Alta tensión en el proceso de paz tras recrudecimiento de ataques de las Farc

Farc ahora dejaron sin luz a Caquetá, más derrame de crudo en Putumayo y tres policías muertos y dos heridos en Cauca.

Guerrilleros de las Farc volvieron a derramar petróleo ayer en zona rural de Puerto Asís, Putumayo. / Colprensa

Una nueva oleada de ataques de las Farc a la infraestructura y a unidades de la Fuerza Pública devuelve la alta tensión al proceso de paz que se desarrolla en La Habana, Cuba. Y aunque es regla de oro que los diálogos se desarrollen en medio de la confrontación armada, no cabe duda de que cada disparo en Colombia tiene repercusiones en la mesa de conversaciones. Por eso hay quienes piensan que ha llegado el momento de replantear esa norma y avanzar cuanto antes en un acuerdo de cese bilateral y definitivo del fuego.

Esta semana los titulares de prensa han estado dedicados a la guerra. Según un informe de la Defensoría del Pueblo, desde el pasado 27 de mayo, cuando las Farc levantaron la tregua unilateral (que se mantuvo por cinco meses), se han registrado “20 ataques guerrilleros con consecuencias directas para la población civil”. Ayer dinamitaron una torre de energía y dejaron sin luz a todo el departamento del Caquetá, al tiempo que se conocía de un nuevo derramamiento de petróleo en Puerto Asís (Putumayo) y el ataque a una patrulla de Policía en el Cauca, el cual dejó como resultado tres uniformados muertos y dos más heridos.

Al respecto, Rodrigo Granda, plenipotenciario de las Farc en la mesa de diálogos, dijo en entrevista con RCN Radio que no buscan ocasionar daños al medio ambiente o a la población civil, pero que la dinámica de la guerra los conduce a acciones de este tipo. También sostuvo que esto demuestra la necesidad de avanzar hacia el cese bilateral de hostilidades. “Con una tregua bilateral se evitarían los daños ecológicos a la infraestructura y a la economía, y las muertes de civiles, policías, soldados y guerrilleros”, señaló el jefe insurgente.

Para las Farc, los ataques a la infraestructura eléctrica y petrolera hacen parte de su táctica militar y cumplen dos funciones: obligan a que las unidades de la Fuerza Pública se concentren alrededor de pozos de producción, oleoductos o torres de energía, reduciendo el número de activos en operaciones contrainsurgentes, y son un mecanismo de presión sobre la necesidad de pactar un cese bilateral, así como buscan mostrar cuál sería el panorama si se acabaran los diálogos de paz.

Pero desde la otra orilla, la del Gobierno y la de gran parte de la ciudadanía colombiana, estos actos son reprochables y por eso les pasan la cuenta de cobro a las Farc. El presidente Juan Manuel Santos, por ejemplo, calificó los recientes ataques como acciones terroristas y agregó que “nadie se explica este tipo de actuaciones, (…) sobre todo de un grupo que aparentemente quiere buscar la paz. Si esa es la forma de buscar la paz, si esa es la forma de buscar apoyo para ese proceso de paz, se equivocan de cabo a rabo, porque lo que están generando es exactamente lo contrario”.

Más duramente reaccionó el saliente ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, para quien “los jefes de las Farc tienen mentalidad de burros”. “No lo puedo definir de otra manera, porque no es posible que en un país donde todo el mundo está hablando de paz a estos señores se les ocurre afectar a ese pueblo colombiano, al que se le está agotando la paciencia. Esta gente está desprestigiando los esfuerzos tan importantes que en materia de paz hasta ahora se han logrado”, enfatizó Pinzón y anunció de paso una contraofensiva militar contra esa guerrilla.

Para el presidente del Senado, José David Name, ha llegado el momento de ponerle un ultimátum a las Farc, de manera que, si vuelve a haber un atentado, los negociadores del Gobierno deberían pararse de la mesa. Un pronunciamiento que horas antes había tenido respuesta por parte de Rodrigo Granda: “Mientras sigan los bombardeos y los operativos contra las Farc, no nos vamos a quedar con los brazos cruzados esperando a que nos caigan bombas de 500 o mil libras sobre la cabeza”.

Así, mientras los delegados del Gobierno y las Farc buscan un entendimiento en los dos últimos puntos de la agenda de diálogos y se preparan para el próximo ciclo de diálogos, que empezará el 17 de junio, en Colombia la Fuerza Pública y la guerrilla viven una fuerte intensificación de la confrontación armada y el resultado, sin duda, es que cada gota de sangre y cada traza de pólvora vertidas en Colombia se sentirán en la mesa de diálogos de La Habana.