Decálogo de política exterior

Los asuntos más urgentes que deberá resolver la canciller María Ángela Holguín.

De la declaración de principios que han suscrito los integrantes de la nueva administración de Juan Manuel Santos —que ojalá se cumplan— algunos serán imprescindibles para construir un verdadero decálogo de política exterior. Veamos.

“Respetamos las diferencias y cederemos ante argumentos”.  En el plano político, y como han señalado múltiples analistas, la prioridad del gobierno entrante tiene que ser la recuperación de las relaciones con América Latina, en especial los países suramericanos, especialmente los vecinos. Como corolario, ello debe potenciar el mejor uso de espacios multilaterales como Unasur, frente a los cuales la actitud colombiana ha sido reservada y defensiva, sobre todo cuando Estados Unidos no es país miembro.

En lugar de confrontar y contener posiciones y discursos contrarios a los suyos, Colombia debe aprender a explicarse de manera más convincente —como lo demuestra la deplorable presentación del embajador colombiano ante la OEA de las denuncias sobre Venezuela— y anticiparse mejor a los escenarios en los que actúa —como lo sugiere el mal manejo del acuerdo con Estados Unidos sobre las bases militares—. Todo lo cual exige no sólo escuchar, sino respetar los argumentos de otros países. 

“El sistema de gobierno será efectivo, centrado en resultados y medible”. Es imperativa una reforma del Ministerio de Relaciones Exteriores y de la carrera diplomática que permita al primero definir la política exterior y articular a las distintas entidades públicas, evitando así “ruedas sueltas” —como ha ocurrido en el caso del Ministerio de Defensa— y a la segunda obtener un mayor nivel de excelencia y competitividad internacional.  Además de la elaboración de planes estratégicos e indicadores sobre las actividades colombianas en el exterior, deben existir, aquí y en todas las áreas de la gestión gubernamental, informes anuales de carácter público que permitan el ejercicio de una veeduría ciudadana permanente.

Durante los últimos ocho años el tamaño de la carrera diplomática se congeló hasta tal punto que los 270 funcionarios que pertenecen a ella no dan abasto para ocupar ni siquiera la mitad de los casi 600 cargos en consulados y embajadas en el exterior y mucho menos la planta interna de la Cancillería. Esto a pesar de que decenas de profesionales calificados concursen anualmente para ingresar a dicha carrera.

“No toleramos el abuso de poder o el tráfico de influencias”.  El servicio exterior constituye uno de los mayores espacios activos del clientelismo en Colombia.  Además de lo claramente antiético, muchos diplomáticos nombrados “a dedo” carecen de conocimientos idóneos para desempeñarse en sus cargos, no tienen memoria histórica de los procesos internacionales en los que el país ha participado y no reconocen la autoridad de la Cancillería como artífice de la política internacional (sino la de sus “padrinos políticos”).  Ello no sólo entorpece el desempeño colombiano, sino que le resta credibilidad al Gobierno en el exterior.

Un viraje real en la política exterior solamente se confirmará con hechos. Mientras tanto, el lenguaje y los gestos diplomáticos adoptados por el gobierno Santos durante estos primeros días pueden dar indicaciones sobre su voluntad política de hacerlo.

 * Experta en Relaciones Internacionales