Una foto en medio de la guerra

Más de dos meses de trabajo requirió hallar una imagen que reflejara la Cumbre de Arte y Cultura para la Paz, que comienza el 6 de abril.

Jesús Abad Colorado

Escogerla no fue sencillo. Debía ser capaz de transmitir, de preguntar, de cuestionar y a la vez ser dramática y poética.

Durante la búsqueda se revisaron más de 14 propuestas, pero Santiago Trujillo, director del Idartes, cuenta que todas carecían de la fuerza y la contundencia de una imagen inspiradora que permitiera transmitir ese espíritu de búsqueda de la paz en el país y, además, que también pudiera expresarlo a través de una imagen profundamente artística.

En medio de la curaduría que se hizo de distintos artistas, gestores, intelectuales, académicos y líderes sociales que iban a asistir a la cumbre, apareció el nombre de Jesús Abad Colorado, considerado uno de los fotógrafos y reporteros gráficos más importante en el cubrimiento del conflicto colombiano.

“Él es una persona que no solamente ha retratado desde lo periodístico, sino también desde lo estético, lo artístico y lo poético el conflicto armado en Colombia —dice Trujillo—. En sus distintas participaciones en publicaciones, periódicos y exposiciones ha quedado claro que Jesús Abad no solamente es un gran reportero gráfico, sino sobre todo es un gran artista de la imagen y la fotografía”.

La fotografía es la de un hombre que sostiene una bandera blanca, pero detrás de ella se esconde una historia que tiene toda la fuerza y el significado que se buscaba. Abad cuenta que se hizo en medio de la tragedia de Bojayá, una de las peores en los últimos 50 años en Colombia, cuando el 2 de mayo de 2002 se enfrentaron paramilitares y guerrilla y 79 personas murieron dentro de una iglesia.

“Yo llegué el 5 de mayo —recuerda Jesús Abad Colorado—. Fui el primer periodista y reportero gráfico que llegó al lugar. Iba acompañando una misión de la Diócesis de Quibdó, cuando todavía no había presencia de la Policía ni del Ejército, ni tampoco había asistencia humanitaria”.

Atendió la petición de la gente de que se quedara e hiciera, a través de las fotografías, testimonio de lo que estaban padeciendo. Abad asegura que se hubiera podido prevenir, porque la Iglesia, la Defensoría y otras instituciones habían advertido que sobre los pueblos ribereños había numerosos hombres armados.

Después de varios días de enfrentamiento, mientras el Ejército avanzaba por el río Atrato, la guerrilla lo atacó usando las casas de los habitantes como escudo. Los militares dispararon sobre las casas, pero tuvieron que replegarse sin poder llevarse a los civiles heridos, porque ya eran más de las cinco de la tarde.

“Sólo al día siguiente la guerrilla permitió que las familias evacuaran a sus heridos hacia Vigía del Fuerte, donde estaba yo con las misioneras de la Madre Laura”, dice Abad Colorado. En el fuego cruzado, una bala perdida había herido a Ubertina Martínez, quien no logró llegar con vida, y su esposo, Aniceto, se vio obligado a enterrarla en medio de un bosque cercano, porque era imposible llevarla a su pueblo.

“Para eso usamos la bandera, que era la sábana de la cama de una de las monjas y que va en la punta de la lancha y la lleva un vecino. Ahí iban Aniceto, el padre de Ubertina, tres monjas, el cuerpo de Ubertina y yo”. El reportero gráfico sostiene que esta foto busca ser un documento o un testimonio del horror vivido allí, cuando mucha gente seguía pidiendo la guerra sin saber lo que significaba.

El desenlace y los detalles de la historia son parte de lo que Jesús Abad Colorado contará en una conferencia en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán durante la cumbre, cuando se haga el lanzamiento para el país de su libro Mirar de la vida profunda, que reúne varias de las fotografías que ha capturado a lo largo de más de 25 años de carrera.

“Es una historia profundamente contundente y conmovedora de alguien reclamando, casi que desesperada pero también poéticamente, la paz del país”, dice Santiago Trujillo, y anota que el efecto que produjo fue tal que logró poner de acuerdo a todo un grupo de artistas que intervinieron en su escogencia. “Esa imagen es una fuerza, es un llamado”.

Además, según el director del Idartes, tiene lo que para él diferencia muchas veces a la publicidad del arte, pues asegura que la publicidad lo quiere decir todo una, dos, tres o hasta 20 veces y no dejar casi nada al pensamiento del otro, “pues asume la creatividad como un derecho del mensaje y en la mediación no puede quedar ninguna pregunta. En cambio, esta imagen deja muchas preguntas, pero también da muchas respuestas. Es una imagen incitadora”.

Por su parte, Abad dice: “Es una imagen real, no construida, que representa lo que han hecho las víctimas en Colombia durante muchas décadas. Representa lo que las personas, especialmente los campesinos, han hecho: levantar su mano con un trapo blanco en medio de acciones de guerra cuando lo que menos les ha importado a los victimarios es la vida de los civiles”.

Y añade que es una bandera que se convierte en un clamor nacional para que cesen todos los fuegos, cesen las palabras de odio y venganza, que buscan dividir al país entre buenos y malos. Su intención al tomar esa y muchas otras imágenes no es estetizar en medio de la guerra. “Quizás sea poética, pero también desgarradora en medio de la soledad, en medio del silencio de un país que no se solidarizó con las víctimas cuando la gente se estaba ahogando con la tragedia”.

Una fotografía que habla de un compromiso que Jesús Abad Colorado asumió desde que estudiaba en la universidad, que habla de una violencia que su familia vivió en carne propia, que él mismo ha palpado a través de su lente y que ha dejado —según datos de la Alta Consejera para la Reparación de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación— un registro que ya supera los 7 millones de víctimas.

El reportero Abad 

 
Desde hace más de 20 años, Jesús Abad Colorado ha convertido sus retratos en un modo directo de reportar la guerra sin necesidad de una sola palabra. Terminó Comunicación Social en la Universidad de Antioquia en 1992 y conoció de primera mano la guerra con el asesinato de dos miembros de su familia. “Fueron crímenes que se quedaron en el olvido y la impunidad. Lo que rescato es que mi familia nunca optó por la venganza; nunca nos enseñaron a odiar”, recordó en un perfil que le realizó KienyKe. Ha relatado con sus fotografías, por ejemplo, las consecuencias de las masacres de Bojayá, Segovia y El Aro y el homicidio del líder indígena Lisandro Tenorio Trochez. En Madrid, hace cerca de un mes, lanzó su libro “Mirar de la vida profunda”, que recopiló parte de su trabajo, difundido en medios como “Semana” y “El Colombiano”.

 

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2015-03-22T21:30:53-05:00

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Carlos Barajas Villamil

Posconflicto

Una foto en medio de la guerra

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