Un año de respaldo y expectativas

El senador Juan Fernando Cristo reflexionó sobre este primer año de diálogos entre el Gobierno y las Farc.

Los foros sociales convocados con apoyo de la Universidad Nacional sirvieron para recolectar propuestas para la mesa de diálogo en La Habana.

La decisión que tomó el gobierno Santos hace un año, de iniciar formalmente negociaciones con las Farc en La Habana para llegar a un acuerdo definitivo para ponerle fin al conflicto, no sorprendió a nadie en el Congreso. Desde el 7 de agosto de 2010, e incluso antes, el jefe de Estado había comenzado a tejer la red de la paz y la reconciliación con inteligencia y prudencia.

Tras el fracaso y la desilusión generalizada del Caguán, no era fácil que los colombianos nuevamente respaldaran la posibilidad de un proceso con una guerrilla que se ha ganado merecidamente el repudio de la opinión pública. Para Santos, políticamente, lo más fácil hubiera sido dejarse llevar por la inercia de una confrontación militar en la que, sin duda alguna, el Estado y su fuerzas militares llevan la delantera, pero convencido como estaba de que había una oportunidad en la coyuntura, tomó el camino difícil y tortuoso de las negociaciones con las Farc, que cumplen 365 días de esperanza, escepticismo, optimismo y dificultades.

Si bien es cierto que durante los ocho años del gobierno Uribe, tres de los cuales Santos fue su ministro de Defensa y propinó los más duros golpes a la subversión, las Farc se debilitaron militarmente y el Estado avanzó de forma significativa en el control territorial, no es menos cierto que el conflicto ha llegado a una situación de estancamiento, en la cual el retroceso de las Farc es irreversible y los avances de nuestros militares cada vez más lentos y difíciles. Un estancamiento en la dinámica de la guerra que sin duda favorece a nuestra fuerza pública, pero en el que las Farc mantienen aún su capacidad de hacer daño.

Entonces, el presidente se jugó por la paz en un escenario con una evidente superioridad militar del Estado, con un cambio positivo en las relaciones de Colombia con América Latina, especialmente con los vecinos Venezuela y Ecuador, y con la expedición de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que reconoció el conflicto armado y por primera vez dignificó a más de cinco millones de compatriotas.

Y un protagonista clave para la creación de este nuevo escenario de paz es el Congreso de la República. Por iniciativa parlamentaria se aprobó la más importante y progresista legislación a favor de las víctimas, que legitima ética y políticamente al Estado, y fue también de iniciativa congresional el Marco Jurídico para la Paz, que sienta las bases para la aplicación de mecanismos de justicia transicional a los grupos ilegales que decidan dejar las armas e incorporarse a la sociedad.

Este mismo Congreso acaba de aprobar el mal denominado Referendo para la Paz, con el fin de permitir una refrendación ciudadana de los eventuales acuerdos. Asimismo, las comisiones de paz han tenido una intensa actividad de apoyo al proceso con la celebración de decenas de audiencias públicas en todo el país para escuchar a campesinos, gremios y víctimas sobre temas de la agenda como el desarrollo rural o el papel de las víctimas en la construcción de la paz sobre la base del perdón y la reconciliación. Las conclusiones de esas audiencias se han entregado a la mesa de La Habana como insumo para las conversaciones.

En el poder legislativo el apoyo al esfuerzo de Santos por la paz ha sido muy activo y casi unánime. Todos los partidos, incluidos los de oposición, y con la excepción solitaria y respetable de un puñado de legisladores de la misma Unidad Nacional, hemos respaldado con entusiasmo la tarea de los negociadores del Gobierno en La Habana, con la convicción de que estamos ante una oportunidad única e irrepetible de firmar un pacto de paz con las Farc que conduzca a su desmovilización y reincorporación. Y estamos listos también para participar en las discusiones directamente en La Habana cuando las partes en la mesa consideren que es útil, conveniente y oportuno para dar un impulso definitivo a un proceso que con el acuerdo del segundo punto, de participación política, está llegando a un punto de no retorno. En fin, el actual ha sido el Congreso de la Paz, la Reconciliación y las Víctimas. Nunca se había llegado tan lejos en materia de acuerdos con las Farc, no es entonces el momento de echarse para atrás, sino de acelerar y avanzar.

* Presidente del Congreso.