La 'torpeza' de las Farc

A propósito del ataque en el norte del Cauca, Joaquín Villalobos, exguerrillero salvadoreño y uno de los negociadores de la paz en su país, dice que las Farc y el Eln deberían darse cuenta que ahora morir y matar ya no les sirve para nada.

Para Joaquín Villalobos, el político salvadoreño fundador y máximo dirigente del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de cinco organizaciones que conformaron en 1980 el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), durante la guerra civil en su país, el ataque de las Farc el pasado martes en el norte del Cauca, en el que murieron 11 miembros del Ejército, fue un hecho “militarmente cobarde” y “políticamente torpe”.

En su columna de este sábado para el diario El País de España, titulada ‘El autogolpe de las Farc’, Villalobos, quien también fue miembro de la delegación negociadora del FMLN en el proceso de paz salvadoreño y uno de los signatarios de los acuerdos que pusieron fin al conflicto, plantea que definitivamente se trató de una “operación ofensiva, premeditada y fríamente planeada que, al haber sido ejecutada en el contexto del proceso de paz, y tuvo que ser aprobada por el mando estratégico de las Farc”.

En este sentido, sugiere que esa guerrilla utilizó de manera perversa la posible reducción de alerta por parte de las tropas como producto del cese del fuego unilateral decretado desde diciembre pasado. Y ante la postura de las Farc de que las Fuerzas Armadas no han detenido sus movimientos ofensivos, advierte que en una guerra irregular no hay fronteras, ni delimitaciones territoriales posibles y menos para unas fuerzas gubernamentales que enfrentan múltiples amenazas.

“No son las Farc el único enemigo del Estado colombiano. Por ello, sólo puede haber cese del fuego bilateral hasta que se concluya la negociación y este requerirá la concentración verificable de las fuerzas insurgentes. Un cese del fuego unilateral, como el que pretende las Farc, requiere que sus fuerzas se adecuen para defenderse y no para atacar. En caso contrario, puede entenderse que el tal cese unilateral del fuego es más un engaño militar táctico, que un compromiso político estratégico con la paz”, enfatiza Villalobos.

Y concluye: “El ataque en el Cauca fue por lo tanto militarmente cobarde y políticamente torpe. Fue en realidad un autogolpe. El rechazo de la opinión pública colombiana es enorme contra las Farc, al punto que es en extremo difícil para el Gobierno estar negociando en la Habana. Con este tipo de ataques la insurgencia pone en riesgo el único camino que tienen para salir de la guerra y pasar a la política”.

Igualmente, poniendo como ejemplo la experiencia en su país, recuerda que ya en el proceso de paz salvadoreño, los insurgentes sopesaban el contexto político de sus operaciones y revisaban hasta lo que estaba pasando en Estados Unidos, con el fin de que sus acciones no afectaran a sus aliados internacionales. “¿Cómo se le ocurrió a las FARC realizar este ataque a pocas horas de que Obama había anunciado su intención de sacar a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo?, ¿cómo no pensaron en las implicaciones políticas internacionales de esto, cuando 40 de sus dirigentes están viviendo abiertamente en la Habana?”, pregunta.

Villalobos enfatiza que el asesinato de los 11 militares en el norte del Cauca, a estas alturas del proceso de paz, rompe con la propia palabra empeñada por la guerrilla, no modifica a su favor la correlación de fuerzas, y por el contrario, la debilita, le resta credibilidad, aumenta su impopularidad, traiciona el apoyo de Cuba a la paz, los aísla más internacionalmente, complica los esfuerzos del Gobierno colombiano para inhibir acciones de la Corte Penal Internacional y dificulta el escenario político, “que es ahora infinitamente más importante que los tiros”.

Y plantea dos interrogantes: ¿Acaso piensan las Farc y el Eln que si continuaran en guerra habría una revolución en Colombia? ¿Creen que podrán formar un ejército que derrotará a las Fuerzas Militares? Que el mismo Villalobos se responde: “Millones de latinoamericanos le han dado votos y gobiernos a las fuerzas de izquierda en casi todos los países, en tanto Cuba y Estados Unidos están terminando su conflicto. En ese contexto, la persistencia de las guerrillas colombianas de continuar en armas las convierte en fuerzas reaccionarias que sirven para encarnar el miedo a la izquierda y en el principal lastre para que esta avance en Colombia”.

“Cualquier barbaridad ocurrida y sufrida en el pasado no justifica ser políticamente tan torpes como para seguir armados y matando. Barbaridades iguales o peores ocurrieron en los países donde ahora gobiernan las izquierdas. El proceso de paz es a estas alturas un camino sin retorno, pretender regresar al conflicto es un suicidio, lo sensato es acelerar. Tanto las Farc como el Eln deberían darse cuenta que ahora morir y matar ya no les sirve para nada”, finaliza su escrito el dirigente salvadoreño.

 

(Lea la columna completa de Joaquín Villalobos)