Un político muy político

La historia de un abogado que desde hace 26 años saborea las mieles del poder en diversos gobiernos.

A su apartamento del norte de Bogotá llegan a diario ministros, servidores públicos, hombres de negocios, congresistas de diversos partidos, profesionales, gente de provincia, aspirantes a empleo y periodistas. Allí siempre los atiende un robusto hombre de 1,85 m de estatura, 125 kilos de peso y 46 años de edad. Es José Fernando Bautista, el nuevo embajador de Colombia en Venezuela. Tiene una agenda larga. Con el selecto grupo de visitantes traza directrices, planea estrategias, da consejos o soluciona problemas. En dos semanas seguramente hará lo mismo cuando partirá a Caracas para asumir el reto más importante de su vida: restablecer las relaciones entre los dos países.

Su teléfono no para de sonar. Ya se recibió el beneplácito del vecino país. Tiene dos salas para atender a la gente. Una equipada para ver televisión o cine y escuchar música. También para los curiosos exhibe en una de las mesas el libro El poder y el delirio, del historiador mexicano Enrique Krauze. Un polémico texto que da una crítica visión sobre Venezuela.

En la otra sala, la principal de su apartamento, no cesan las reuniones. Allí, mientras dos mujeres atienden a los comensales, Bautista prueba bocado con intermitencia y  maneja todo tipo de asuntos. El consenso entre sus amigos o detractores es que es ante todo un componedor político.

Una herencia que parece venir de su abuelo José María Bautista. Un congresista, constituyente en el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla y cónsul en Venezuela. Fue él quien de pequeño lo llevó a reuniones con los masones, le prestaba biografías de personajes como Winston Churchill o simplemente lo acompañaba a algunas reuniones políticas en Norte de Santander.

El nuevo diplomático es bogotano. Hijo de un instructor de mecánica, que desde pequeño parecía predestinado a moverse por los laberintos de la política. Estudiando en el colegio Salesiano de Cúcuta. Bueno en humanidades y flojo para las matemáticas ya lideraba asociaciones académicas. Un asunto que refrendó en su paso por la academia militar cuando llegó a Bogotá luego de perder quinto de bachillerato. Ya graduado estudió en las aulas de la Universidad Libre en donde se hizo abogado.

Fue hacia 1985, en la campaña presidencial de Virgilio Barco y de la mano de la familia Cristo, cuando José Fernando Bautista se asomó a la ventana del poder. Recién terminaba su carrera y andaba de la mano del congresista Jorge Cristo, padre de uno de sus mejores amigos, el senador liberal Juan Fernando Cristo.

La suerte le seguía sonriendo. En la oficina de Cristo conoció a Luis Fernando Jaramillo Correa, quien ese momento regresaba de Estados Unidos y se convirtió en uno de sus mentores. Cristo y Correa coincidieron en que era el hombre para liderar las juventudes barquistas en Cúcuta. Los resultados fueron satisfactorios, Barco obtuvo la Presidencia. El joven tras bambalinas y con sólo 20 años empezó a cosechar éxitos políticos.

Posteriormente surgió la aspiración de Margarita Silva a la Alcaldía de Cúcuta. Asumió como gerente de esa campaña. Ganó y probó las mieles de la burocracia cuando fue nombrado secretario general de Empresas Municipales. Al año siguiente, en 1987, Rafael Pardo lo designó como director del Plan Nacional de Rehabilitación (PNR) para Norte de Santander.

Su aspecto bonachón, a veces enigmático y su capacidad para aglutinar, lo llevaron incluso a asuntos de conflicto armado. Parece que inspiró confianza al Ejército Popular de Liberación. Fue entonces cuando en la frontera con Venezuela el Epl le entregó al gobernador de Norte de Santander, Eduardo Assaf Elcure, quien había sido secuestrado por el movimiento subversivo en 1989.

Un año después Bautista saltó al gobierno de César Gaviria. Su padrino Luis Fernando Jaramillo fue nombrado canciller y lo llevó como su asistente. Allí apareció el banquero Samuel Yohai y junto con Jaramillo le encargaron una misión: hacerle la campaña en el Congreso al ministro de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos, para el cargo de designado. Lo logró derrotando al político antioqueño William Jaramillo Gómez.

Para dedicarse a la actividad empresarial privada Luis Fernando Jaramillo dejaría el cargo. En su reemplazo llegó Noemí Sanín y también logró una cercana relación. Después pasó a Sudáfrica como agregado de negocios, viendo a Nelson Mandela libre. Su siguiente escala la hizo en São Paulo. Allí se desempeñó como cónsul.  Ahí vivió la caída del presidente Fernando Collor de Melo y la transición en el poder hacia Fernando Enrique Cardozo.

De regreso a Colombia y con una brasileña de gancho, se reencauchó en el Partido Liberal como secretario general y logró unión en un movimiento dividido por el Proceso 8.000. A los 30 años, asumió como viceministro de Comunicaciones, en donde obtuvo una entrañable amistad con Carolina Hoyos Turbay, secretaria privada del ministro Saulo Arboleda. En julio de 1997 estalló el escándalo del miti-miti, que tumbó al ministro y asumió como titular.

Con 32 años, ya en el asfalto y con inhabilidad para trabajar en asuntos de telecomunicaciones, apareció una nueva oportunidad. El alcalde de Cúcuta, José Gelves Albarracín, fue suspendido por solicitud de la Fiscalía. Entonces el gobernador Jorge García Herreros solicitó una terna a Horacio Serpa, Miguel Ángel Flórez y Jaime Dussán. Con el beneplácito del presidente Andrés Pastrana, el 2 de agosto de 1999, ya era el alcalde. Allí hizo algunas obras y los cucuteños recuerdan que por varias semanas despachó desde el Comando de Policía local por supuestas amenazas del Eln por haber liquidado la Secretaría de Tránsito municipal.

Cuando dejó la Alcaldía, la asociación de compañías celulares Asocel necesitaba presidente. Varias iniciativas en el Congreso, lobby en el país y fuera de él, experto en telecomunicaciones y con reconocimiento, era lo que buscaban y Bautista cayó como anillo al dedo. Allí permaneció por cinco años, ayudando tímidamente a los liberales y a su jefe Horacio Serpa, quienes fueron derrotados por el entonces candidato Álvaro Uribe Vélez.

Sin más opción, por la apabullante popularidad de Uribe, renunció a Asocel y en agosto de 2005 por petición de Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga contribuyó, como secretario general, a la creación del Partido de la U, una disidencia del Partido Liberal. Allí la U logró un abrumador triunfo en el Congreso. Luego manejó la campaña de la reelección presidencial en Bogotá en compañía de Francisco Santos y Germán Vargas.

Después asumió las negociaciones políticas, junto al ministro Sabas Pretelt, de las presidencias de Cámara de Representantes y el Senado de la República. Así como la elección de Julio César Turbay en la Contraloría General de la República.

Con el camino despejado, el 31 de agosto de 2006 el presidente Uribe lo designó presidente del Banco Agrario y fue la de troya. Tuvo un ácido enfrentamiento con el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, por el manejo de la institución. El 19 de julio de 2007 presentó renuncia. De manera simultánea, una operación de bypass gástrico que le redujo su peso de 168 a 125 kilos lo mantuvo durante un año con depresión, casi postrado en una cama y sin trabajar.

Paradójicamente, en su lecho de enfermo conoció a Ángela Garzón, hija del hoy vicepresidente de la República, Angelino Garzón. Una filósofa y especialista en literatura de la Universidad Nacional, quien actualmente es su pareja.

En 2009, luego de varios viajes a Bolivia y Argentina por varios asuntos de negocios, reasumió su rol en el Partido de la U. Manejó la campaña al Congreso del partido de marzo pasado en Bogotá y la colectividad sacó siete representantes a la Cámara. Al tiempo que estuvo como coordinador para la región centro-oriente de la campaña Santos cuando a finales de febrero la Corte Constitucional tumbó el referendo reeleccionista.

Justamente en la campaña, cuando se elegía de una terna secreta para vicepresidente conformada por el ex ministro Carlos Rodado, el periodista Juan Gossaín y el ex gobernador del Valle Angelino Garzón, como era lógico, fue Bautista quien más insistió para que se eligiera a este último.

Posteriormente, a comienzos de mayo, fue uno de los protagonistas en la crisis de la campaña Santos. Un asunto que de no corregirse le hubiese costado la derrota al hoy mandatario. Luego de dos vueltas ganadas por abrumadora mayoría, aspiraba al Ministerio del Interior, pero el premio mayor fue para Germán Vargas Lleras. A cambio, se empezaron a barajar en Palacio tres opciones para él: Superintendente de Servicios Públicos, Consejero Político del presidente Santos y embajador de Colombia en Venezuela, este último anunciado en plena cumbre Chavéz-Santos en Santa Marta, hace tan sólo tres semanas.

Y vendría una nueva tarea. La reciente elección de contralor. La candidata Sandra Morelli sentía que estaba perdiendo la elección, por eso en los últimos días, pese al guiño que tenía del procurador Alejandro Ordóñez, el asunto se complicó. Allí nuevamente asumió la campaña por órdenes superiores y ganó la elección.

Su cercanía y manejo en el Congreso derivaron incluso en la petición de varios parlamentarios, como el presidente de la Cámara de Representantes, Carlos Alberto Zuluaga, quien le pidió públicamente al presidente Santos que no dejara ir a Bautista a Venezuela con el fin de que solucionara algunas diferencias con la bancada de gobierno.

El nuevo embajador está próximo a partir. Su aspiración es ser ministro del Interior en unos años. De regreso o en la sede de la embajada seguirán las maratónicas reuniones como las que realiza desde hace muchos años en su apartamento con un selecto grupo de conocidos.

Los datos claves del embajador

Los amigos políticos

En la actividad proselitista los principales amigos son el ex canciller Luis Fernando Jaramillo, los ex presidentes César Gaviria Trujillo y Ernesto Samper Pizano, el presidente Juan Manuel Santos Calderón, los congresistas Juan Fernando Cristo y Manuel Guillermo Mora, así como el actual ministro de Comercio Exterior, Sergio Díaz-Granados.

Vínculos personales

En el círculo personal de Bautista se encuentran el empresario Ernesto Pérez, el viceministro del Interior Hernando Angarita, el banquero de inversión Carlos Andrade, así como el actual secretario general de la Alcaldía Mayor de Bogotá, Yuri Chillán Reyes.

Algunos defectos

Quienes lo conocen de cerca manifiestan que su mayor dificultad es el control de los alimentos que consume. También tiene dificultades para cumplir citas en la mañana, en razón a que le cuesta madrugar. Dicen, además, que descuida mucho sus asuntos personales por la dedicación a la política.

Próxima aspiración

Pese a que ha participado en al menos 20 campañas en cargos de elección popular o en el interior del Congreso, se asegura que no ha aspirado a un cargo de elección popular, en razón a que no ha encontrado la coyuntura y por los costos que le representa, pero aseguran que en el futuro aspirará a la Gobernación de Norte de Santander.

La mirada a Venezuela desde Colombia

Aunque el embajador Bautista no se pronuncia oficialmente atendiendo instrucciones del presidente Santos y la canciller María Ángela Holguín, se conoce que los asuntos que le pueden facilitar su trabajo son que en el momento los dos gobiernos están dispuestos a restituir la integración. También que la canciller Holguín conoce a fondo Venezuela. Además que Bautista tiene experiencia diplomática y que existe una afinidad natural entre los dos países. Según lo planteado por las comisiones conformadas, los asuntos prioritarios en que se trabaja son pago de deudas estimadas en US$800 millones, seguridad en la frontera y generación de infraestructura para uso binacional.

 

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