Los desafíos del nuevo jinete

Reconocer y trabajar por la inequidad, ofrecer beneficios tributarios no sólo a los inversionistas, generar empleo y mejorar los salarios deberán encabezar la agenda.

En un lenguaje equino, como el que le gusta al presidente saliente, Álvaro Uribe Vélez, el país quedó domado de lomo, pero aún le falta ser domado de adiestramiento. El potro salvaje que recibió en el año 2002 estuvo corcoveando por cuenta de narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo e inestabilidad económica, sacando por los aires a sus predecesores, mientras que Uribe soportó no sólo los ocho segundos exigidos en las pruebas de rodeo con toros, sino ocho años consecutivos y con ganas de mantenerse encima.

Sin embargo, el arreglo del lomo suele dejar los peores resabios en un caballo y hasta dañarlo permanentemente para su posterior monta, de ahí que el presidente Juan Manuel Santos no sólo tiene retos hacia futuro, como es el de adiestrar el caballo para su cómodo manejo y convivencia, sino también necesidad de enderezar ciertas mañas que, de no corregirse, pueden poner en grave peligro la vida del jinete.

El mayor resabio a corregir en materia económica es un modelo de acumulación que da prioridad, casi exclusiva, a inversionistas sobre los intereses de una mayoría de clase trabajadora. Modelo que estimula el capital en detrimento de la mano de obra en el proceso productivo, mediante gabelas tributarias y subsidios públicos, dirigidos más a empresas o gremios particulares que a una sana práctica por mercados.

Por lo anterior, se acentuó la inequidad social, pues mientras en los últimos ocho años el salario mínimo aumentó en pesos constantes en apenas 9,15%, por debajo del crecimiento real acumulado del PIB; en ese mismo período el valor de las empresas, medido por el índice de la Bolsa, se incrementó 1.200% y las utilidades del sector financiero hasta 700% en términos reales, haciendo más difícil la movilidad social, por lo inalcanzable que se hacen las propiedades para quien apenas tiene para sobrevivir.

Y para corregir esta peligrosa inequidad es necesario reconocerla y no tratar de esconderla con esotéricas estadísticas para desvirtuar el hecho de ser Colombia el sexto país de mayor inequidad en el mundo y el segundo peor en América Latina después de Haití. Ese resabio de manejar estadísticas y que en el gobierno saliente cobró las cabezas de dos directores del DANE, será otro resabio a corregir.

Y como a todo caballo hay que cuidar sus patas, en lo económico serían la confianza inversionista, el equilibrio fiscal, el comercio internacional y el empleo, siendo este último el más importante objetivo, y no sólo un medio, como ha sido hasta el momento.

Pero no basta con puestos de trabajo, es necesario mejorar su remuneración y calidad, y ello equivale a una medida redistributiva para cambiar la capacidad de usufructuar el crecimiento de la economía, no sólo por el dueño del capital, sino también, y en mejor proporción, por el trabajador. Esto significa una posición del Estado más moderada en sus consentimientos al inversionista, tanto en materia de exenciones tributarias como en materia de carga tributaria, aunque eso signifique a ojos de muchos perder atractivo para la inversión.

La inversión seguirá llegando en materia petrolera o minera, pues al ser recursos no renovables, por su limitada existencia seguirán siendo apetecidos por nacionales y extranjeros, así el dólar caiga a $1.500; a diferencia de otras exportaciones que con la revaluación seguirán desapareciendo, si los anunciados fondos de estabilización no entran a moderar la global tendencia devaluacionista del dólar.

Y como todo buen jinete, sabe que en el adiestramiento no se le gana al caballo con fuerza, aunque esta fue la esencia misma de la Seguridad Democrática. Para lograr la Prosperidad Democrática son necesarias la inteligencia y sensibilidad, más que los reflejos y la fuerza bruta que requirió el amanse de lomo. Esto significa fortalecer la institucionalidad por encima de los personalismos o caudillismos, respeto por la separación de poderes —en especial por el Poder Judicial sobre el que recae la seguridad jurídica—, y respeto por la propiedad privada que se ha logrado.

También respeto por el Congreso, que debería recuperar la iniciativa presupuestal para hacer más representativo el gasto público con cada región. Así perdería protagonismo el asistencialismo populista, para que gane terreno el ingreso basado en el trabajo y la competitividad, mediante obras de infraestructura física e inversión en capital humano, que no se limiten sólo a ampliar nominalmente la cobertura en salud y educación, sino que signifiquen herramientas útiles de movilidad social para los ciudadanos de menores recursos.

Rienda corta para no retroceder en seguridad, pero aplicando zanahoria para acelerar la marcha, en una senda en la que los privilegios de crecimiento no lleguen sólo al 10% de la población, que se queda con casi el 50% de la riqueza de Colombia y se entienda que la equidad también es negocio y un acelerador del bienestar.

 *Profesor del CESA.