Una súplica al ELN por la liberación de Édgar Torres Prestán

El médico tiene más de tres años desaparecidos y nadie dice nada sobre su paradero. Su madre se aferra a la esperanza con los anuncios de la mesa de diálogos con el grupo guerrillero.

Ruth Prestán, madre de Édgar Torres, pide por la liberación. Íngrid Lloreda / Tomada de elafrobogotano.com.co

Una de las condiciones que puso el Gobierno para iniciar la mesa de negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) es que liberaran a todos los secuestrados. Y eso ha empezado a pasar.

En las últimas semanas han recobrado la libertad varias personas que habían sido plagiadas en los últimos meses por el grupo guerrillero y, con estos hechos, ha renacido la esperanza de muchas familias que tienen seres queridos refundidos en algún lugar de las vastas selvas de Colombia.

Pero nadie dice nada de Édgar Torres Prestán, quien fue bajado de una lancha que se desplazaba por el río San Juan, en el Chocó, el 3 de septiembre de 2013, cuando tenía 27 años. Hombres armados, al parecer del ELN, interceptaron la embarcación y dijeron su nombre. Aunque no hay certeza sobre quién lo tiene, toda la información recolectad apunta a que su libertad fue coartada por el grupo guerrillero.

Nadie sabe dónde está hoy y nadie, ni el Gobierno ni en ELN, se ha pronunciado sobre el paradero o sobre la vida de Édgar durante estos tres años. Él había terminado su carrera como médico en una universidad de Cartagena y, en el momento de su plagio, realizaba el año rural en la región. Se desplazaba entre el corregimiento de Palestina, del municipio Litoral del San Juan, hasta Sipí o hasta Itsmina. (Lea: Édgar Torres Prestán, el secuestrado del que nadie se acuerda)

Esa era su rutina hasta el día en que nunca llegó a su destino. La primera que se enteró fue su novia y hoy a su familia entera la mortifica la incertidumbre. Hace seis meses, Ruth Prestán Carrascal, su madre, contaba la historia para El Espectador y hoy, en vísperas de la instalación de una mesa de paz con el ELN, no puede evitar quebrarse y llorar por el hijo a quien le dio todo.

“Lo único que le pido a esa gente es que me liberen a mi hijo, que me lo den pronto. Mi hijo es mi razón de vivir, que me digan lo que pasa, lo que sea, pero que me lo digan ya para no tener tanto dolor”, cuenta Ruth desde Cartagena, a donde viajó desde Acandí, una población fronteriza con Panamá, para mitigar su suplicio en compañía de su familia.

Sin embargo, confía en que, con los anuncios recientes del grupo guerrillero, su hijo pueda regresar a su casa. “Ellos son padres y madres, tienen mamá e hijos. Que liberen a todos los secuestrados para que las madres no vivamos con tanta angustia”, dice.

Sus palabras, en medio del llanto, lamentan a toda hora la decisión que tomó Édgar de irse al Chocó, así haya sido con la mejor intención. “Él se empeñó en ir allá porque iba a dar lo mejor de él y a compartir lo que sabía con el Chocó. Yo le decía que no se fuera, pero me contestaba: 'Mami, yo tengo que ir porque allá hay mucha gente humilde’”.

Ruth se aferra a la divinidad y le suplica al ELN por una sola noticia de la vida de su hijo. Lo quiere sano y salvo para no llorar más.

 

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