Un año del acuerdo de paz: ¿qué pasó en las zonas post-Farc?

Disidencias de las Farc, expansión del Eln y las antiguas Bacrim, preocupan en las regiones. Buscan el control de las rutas y la producción de la coca en antiguas regiones dominadas por las Farc.

El informe alerta sobre la multiplicación de los Grupos Armados Organizados luego de la salida de las Farc en algunos territorios de Antioquia, Norte de Santander, Caquetá y Nariño. Cristian Garavito

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Quince grupos desertores de las Farc, 26 grupos armados organizados muchos de ellos al servicio del narco, y la disputa territorial entre estos y el ELN, son los factores que hoy, al cumplirse un año de la firma del Acuerdo Final de Paz con las Farc, representan un riesgo inminente para la consolidación de paz en los territorios que más han sufrido los embates de la guerra.

Esa es una de las grandes conclusiones que se desprende del  informe Terminó la guerra, el posconflicto está en riesgo, revelado este jueves por la   Fundación Paz y Reconciliación, en el que se hace un balance de lo que ha sido la reincorporación, la dejación de armas, el cuplimiento a las víctimas y los avances jurídicos de este primer año de implementación. (Le puede interesar: Incertidumbre, la sensación que reina a un año de la firma de la paz)

 

Presencia de grupos disidentes de las Farc amenazan el posconflicto

 

Uno de los casos que investiga el informe es el de las disidencias de las Farc. Son 15 grupos que se registraron en 43 municipios de Antioquia, Cauca, Nariño, Vichada, Meta, Vaupés y Guaviare, este último departamento es el lugar donde más se han fortalecido los casi 700 guerrilleros que según el informe integran estas filas.

A pesar de que cerca de 450 miembros de estos grupos desertores son exguerrilleros, el mismo informe aclara que “no existe ningún vínculo entre los miembros de las Farc en proceso de reincorporación y los denominados desertores y disidencias del mismo grupo”.

De las Farc, el 10 de junio de 2016, el único grupo que se declaró en disidencia fue el Frente Primero “Armando Ríos”, supuestamente aduciendo razones ideológicas y políticas referentes a la incredulidad de los acuerdos y a que el Estado no resolvería los problemas estructurales del conflicto.

La misma investigación asegura que los mandos medios de estas disidencias ayudan a desdibujar estas supuestas razones  políticas que sostienen su no adherencia a los acuerdos. Prueba de ello son los asesinatos de algunos jóvenes en Miraflores y del vicepresidente de la Junta de Acción Comunal de Puerto Nuevo, en San José del Guaviare.

Sin embargo, Paz y Reconciliación sostiene que el único interés de estas ahora disidencias es “conservar el control de las rentas ilegales en el territorio”. Y así lo confirmó el Estado Mayor del Bloque Comandante Briceño de las Farc quienes no reconocen los móviles políticos que dicen sostener esta disidencia. Por lo que las Farc no los reconocen como disidentes sino como desertores.

El Frente Armando Ríos opera en 4 departamentos del sur del país: Meta, Guaviare, Vichada y Vaupés, quienes, según la investigación, han reclutado personas de las antiguas zonas veredales especialmente  del Guaviare, ofreciéndoles ”dinero, armas y garantías de seguridad”.

Se tiene información, dice el informe, de un plan de expansión nacional del mismo Frente. Dicho plan parece inicar con la unión con la también disidencia de Miguel Santanilla Botacha alias “Gentil Duarte”, quien al parecer opera entre el departamento del Meta y Guaviare, en las zonas del Guayabero y del Yarí, y que cuenta con al menos 500 hombres.

La disidencia adelanta en dichas zonas actos de “extorsión, secuestro y control de la producción de la base de coca”, al mando de Néstor Gregorio Vera, alias “Iván Mordisco” y de Edgar Salgado, alias “Rodrigo Cadete”, quien desertó del proceso de paz el pasado mes de septiembre.

A través  de distintos mandos medios, las disidencias operan en varios municipios y veredas de estos departamentos en donde los grupos al mando de estos dos últimos desertores se han fortalecido “durante el último trimestre del año”. Esto debido, en cierta medida, a que varios miembros de las Farc que estaban en  los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), han abandonado dichas zonas por el “incumplimiento de lo pactado en el acuerdo de Paz en los los tiempos establecidos” aseguran  versiones de líderes sociales y comunitarios del territorio.

Por ejemplo, en el ETCR de Colina en el municipio de El Retorno, Guaviare, quedan pocos exguerrilleros en dichos espacios. Pues sumados a quienes decidieron volver a la guerra, otros “por su propia iniciativa, vienen implementando proyectos productivos, los demás se han visto obligados a salir a buscar trabajo de jornaleros o han recurrido a sus familiares en sus lugares de origen”, asegura el informe.

Otro problema del que ya se había alertado en otros documentos académicos y medios de comunicación es la falta de coherencia entre las oferta educativa y de proyectos productivos con las trayectorias de vida de los ex combatientes. Un ejemplo de ello es la ETCR de “Charras” en san José del Guaviare, donde la mayoría de quienes integran este espacio son indígenas.

 

Pequeños grupos disidentes

 

Según el Ejército Nacional, la disidencia del Frente 1 y del Frente 7 que operan en los departamentos de Caquetá, Meta, Guaviare, Guainía y Vaupés, suman alrededor de 300 hombres quienes apuntan todas sus acciones a mantener el control de la cadena del narcotráfico, explica el informe.

Además, las fuerzas castrenses también han registrado pequeños grupos de disidentes al mando de  alias “Jeringa”, “Serpa” y “Carnitas”, operando en 3 municipios del Bajo Cauca Antioqueño: San Andrés de Cuerquia, Ituango y Briceño, “cuyo único interés se reduce a réditos de economías ilegales”.

En 4 municipios de Caquetá (San Vicente del caguán, Cartagena del Chairá, Montañita, Paujil y El Doncello) también se presentan disidencias de los antiguos frentes 14 y 17 comandados por alias “Calarcá Córdoba”, “Vladimir González” y “Benjamín”, este último también tiene un grupo que opera en el corregimiento de Vegalarga, Neiva.

Lo preocupante, dice el informe, es que estos disidentes se suman a grupos armados organizados ya establecidos, como el Clan del Golfo en Antioquia. O simplemente se presentan como grupos disidentes para mantener y generar una especie de continuidad del antiguo poderíos de las Farc sobre el control de las rutas y la producción de la coca.

 

La expansión del ELN

 

El informe asegura que el ELN sigue operando en sus regiones históricas como Arauca y Norte de Santander, pero su presencia se ha expandido a antiguas zonas ocupadas por las Farc como algunos municipios del Chocó, Cauca, Antioquia y en Tumaco.

La expansión, asegura el informe, no obedece tanto a su crecimiento numérico como sí a su autoridad creciente y el riesgo que representan por la disputa territorial que litigan con otros grupos armados, poniendo en riesgo la integridad de las comunidades donde tienen su accionar.

Un ejemplo de ello es lo que ha venido ocurriendo desde el mes de marzo en Chocó, donde el ELN ha tenido fuertes enfrentamientos con el Clan del Golfo, desencadenando homicidios de civiles y líderes sociales indígenas, desplazamiento y otras violaciones a los derechos humanos de los pobladores.

El ELN ha aprovechado, también asegura el informe, “la base social que tenían las Farc en algunos territorios” para legitimar sus avances en la mesa de Quito, y para usarlos como retaguardia de guerra; lo cual, para dicha investigación, es preocupante pues “significaría  la perpetuación del conflicto armado y de la lucha guerrillera por el poder”.

Lo anterior pone en evidencia que el ELN no solo está dispuesto a la paz por estar adelantando los diálogos en Ecuador, sino además, está preparado para continuar la guerra, pues se han apropiado de algunas rentas ilegales de antiguos territorios de las Farc y han doblado esfuerzos por evitar que otras organizaciones armadas los desplacen.

Pese al cese bilateral al fuego acordado el pasado 4 de septiembre que se extiende hasta pasadas las fiestas navideñas en enero, y aunque las acciones bélicas han disminuido, esto  no se traduce, dice la investigación, en el debilitamiento de las estructuras armadas del ELN, pues su expansión es más de carácter político, que puede ascender en esta época de cese de hostilidades.

 

De Bandas Criminales a Grupos Armados Organizados transnacionales

 

Luego que en 2016 una nueva directiva de las Fuerzas Militares declarara a las Bacrim, herederas de las desmovilizadas Autodefensas, como Grupos Armados Organizados (GAO), y pese a los contundentes golpes que la Policía Nacional le ha propinado a estos grupos, su presencia sigue aún latente, pues estos grupos siguen teniendo el poder de realizar operaciones sostenidas y concertadas contra la Fuerza Pública y la población civil, no solo con capacidad nacional, regional y local sino además transnacional,

El informe alerta sobre la multiplicación de estos GAO luego de la salida de las Farc en algunos territorios de Antioquia, Norte de Santander, Caquetá y Nariño. La Fundación Paz y Reconciliación registra 26 de estos grupos en varios departamentos: Los Pachelly, Los Triana y la Antigua Oficina de Envigado, en Antioquia; y el Clan del Golfo, el Clan del Pacífico y las Águilas Negras diseminados por municipios de distintos departamentos.

Eso sí, aún cuando los GAO siguen surgiendo, "el Clan del Golfo es la estructura criminal más grande y poderosa del país en este momento. Según fuentes oficiales cuenta con 3.500 hombres aproximadamente y controla gran parte del narcotráfico del país"

Incluso, afirma el informe, organizaciones como el Clan del Golfo y las Águilas Negras cuentan con una capacidad transnacional, gracias a las alianzas internacionales criminales que han establecido.