Inversión en Rusia: atrapada en torniquete

WILLIAM F. BROWDER ERA UNO de los inversionistas de mayor prominencia en Moscú, un provocador corporativo que trajo consigo las tácticas de accionistas activistas de Wall Street al capitalismo desordenado posterior a la Unión Soviética. Eso es, hasta que el Kremlin lo expulsó en 2005.

Después, Browder se concentró en proteger sus miles de millones de dólares en participaciones de acciones en grandes empresas del Kremlin, como Gazprom, y en la lucha por regresar a una tierra donde él tenía profundos e inusuales lazos familiares. Así que cuando se encontró a Dimitri A. Medvédev, quien sería el futuro presidente del país, en el Foro Mundial de Economía en Davos, Suiza, el año pasado, vio su oportunidad.

En una breve conversación en este centro vacacional presionó a Medvédev para que le ayudara a recuperar su visa rusa. Medvédev, en ese momento alto asesor del presidente Vladimir V. Putin, accedió a transmitir su petición.

Un poco más tarde, la oficina de Browder recibió un telefonema de un prominente funcionario de la policía de Moscú, quien dijo que se había enterado de la nueva solicitud de visa por parte de Browder y que pudiera ser capaz de ayudarle.

“Mi respuesta dependerá de cómo se comporte usted, qué provea, y así por el estilo”, dijo el funcionario, con base en una grabación del telefonema proporcionada por Browder. “Mientras más pronto nos reunamos y usted proporcione lo que hace falta, más pronto desaparecerán sus problemas”.

Los problemas de Browder, de hecho, apenas estaban empezando.

Este telefonema fue una de las acciones en una ofensiva de amplio rango por parte de las dependencias encargadas de la ley en Rusia, misma que expuso a Browder al tipo de paralizantes investigaciones que detractores del Kremlin han soportado de manera regular con Putin. Todo parecía indicar que el objetivo final no solamente era incautar el imperio de inversiones de Browder, sino también convertirlo en un ejemplo de qué les ocurre a quienes no siguen a pie juntillas la línea del gobierno.

Su caída ofrece un caso de estudio con respecto a cómo el Kremlin ejerce el poder en la era de Putin. El estado de derecho está sujeto a sus deseos, y quienes no tienen su favor son presa fácil.

El caso de Browder destaca la corrupción oficial que aflige a Rusia, así como la renuencia del Kremlin a la adopción de serias medidas para combatirla mediante el reforzamiento de la independencia de la policía y los tribunales. Quizás el Kremlin se muestre reacio a hacerlo así porque desea que la riqueza de Rusia aumente entre quienes son leales a la dirigencia.

Hasta que su visa fue cancelada y él mudó sus operaciones a Londres, Browder era una colorida figura en Rusia, una versión extranjera de los oligarcas rusos que ganaron sus fortunas en la privatización masiva tras la caída de la Unión Soviética. Buscaba la publicidad, al tiempo que sus antecedentes constituirían una buena historia: él es el nieto de Earl Browder, uno de los líderes del Partido Comunista de Estados Unidos en la década de los 30. A menudo, decía que, de manera nada diferente a Rusia, su rebeldía había consistido en volverse capitalista.

Llegó a Rusia en 1996 tras un período en Londres como banquero de inversiones, y rápidamente vio oportunidades. La economía de Rusia estaba pasando por cambios colosales y Browder posicionó a su empresa, Hermitage Capital, como un vehículo para que los inversionistas occidentales obtuvieran una rebanada del pastel.

Luego que Putin asumiera la presidencia en 2000, Browder se convirtió en un vocal partidario del Kremlin, diciendo que Rusia necesitaba un líder autoritario para establecer el orden, afirmando que Putin era su “mayor aliado” en el esfuerzo de Hermitage por reformar los grandes negocios. Browder prosperó y los fondos administrados por Hermitage crecieron a más de 4.000 millones de dólares.

Browder no sabe exactamente por qué el Kremlin se volvió en su contra. Sin embargo, el Kremlin estaba consolidando el control sobre preciadas empresas como Gazprom y al parecer sentía irritación ante críticas provenientes de accionistas foráneos.

Una vez que la situación se puso mal, Browder no tuvo más opción. La policía confiscó documentos vitales de su despacho de abogado en Moscú. Además, él descubrió que sus empresas tenedoras le habían sido robadas y habían sido registradas nuevamente a nombre de un asesino convicto en una ciudad provincial.

Quien quiera que estuviera detrás de la estratagema asumió buena parte de la estructura corporativa de Browder en Rusia, pero no logró llegar al dinero de sus inversionistas. Incluso así, en semanas recientes, Browder dijo haberse enterado que sus ex empresas tenedoras habían sido usadas para malversar 230 millones de dólares de la Tesorería rusa.

Este artículo se fundamenta en las entrevistas con Bowder, sus socios y abogados, así como en numerosos documentos que ellos suministraron y que, aseguran, demuestran la corrupción. Muchas de sus propias afirmaciones fueron confirmadas de manera independiente.

Se hicieron peticiones a varias agencias encargadas de la ley en Rusia para que ofrecieran comentarios al respecto, a las cuales Browder acusa de llevar a cabo, o negarse a investigar, este ardid. Éstas no respondieron o dijeron que no ofrecerían comentarios.

El Kremlin no ha hablado en público con respecto a este caso, pese a frecuentes peticiones por parte de Browder y prominentes oficiales británicos y estadounidenses. Dos veces en los últimos dos años a Putin le han preguntado los reporteros acerca de Browder. Las dos veces, él negó siquiera conocer el nombre Browder.

“Desconozco quién es este Sr. Browder, como usted dice, por qué no puede regresar a Rusia”, dijo Putin, quien ahora es el Primer Ministro ruso, en mayo.

“Rusia es un país grande”, dijo Putin. “Quizá se dio algún tipo de complicación. Es probable que hayan surgido conflictos; conflictos con las autoridades, en el mundo empresarial, conflictos interpersonales. Pero así es la vida, es complicada y variada. Si una persona cree que sus derechos han sido violados, que vaya ante un tribunal. Nosotros tenemos un sistema legal que funciona, gracias a Dios”.

Un portavoz de Medvédev, el cual reemplazó a Putin como presidente en mayo, conformó que Medvédev había conversado con Browder en Davos el año pasado, pero no quiso ofrecer más comentarios.

Medvédev, ex catedrático de leyes, ha jurado librar una guerra en contra de la corrupción, diciendo a menudo que Rusia está plagada de “nihilismo legal”. De cualquier forma, el Kremlin con Medvédev también ha mostrado desdén hacia Browder.

“Si alguna vez existió una definición de nihilismo legal, es ésta”, dijo Browder en una entrevista desde su oficina en Londres, donde vive actualmente.

“Yo, de hecho, estaba luchando por hacer de Rusia un país mejor, y combatiendo la corrupción, lo cual es algo por lo que ellos deberían haberme dado una medalla”, destacó Browder. “Más bien, me expulsan del país y mancillan todo lo que yo hice allá”.

*Periodista investigatigativo del ‘The New York Times’, ganador del Pulitzer en 2003.