Critican postura de Obama por carrera armamentista en América Latina

A propósito de la alianza entre EE.UU. Y Colombia por bases militares, Thomas Scheetz, economista argentino, dice que Obama está más preocupado por la guerra en Medio Oriente.

El despliegue estadounidense de bases aéreas y marítimas en territorio colombiano es de exclusiva incumbencia colombiana en cuanto responda a la lucha contra el narco-terrorismo interno.  El cuestionamiento del éxito (o no) de esa larga contienda corresponde únicamente a los dos países involucrados cuando se contiene dentro de las fronteras colombianas, aun cuando hubiera sido preferible que los países de la región hubieran apoyado a Colombia, --admitimos nuestro propio pecado--cada uno según sus limitadas capacidades.

Pero el emplazamiento del “Air Mobility Command” (AMC) de la Fuerza Aérea estadounidense en Palanquero es otro asunto que, sí, debería preocupar—y mucho--  a todos los demás países de la región.  La naturaleza de la misión del AMC no tiene nada que ver con una guerra anti-narcotráfico.  Ese Comando existe para “proveer movilidad aérea global”, apoyando la proyección estratégica (es decir, fuera de Colombia) de fuerzas militares estadounidenses, si bien en caso de necesidad puede apoyar misiones humanitarias.  Igual argumento fue esgrimido cuando Presidente George W. Bush reactivó la IV Flota bajo el Comando Sur.

Con la llegada de la Administración Obama muchos esperábamos una política más afín al “Buen Vecino” y no la continuación del “Gran Garrote” de Bush.  Puede ser que, extendiéndole el beneficio de la duda, Presidente Obama todavía no ha tenido tiempo para desarrollar una orientación nueva hacia America Latina.  Por cierto, está más que ocupado con temas internas y guerras en el Medio Oriente.

Pero comienza a parecer que Estados Unidos no tendrá una innovadora postura elaborada de largo plazo hacia America Latina.  Con esta iniciativa se evidencia que su comprensión de la región sigue siendo escasa y cortoplacista.  Es aun más preocupante dado dos factores que están claramente en el horizonte: Primero, la creciente demanda extra-regional para recursos naturales encontrados y producidos en la región – cabe mencionar los granos, metales, petróleo y gas—incluyendo aspectos relacionados con el cambio climático (léase Amazonas y Antártida) entre otros.  Y segundo, las dudas que surgen respecto a la fragilidad institucional de muchas democracias de la región.

En ese contexto, si bien por diferentes razones, tanto Estados Unidos como algunos estados de la región están echando leña a una creciente carrera armamentista. Tristemente, muchos tienen razones fundadas para recuperar capacidades operativas largamente postergadas.  La incertidumbre, que en un momento de crisis, lleva a una falta de confianza, es inherente al sistema de relaciones internacionales.  Los estados nunca pueden estar totalmente seguros de las futuras intenciones de sus vecinos.  Pero hubiera sido más inteligente de parte de Estados Unidos no incrementar esta incertidumbre, impulsando instituciones multilaterales renovadas y apoyando iniciativas sub-regionales.  En vez de eso entregan la razón a los que cuestionan sus intenciones “de siempre”.  Y con el AMC en Palanquero Colombia los apoya, en vez de hacerles una sugerencia más astuta, que al largo plazo hubiera beneficiado a todos los actores, incluso Colombia y Estados Unidos.