Vía cerrada entre paz y reelección

Se acabó el tiempo. El presidente Santos ya tiene que decidir si va o no por la reelección. Y las Farc, si realmente les interesa la paz.

El presidente Juan Manuel Santos con beneficiarias del programa Familias en Acción en Buenaventura, Valle del Cauca. / Presidencia

Conteo regresivo es la expresión que resume el ambiente político en Colombia. Para el presidente Juan Manuel Santos, en su decisión de aspirar o no a un segundo mandato, y para el proceso de paz con las Farc, que entró en una fase crucial. Dos afanes que hacen parte de la misma disyuntiva. Si Santos dice que sí es porque, como lo aseguró esta semana en Villavicencio, quiere terminar su trabajo, es decir, concretar la paz con la guerrilla. Pero ese sí está amarrado a que las Farc sigan en la mesa de diálogo hasta concretar un acuerdo final, ojalá antes de las elecciones de 2014.

Todo apunta a la reedición de la figura del presidente-candidato. Al menos la Procuraduría ya lo intuyó y hace una semana se adelantó esgrimiendo una férrea aplicación de la Ley de Garantías. El expresidente Álvaro Uribe también lo ve venir y en su pelea contra el proceso de paz sostuvo que Santos y las Farc planean una constituyente el año entrante. Los rumores políticos van y vienen, pero la mayor incógnita es el sigilo del hoy principal escudero del jefe de Estado: su exministro Germán Vargas Lleras, al mismo tiempo su “gallo tapado”.

Si Santos no va por la reelección, lo cual hoy parece improbable por las señales de los últimos días, Vargas Lleras sería el plan B. El dilema es que el ahora presidente de la Fundación Buen Gobierno tampoco es muy amigo de los tratos de paz con las Farc. Sin embargo, en los mentideros políticos cabe también como fórmula vicepresidencial. Recordando al expresidente López Pumarejo, el primer mandatario recalcó esta semana que a la gente le gusta ver caras nuevas en los cargos oficiales. Santos y Vargas Lleras suenan unidos o complementarios.

De una u otra manera, todo pasa porque las Farc se decidan a avanzar en serio. Y en la actual coyuntura, después del acuerdo sobre participación en política, el paso adecuado sería un anuncio de intención que ratifique su voluntad de insistir en el fin del conflicto. Además, como un gesto en estos tiempos apremiantes, una tregua unilateral para que el fin de año llegue acompañado por la distensión. No es fácil, porque empieza a quedar claro que hay frentes remisos, pero el reloj es implacable y como están las cosas, es ahora o nunca.

Es tal la incertidumbre respecto a estos temas, que a menos de cuatro meses de la renovación del Congreso de la República, aparte de la lista del Centro Democrático, con el expresidente Uribe a la cabeza, nadie expone sus cartas en los demás frentes políticos. Como si todos estuvieran esperando el mismo partidor: el anuncio del presidente Santos sobre la reelección. Una vez más, la paz es el tema central de la campaña electoral. Como en los tiempos de Betancur, Barco, Gaviria, Samper, Pastrana y el mismo Uribe. Sólo que ahora parece verse una luz al final del túnel.

Está previsto que mañana empiece la decimoséptima ronda de negociaciones en La Habana (Cuba). Después del espinoso debate sobre la participación en política, que se gastó seis meses, comienza la discusión sobre narcotráfico. Se dice que desde ahora van a ser más cortos los tiempos de los encuentros entre las delegaciones de Gobierno y guerrilla. Comprensible después de superar las tensiones del acuerdo político. Pero irremediablemente todo está sujeto al debate electoral, sobre todo porque Santos ya descartó cualquier pausa.

La noticia del plan para asesinar al expresidente Álvaro Uribe y el fiscal Eduardo Montealegre causó un lógico remezón en el país. Las Farc han dicho que en su momento van a decir qué hay detrás de los anuncios del Ministerio de Defensa. Cierto o no, la duda es la guerra misma. Un asunto es la mesa de diálogo en La Habana y otro la confrontación armada en Colombia. La prueba también son los operativos militares contra alias el Paisa, jefe de la columna móvil Teófilo Forero. Lo más fácil es seguir la guerra. Lo difícil, hacer la paz.

En palabras del presidente Santos, “prefiero mil veces construir más escuelas que batallones de alta montaña. Por eso la paz es tan rentable y por eso voy a insistir en conseguirla. Voy a perseverar para llegar a ese puerto de destino”. Señales inequívocas de que la apuesta es el diálogo, y éste no tiene otro camino que la reelección presidencial. Seguramente no le gusta al primer mandatario, pero como están hoy las cosas, le toca. No le favorecen las encuestas, pero en este momento tampoco existe en el escenario político un rival que genere riesgo.

De cualquier manera, la suerte está echada. Es cierto que hay dificultades a la hora de saldar las cuentas de las Farc con la justicia. También es claro que no hay nada definido respecto a cómo se va a transar con la justicia internacional o se van a defender y garantizar los derechos de las víctimas. Pero a diferencia de hace una década, hoy impera una necesidad de paz. Hay saturación de guerra. Y en esa perspectiva, no hay reversa frente a la expectativa de que se necesita persistir en los diálogos antes que dar paso a los horrores de la violencia.

Esta semana es de anuncios. En el marco del primer año del proceso de paz, que se formalizó en La Habana el 19 de noviembre de 2012, no caben aplazamientos. A Santos le llegó la hora de esgrimir la llave de la paz que dijo tener en su bolsillo el 7 de agosto de 2010, cuando asumió la Presidencia de Colombia, y anunciar si por esa causa buscará cuatro años más de mandato. Por su parte a las Farc, así sea a regañadientes porque su guiño puede favorecer al Gobierno, también les corresponde tomar decisiones. La cuenta regresiva entró en su recta final.