Un hijo de Bojayá

El apoyo a la agricultura juega un papel muy importante en la recuperación y generación de capacidades de resiliencia en las comunidades y en la restauración y fortalecimiento del tejido social en el ámbito rural.

Servando Cuesta, ingeniero de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Soy ingeniero agroforestal, hijo de Luis Servando Cuesta (q.e.p.d.) y Cruz Mosquera Quinto. Nací en la población de la Loma de Bojayá, Chocó, zona que ha sido afectada por desastres naturales y sociales. Hago parte del equipo técnico de la FAO en el Chocó desde hace siete años y apoyo a las comunidades más vulnerables en la rehabilitación de sus medios de vida, trabajando fuertemente de manera profesional y comprometido, brindando acompañamiento oportuno y continuo, entregando lo mejor de mí con humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia. Actualmente conformo una familia con mi compañera Keny Victoria Guzmán y mi hijo Jheiser Alexánder Cuesta Victoria.

Sueño con ver florecer el campo, como en mi infancia, cuando el agricultor en Bojayá era una persona independiente, ya que la producción agropecuaria le generaba recursos suficientes para su familia, como en el tiempo cuando crecí al lado de mis abuelos Griseldino Mosquera y Cruz Cenovia Quinto, y sueño con una Colombia que reconoce los derechos de las comunidades y apoya a los agricultores en términos de garantías y derechos sociales.

El campo se puede recuperar apoyando el sector rural en salud, educación, medios de comunicación y con políticas agrarias en las cuales el agricultor tenga acceso a vivienda digna, pueda organizarse y generar cadenas de comercialización de sus productos con precios justos.

Un acuerdo de paz puede ser el inicio para construir un país sin conflicto armado, pero la paz depende de cada uno de nosotros, en la medida en que estemos dispuestos a poner nuestro ladrillo para construir el castillo de la paz, y eso se logra siendo personas más justas cada día, pacientes y solidarios con los demás. Y también se requieren cambios de manera que la salud, la educación y las oportunidades para el campesino sean concretas.

Uno de los grandes retos de la FAO para apoyar a las comunidades es lograr la articulación con las instituciones y superar dificultades para seguir accediendo a las comunidades más vulnerables, que son la prioridad de la organización. Estas comunidades generalmente están ubicadas en zonas muy retiradas y dispersas, lo que requiere mayores esfuerzos en recursos económicos y profesionales para poder acompañarlas. Es importante tener presente que el trabajo que realiza la FAO con las comunidades afectadas por desastres naturales y sociales en las zonas más apartadas de nuestro país ayuda a salvar vidas al recuperar saberes y proporcionar a las familias el conocimiento y medios para rehabilitar y fortalecer sus medios y formas de vida, con base en la producción de sus propios alimentos.

El apoyo a la agricultura es muy importante en la recuperación y generación de capacidades de resiliencia en las comunidades y en la restauración y fortalecimiento del tejido social en el ámbito rural. Las comunidades rurales son altamente vulnerables debido a la cantidad de limitaciones que tienen para desarrollar la agricultura y satisfacer sus necesidades básicas. Nuestro trabajo con la FAO juega un papel muy importante en el proceso de acompañamiento a las comunidades para fortalecer y dejar capacidades a las familias participantes de los proyectos.

La reconciliación también nos puede llevar al punto de la recuperación de la confianza de las comunidades frente a las instituciones y eso se logra con el apoyo al sector rural, generando recursos y herramientas para que tengan con qué responder a las necesidades de los agricultores.

* Sobreviviente de la masacre de Bojayá e ingeniero de la FAO.