Un aniversario, un momento histórico y una tarea común

Se asoma la firma de un acuerdo para poner fin a nuestro conflicto de varias generaciones. Si no se da el 23 de marzo, como se había anunciado, llegará el día, y no está lejano. La paz, empero, no es la firma de ese acuerdo; eso lo sabemos. La paz depende de que la sociedad sepa y pueda aprovechar la oportunidad única que abre esa firma para transformarse y convertir la convivencia en el eje de su madurez.

Llega El Espectador a un aniversario más en este momento histórico para Colombia y no puede sino ser partícipe activo, con el criterio patriótico que le señaló en Medellín su fundador un 22 de marzo hace 129 años, en la construcción de un país renovado, sin violencia, parado sobre el perdón, consciente del dolor pero capaz de superarlo para seguir adelante...

En esa conjunción de un aniversario centenario y un momento histórico que traza un futuro promisorio para Colombia se levanta esta edición especial que les presentamos hoy. Un trabajo donde el eje es el perdón, como elemento sanador para las víctimas más que para los victimarios. Y no solamente del conflicto armado. Nuestra vida cotidiana colombiana está llena de todo tipo de conflictos, de agresiones, de daños profundos, de vidas destruidas, de dolores grandes y pequeños que nos agobian la existencia y que solo el perdón voluntario y consciente puede ayudarnos a superar.

De eso se trata esta edición. De sacarlos a la luz a través de casos emblemáticos, sí, pero también desde la experiencia de cada uno de nosotros. Queremos que todos los colombianos, a través de la etiqueta #YoPerdono, expresen a través de las redes sociales sus historias de perdón y reconciliación. ¿A quién estamos dispuestos a perdonar? ¿Qué significa para mí y para mi entorno ese perdón que estoy dispuesto a compartir? Ánimo, es un buen ejercicio.

Pero el perdón no es olvido. La oportunidad de acallar las armas no puede echar tierra a la memoria histórica, que en esta edición rescatamos también en la pluma de grandes cronistas de nuestro conflicto. El contexto es necesario para entender lo que viene, para no repetir errores del pasado, para que no nos digamos mentiras, para que no tratemos de construir sobre unas bases gaseosas.

También para construir un país nuevo se requiere tomar cierta distancia, de cambiar de perspectiva, de no mirarnos el ombligo como tanto solemos hacer. Tres premios Nobel de paz han aceptado mandarle a Colombia, a través de El Espectador, sus mensajes en este punto de quiebre de lo que significa esto que estamos a punto de lograr y de comenzar entre todos a tejer.

La paz, ya se ha dicho, no es asunto de unas élites firmando un acuerdo. Somos todos, desde nuestras posiciones y nuestra condición, quienes podemos plantar una sociedad renovada. ¿Participamos? ¡Vaya que sí! Lo comprobamos con nuestra convocatoria para pintar la paz que lanzamos hace un mes. Más de 2.000 dibujos de la paz nos llegaron, y siguen llegando.

De ellos, los dibujos, y de ustedes, sus autores, está hecha la parte gráfica de esta edición especial. Algunos van en la versión impresa, otros más en las plataformas digitales, muchos se nos quedaron por fuera por simple imposibilidad de llevarlos todos. Para quienes hablan mucho de la lejanía de los colombianos con la paz, aquí hay una muestra de que tal vez es hora de repensar ese argumento.

Un mito adicional frente a la paz se rompe también con esta edición: esa idea de que el empresariado le huye al tema y no quiere que sus marcas se asocien al dolor; ni siquiera a la opción de dejar atrás la violencia. Pues aquí ven ustedes empresas de todo tipo que han hecho posible realizar la idea de esta edición y que demuestran con ello que están firmes también para sumarse a esa construcción de un nuevo país. Que contamos con ellos dentro de esta generación de la esperanza.

Más que decirles que ojalá les guste este esfuerzo, esperamos que se sumen a él, hoy, y a la construcción de ese país nuevo desde mañana. Ya muchos hace tiempo han comenzado y nos sirven de inspiración.