Animal político

El expresidente regresó al Congreso como senador, liderando la influyente bancada del Centro Democrático, y volvió a ser el referente de la estrategia oposicionista al segundo gobierno de Juan Manuel Santos.

/ AFP

El expresidente Álvaro Uribe fue un ganador en 2014. La intensa campaña política del año así lo demostró. Uribe alcanzó 20 curules en el Senado y 19 en la Cámara, además de una pelea intensa por la Presidencia de la República. Durante el año se realizaron tres elecciones: dos presidenciales y una legislativa. Por lo tanto, en un período en que la conversación nacional se centró principalmente en el debate político, la atención estuvo en quien representa la mayor fuerza política individual de nuestra nación y esa persona es el expresidente.

Así las cosas, el éxito del Centro Democrático en las legislativas está lejos de ser una coincidencia. La fórmula de la lista cerrada parece haber sido diseñada a la medida de sus necesidades, pues logró sus importantes escaños al alinearse tras un líder férreo, trabajador y constante como él. De la misma manera, fue Álvaro Uribe quien manejó los hilos de la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga, que ganó durante la primera ronda presidencial y se perfiló siempre bien hasta el día de las votaciones definitivas. En 2014, Uribe consolidó su imagen como animal político.

Una vez en el Congreso, demostró en este año temple y disciplina. Su partido fue el único que no faltó a las plenarias y que además siempre estuvo presente en los debates. Se sabe que esto es así y que actúa como mariscal de campo, pendiente de todo detalle. Es conocido el trabajo intenso por el que pasan sus legisladores cuando trabajan en sus proyectos y presentaciones, que son aprobados directamente por él.

Se puede estar de acuerdo o no con sus posturas sobre economía y el proceso de paz. Se puede tener una imagen positiva o negativa de él, de las personas que lo rodean o de sus defensores mediáticos, pero la realidad es que todo lo que tiene que ver con Uribe siempre termina regresando a su personalidad y su figura omnipresente y poderosa, que goza de gran ascendencia en un destacado sector nacional.

Sus contradictores este año lo señalaron en abundancia. No fueron pocas las críticas que le hicieron sobre cómo disparó acusaciones que hicieron titulares contundentes en la prensa, pero que a la hora de ser corroboradas dejaron mucho que desear. También se le cuestionó por ser un hombre de palabras y cifras rápidas, que dejaron sin réplica a sus adversarios, pero que tras un análisis más pausado dejaron espacio para debate. Y fue precisamente esa pasión al comunicarse lo que terminó distanciándolo de algunos medios tradicionales, que muchas veces solo contaron con sus posturas temáticas expresadas a través de twitter.

También en el debate nacional quedaron sinsabores relacionados con él. El escándalo del hacker, sus exministros eludiendo la justicia por fuera del país y el debate político paramilitar que revivieron sus contradictores en el Congreso, ensombrecieron su figura, pero si se tienen en cuenta los sondeos de opinión, poco afectaron su imagen positiva.

2014 fue un año de pasiones para Uribe. Él las genera, las padece y las vive. La gente lo ama o lo odia. Él odia o ama. Y en ese mundo donde él es el centro y el fin, no hay punto intermedio. ¿Es esa la mejor alternativa para el país? Cerca de la mitad de esta nación piensa que es así.

* Director de Noticias Caracol