue un complemento que facilitó posteriormente las investigaciones penales, porque fue percibida como legítima por la sociedad y esa sociedad horrorizada por lo que le había relatado la comisión y por otras fuentes, demandó más justicia. Es decir, esa verdad hizo posible más justicia. 
 
¿Pensar entonces la comisión de la verdad de Chile como ejemplo para la comisión colombiana es difícil, porque allá se piensa en que se conocerán los victimarios?
 
Colombia vivirá una experiencia que, hasta donde yo entiendo, es enteramente inédita. Todos los sistemas producen algún grado de impunidad y castigo, algunos producen sólo impunidad, pero no conozco un caso que produzca sólo castigo. Colombia, a través de la  justicia transicional va a tener que inscribir con antelación cuál es el grado de impunidad que está dispuesta a tolerar, con tal de producir algún grado de justicia. Esa ecuación no la ha tenido que producir ninguna de las transiciones a la democracia, más bien las transiciones a la democracia han tenido limitaciones objetivas para producir justicia y no la necesidad de negociarla antes. 
 
¿No hay ninguna comisión de la verdad que sirva de referente para el caso colombiano?
 
Todas las comisiones de la verdad tienen algo de lo cual Colombia puede aprender, de sus errores y de sus aciertos, pero ninguna de ellas es un bien exportable. 
 
Se estipuló en Colombia que la comisión de la verdad iba a durar 3 años. ¿Cuánto duró la Comisión de la Verdad en Chile?
 
Nueve meses. 
 
¿Por qué se estipuló que nueve meses iba a ser el tiempo de duración?
 
Se pensaba que debía estar sobre la mesa muy poco tiempo, porque queríamos salir de ese periodo oscuro para dejar atrás el pasado y enfocarnos en los problemas del presente que los teníamos en abundancia, como lo eran la pobreza y la consolidación de la democracia. Por eso, se pensó que al cabo de un año podíamos dejar atrás el pasado. Sin embargo, irónicamente 25 años después de esa fecha, Chile tiene todavía mil causas judiciales pendientes por violaciones a los derechos humanos. Uno puede ambicionar y poner causa sobre esas realidades, pero no terminarlas. 
 
¿Por qué no se puede pensar en ponerles fin?
 
Porque son realidades muy dinámicas. El que crea que una comisión de la verdad piensa en ponerle término a la historia o a la posibilidad de judicialización, se equivoca. Estos temas no se acaban, tampoco la memoria histórica y tampoco los descubrimientos de verdades. 
 
En el caso chileno, después de la comisión de la verdad ¿aún hay fricciones en el proceso de perdón y reconciliación?
 
La palabra reconciliación me queda muy grande a mí, no sé hasta qué punto somos una sociedad reconciliada. Lo que sí le puedo decir es que en el caso chileno tomó diez años entre la proclamación de la verdad y que las instituciones que habían amparado a los victimarios, reconocieran esos hechos como verdaderos y los repudiaran. 
 
¿Por qué la palabra “reconciliación” le queda grande?
 
Porque no sé lo que es. En Chile ha habido momentos de muy intensa consciencia del horror que hemos vivido. Hemos tenido momentos de reconocimiento de esa verdad y de asumirla, pero no sé si estamos reconciliados. Hay sacerdotes que pueden responder esa pregunta, yo no. No sé cuándo un pueblo está reconciliado y cuándo no. A veces, consigo intuir que Chile se logra mirar al espejo y es un momento muy importante, porque somos capaces de oír a las víctimas y decirles algo, hacernos cargo de ellas.