Agenda presidencial 2022, entre fantasmas e imperativos

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En medio del “boom” de referendos y el desfile de precandidaturas, el uribismo, un peso pesado de la escena político-electoral, fijó su agenda presidencial, pero basada en viejos inamovibles como derogar la JEP. ¿Será ese el derrotero otra vez? ¿O habrá cabida para una agenda pospandemia?

No hay pandemia, tasa de desempleo o crisis económica que valga cuando de política y poder se trata. Aun cuando restan dos años para la contienda presidencial, desde ya hay reacomodos, propuestas, insinuaciones y vaticinios con miras a 2022. Y si bien cada día aflora otra precandidatura que promete salvar al país, hay un veterano y avezado jugador que lanzó los dados y desnudó su agenda. Se trata del expresidente Álvaro Uribe, quien insistirá en viejos fantasmas que le dieron réditos en el pasado. Sin embargo, en medio de la que se prevé será la peor recesión en un siglo, cuando en las calles abunda más el hambre que el contagio y el desempleo amenaza más que el virus, parecen ser otras las prioridades de la Colombia de la pospandemia.

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Los nombres para encauzar el país pululan desde todas las trincheras políticas -ya se ventilan, incluso, referendos-, pero las propuestas y una agenda concreta que permitan atajar el declive no dejan de ser difusas. En medio de ese panorama surgió la proclama de Uribe, quien nuevamente advirtió un “riesgo socialista”, persistió en “el fracaso de Venezuela” y trajo a la arena un debate que se daba por superado en el terreno político-electoral: derogar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y, por ahí derecho, meterle mano a lo acordado en La Habana (Cuba). Sentenció el también exsenador su memorial de agravios con una máxima que ya toma vuelo propio y que abre el camino formal de la puja presidencial: “Ojo con el 22”.

Ajustada o no a la “nueva realidad” y a los desafíos que desde ya retumban, lo cierto es que la agenda del Centro Democrático, hoy inquilino de la Casa de Nariño, no convence ni a los propios aliados del Gobierno. Aunque desde los conservadores el senador Efraín Cepeda reconoce que la campaña se inició, según él, con un accionar populista de la izquierda, admite que “es momento de darles una mano a los colombianos desempleados y en pobreza extrema”. De acuerdo con el parlamentario, quien ve en el mandato Duque una “administración seria”, ante la crisis “nadie tiene la verdad revelada” y hay que contemplar “propuestas serias y pensar en la gente”.

Desde la U, el senador Berner Zambrano manifiesta que al Gobierno no le conviene desgastarse en modificar temas relacionados con el Acuerdo de Paz, “que se deben respetar y mirar hacia delante”. Por ello aboga por recuperar la economía nacional, atajar el desempleo y de una vez por todas concentrarse en las regiones, las más golpeadas por la pandemia. “Hay muchos temas que se proponen y no se van a alcanzar a presentar, y que, por más partido de gobierno que seamos, no podemos apoyar. Acá no se trata necesariamente de acatar todo. Lo que urgen son mecanismos para que lleguen a las regiones y las dinamicen”.

Incluso en Cambio Radical -independiente, pero en coqueteos frecuentes con el Ejecutivo- le montaron competencia al referendo que plantea el uribismo (ideado no solo para derogar la JEP, sino para disminuir el Congreso y consagrar un ingreso solidario). El contrarreferendo lo lidera el senador Rodrigo Lara, quien aboga “por la libertad, el empleo, la justicia social, el rescate de microempresas y un plan de reactivación económica”. Para el congresista, hay que superar “la trampa electoral de dividir al país y el viejo antagonismo entre paz-guerra”, para pensar en el futuro.

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En la colectividad hay, además, quienes en voz baja y pidiendo el anonimato marcan distancia del uribismo, alegando que su agenda no convence y que la gente le terminará pasando cuenta de cobro al Gobierno y su partido por el manejo de la pandemia. “Uribe se desplomó con este gobierno, necesita revivir viejas discusiones y polarizar entre su gente y (Gustavo) Petro”, dice un parlamentario.

En la orilla liberal, el senador Guillermo García Realpe insiste en que lo que plantea Uribe no es la agenda que necesita Colombia, sino la agenda alrededor de sus problemas con la justicia, las cortes y la paz. “Con eso lo que hace es acortarle tiempo a Duque. El jefe del presidente le cortó su período, y arrancó la campaña faltándole año y medio de gobierno. Eso perjudica a Duque, lo puso en interinidad”, explica, precisando que se requieren soluciones para la desigualdad, el desempleo, la pérdida del aparato productivo y la violencia. “Urgen reformas para la reactivación productiva del país”.

Desde la oposición -como es obvio- las críticas se intensifican y hay acuerdo en que el derrotero será garantizar una renta básica y plantear una agenda de impulso económico que haga frente a los dos puntos más recurrentes: desempleo y pobreza. “Hay que pasar la página de las Farc. No se puede tener a Colombia condenada al pasado y a esa guerra, que es rentable en lo político-electoral”, expresa la senadora Angélica Lozano, de la Alianza Verde, quien menciona también las necesidades en materia de salud, medioambiente y justicia.

En esa línea, el senador Gustavo Bolívar, de la Lista de la Decencia, sostiene que el mayor lío, después del altísimo endeudamiento en el que quedará el país para conjurar la crisis, es la situación de derechos humanos y el fenómeno de violencia, masacres, homicidios y asesinatos que tienden a recrudecerse y que reclaman su propia agenda. Para Bolívar, lo que plantea Uribe es “hacer más mediático el reemplazo de Duque, que los mismos problemas que dejará el presidente”.

De acuerdo con la profesora Cristina Echeverri, del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, aunque es irresponsable vaticinar algo desde ya, destaca que la agenda de país que abrió el Acuerdo de Paz no puede pasar por alto y no debería someterse a modificaciones. “Se está planteando un camino distinto frente al uso de la fuerza y la JEP que, de a poco, está mostrando resultados. Las declaraciones de las Farc sobre Álvaro Gómez son la muestra de que la sociedad está hablando de temas que antes no estaban. Hay un reacomodo de discursos y de actores. Eso es lo que está en juego”.

Si bien hay sendas coincidencias frente a la agenda de aquí a 2022, en lo que hay diferencias entre académicos y políticos es si el discurso del uribismo nuevamente le funcione para mantenerse en el poder. “Uribe está en el ocaso de su carrera. Tiene gasolina, pero el país no está para fantasmas”, dice Angélica Lozano. A su turno, Bolívar señala que Uribe juega en dos aguas, la de su impopularidad, “que no es peligrosa”, y la de sus mayorías en el Congreso, que sí plantea retos y podrían llegar a caminarle a su agenda.

En esa línea, Mauricio Jaramillo, profesor de la Universidad del Rosario y analista político, explica que aun con las mismas ideas y un discurso de antaño, la agenda del uribismo puede terminar calando de nuevo y prosperando. ¿La razón? No solo por sus antecedentes (en plebiscito y elecciones de 2018, cuando la colectividad hizo de ese discurso una “ventaja electoral”), sino porque hoy tiene algo que no tienen la izquierda ni el centro político: unidad.

“Los verdes, Petro, el MOIR y el liberalismo se ven fragmentados y tirando cada quien para su lado, pese a que buscan unidad y puntos de encuentro. El uribismo, en cambio, es la fuerza mejor preparada por su cohesión y claridad ideológica”, opina. De acuerdo con Jaramillo, aunque es incierto si el expresidente y su partido una vez más gozarán de mayorías en el Congreso y logren poner presidente, hay un hecho concreto: “Serán una de las fuerzas políticas más hegemónicas y determinantes del escenario político. No hay duda”.

La disputa en la arena política apenas empieza, y a medida que se comiencen a decantar las candidaturas, cada quien arreciará en su discurso y en sus máximas. La última palabra la tiene la ciudadanía, la que en este caso particular está llamada a decidir qué es lo que quiere reactivar.

Jgonzalez@elespectador.com

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