Por un nuevo acuerdo de paz

El debate público, las movidas judiciales y la presión del movimiento social se han convertido en los tres frentes de confrontación entre las fuerzas del No y del Sí, de cara a la renegociación del Acuerdo Final de Paz, que para diciembre debe tener punto final.

El equipo de negociación del Gobierno trabaja con el presidente Santos para conjurar la crisis institucional. / Presidencia
El equipo de negociación del Gobierno trabaja con el presidente Santos para conjurar la crisis institucional. / Presidencia

La histórica pero cuestionada fórmula de todas las formas de lucha se tomó la política colombiana. Esa es la principal conclusión de la tercera semana de limbo institucional después de la victoria del No en el plebiscito del pasado 2 de octubre. En la última semana se intensificó la confrontación entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el Centro Democrático de Álvaro Uribe, pero en la polvareda se alcanza a vislumbrar un camino de salida: el nacimiento de un nuevo acuerdo de paz. (Vea acá el especial A CONSTRUIR LA PAZ)

Una opción que por ahora tiene tres frentes de construcción. Primero el debate entre las fuerzas políticas. El presidente Santos ha concentrado su labor escuchando a las distintas corrientes que promovieron el No, con énfasis y presencia en las regiones donde perdió el plebiscito. Esto condujo a que, consciente de la premura en los tiempos, anunciara que hasta el jueves pasado recibió propuestas para que sus negociadores llevaran a La Habana para discutirlas con las Farc.

Así lo explicó el jefe de Estado: “Nos entregaron cientos de propuestas para lograr un nuevo acuerdo con las Farc que nos permita alcanzar no sólo una paz estable y duradera sino una paz más amplia y más profunda. Desde el primer momento dedicamos un equipo a catalogar, organizar y clasificar las propuestas recibidas. Hay muchas que coinciden y son razonables. Otras son difíciles, pero no imposibles. Y hay otras que son totalmente inviables porque parten de la base, por ejemplo, de que no hay conflicto que solucionar”.

Santos fue enfático en que esta incertidumbre institucional debe terminar pronto y que trabajará a toda marcha para conseguir un nuevo acuerdo. Además lanzó una frase que cayó mal en el uribismo: “El consejero mayor de las autoridades indígenas me dijo: ‘Presidente, usted recibió un mandato ciudadano en las elecciones presidenciales para hacer la paz. Por eso votamos por usted. Ahora con el Nobel tiene también un mandato claro y contundente de toda la comunidad internacional. ¡Cúmplalo!’. Colombianos, ¡lo voy a cumplir!”.

De inmediato el Centro Democrático respondió al mandatario calificando su actitud como desafiante y afirmó que ya eligió el camino de la confrontación y de la división. “En lugar de expresar su voluntad de discutir las propuestas que se le han presentado en muchos aspectos con ánimo constructivo, prefirió descalificar algunas de ellas como inviables, dando así pasos evidentes para desconocer la voluntad mayoritaria expresada el 2 de octubre. Estamos preparados para la batalla política, pero afirmamos nuevamente que lo que le conviene a Colombia es el acuerdo nacional para la paz”, señaló el Centro Democrático.

La colectividad que orienta el expresidente Uribe insistió en que si se consigue dicho pacto apoyará la implementación de los acuerdos y aislará el proceso de la campaña presidencial. Además reafirmó su intención de instalar una mesa técnica entre los voceros del No, el Gobierno y las Farc. Un aspecto que demuestra su intención de involucrarse de lleno en la búsqueda de una solución directa con la guerrilla.

El otro frente de trabajo es judicial. Es un secreto a voces que en esta coyuntura las partes apuestan a que la Corte Constitucional aporte una salida de emergencia. En el Gobierno, como lo dejó planteado el senador Roy Barreras, existe esperanza de que el alto tribunal le dé la razón al uribismo en sus demandas contra el plebiscito y tumbe la vigencia del acto legislativo para la paz, dejando en firme el mecanismo de fast track en el Congreso, las facultades extraordinarias para el presidente y la figura del Acuerdo Especial en los términos del DIH. Una decisión que obligaría creatividad, pues el acuerdo igual tendría que ser refrendado.

El uribismo ha visto en este camino una amenaza y ahora prefiere que la salida sea política y no jurídica. Por eso ha insistido en el camino del diálogo. En ese tira y afloje aparece el tercer frente de trabajo: la movilización ciudadana. Esta semana el país vio surgir toda clase de iniciativas. Estudiantes, artistas, mujeres, indígenas, afros o intelectuales que han lanzado propuestas y acciones para presionar la implementación del acuerdo. El movimiento ciudadano ya empieza a tomar fuerza por su persistencia, al punto que los dirigentes del No decidieron convocar una marcha para esta semana con el evidente prpósito de igualar las cargas.

El reloj corre y la cuenta regresiva parcial es el 10 de diciembre, cuando el presidente Santos viajará a Oslo (Noruega) –donde casualmente se instaló en 2012 el proceso de diálogos– para recibir el Nobel de Paz. Ese día el mandatario quiere llegar con la llave de la paz que aseguró en su discurso de posesión de 2010, no estaba perdida. La comunidad internacional se ha jugado a fondo con el proceso y espera que el galardonado logre conjurar el vendaval y entregue un nuevo acuerdo.

En La Habana se estudian propuestas del No

Este sábado arrancó en La Habana el primer encuentro entre los delegados de paz del Gobierno y las Farc para discutir las propuestas presentadas por los distintos sectores que votaron No en el plebiscito para refrendar el Acuerdo Final de Paz.

Según explicó el viernes el plenipotenciario del Gobierno, Humberto de la Calle, la discusión partirá de la base de que lo pactado en la mesa de La Habana tiene las herramientas necesarias sobre los temas fundamentales. “No debemos abandonar el compromiso de recuperar el campo, limpiar la política, contribuir a la superación del problema de la droga, reparar a las víctimas e impartir justicia”, señaló.
 
El propósito es construir una matriz que contenga todas las propuestas y permita revisar las viables y discutir las que plantean mayor dificultad. En ese camino, los delegados del Gobierno se comprometieron a informar sobre la marcha de los avances y resultados de las conversaciones. Aunque las partes no han dejado claro cuánto pueden tardar las deliberaciones en Cuba, el jefe negociador del Gobierno insistió en que el objetivo es conseguir un pronto acuerdo para evitar un retroceso en el camino ya andado, sobre todo teniendo en cuenta que aunque el cese de fuego se mantiene y se ha cumplido, la situación sigue siendo frágil.

 

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