Unasur, una cita de desacuerdos

El momento más candente de la reunión fue cuando, sin mencionar directamente al presidente de Venezuela Hugo Chávez, Álvaro Uribe afirmó que Colombia está amenazada por el intervencionismo político.

Con tono diplomático pero dejando entrever las dudas que existen en los países de América Latina y las hondas diferencias que prevalecen entre los gobiernos de Colombia, Venezuela y Ecuador, se desarrolló el viernes la cumbre de Unasur en Bariloche, Argentina, que tuvo como su momento más tenso el instante en que el presidente Álvaro Uribe afirmó textualmente que Colombia está hoy amenazada por el intervencionismo político.

Aunque Uribe no aludió directamente a su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, la rápida intervención de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, desvió la tensión del momento y dio pie a que Chávez negara cualquier forma de intervencionismo y persistiera en su argumento, defendido con el llamado White Paper del Comando Sur de Estados Unidos, para sostener que la presencia militar de ese país en Colombia afecta a la región.

La cumbre de Unasur se desarrolló en dos planos: Uribe defendiendo la necesidad de la cooperación norteamericana y demostrando que se trata de acuerdos útiles para enfrentar el tráfico de drogas y el terrorismo; y el resto de mandatarios invocando la necesidad de que Unasur pueda resolver los dilemas.

Por eso después del saludo protocolario, la reunión se concentró en la respuesta que el Presidente de Colombia dio a cada uno de los jefes de Estado presentes en el Hotel Llao Llao. Uribe insistió en que el único enfoque de los acuerdos con EE.UU. es resolver el problema interno colombiano, pero que también deben mirarse los acuerdos que sus países vecinos tienen con otras potencias.

En particular, Uribe resaltó que en Venezuela también hay juegos de guerra y que cada que existe una diferencia con Colombia, el presidente Chávez emite amenazas verbales de que va a prender los aviones Sukhoi para defender su soberanía. Al comentario de Hugo Chávez de que en Colombia está asilado el golpista Pedro Carmona, el presidente Uribe ripostó recordando que en Venezuela se ocultan los jefes de las Farc Iván Márquez y Timochenko.

Refiriéndose al presidente de Bolivia, Evo Morales, el Jefe de Estado colombiano mostró su desacuerdo en llamar a cuentas al presidente de Estados Unidos, Barack Obama; al presidente de Perú, Alan García, le respaldó su postura de que Unasur puede ayudar a resolver los conflictos de la región, pero a él mismo y a todos sus homólogos les expresó que el acuerdo con Washington ya está cerrado, aunque no tiene problema en que el Consejo de Defensa de Unasur lo evalúe.

Respecto a la posición de la presidenta chilena, Michelle Bachelet, Uribe elogió la postura de su nación en el sentido de que se publiquen todas las compras de armas, además de su llamado a la transparencia para crear confianza; mientras que al presidente Lula da Silva le insistió repetidamente que Estados Unidos ha sido muy útil en la lucha de Colombia, que el Plan Colombia no fracasó, que comparte la protección de la región Amazónica y que su país, así como los demás de la región, deberían ver las imágenes de los secuestrados que no distan mucho de los campos de concentración de Adolf Hitler.

El momento de mayor tensión en la cumbre tuvo lugar cuando Uribe respondió al presidente de Ecuador, Rafael Correa, sus duros comentarios. Por eso de entrada rechazó que su homólogo dijera que Ecuador limita al norte con las Farc. Por el contrario, le recordó que en marzo de 2008, tras el ataque al campamento de Raúl Reyes, el presidente Rafael Correa habló de “tributo al gran revolucionario que fue Raúl Reyes”. Uribe calificó el comentario como una ofensa a Colombia y la apología a un torturador.

Según el Presidente colombiano, se ha duplicado la presencia de Fuerza Pública en la frontera con Ecuador, pero para proteger el territorio nacional. “Colombia no es un país ofensivo y por enésima vez le pido perdón a Ecuador”, insistió Uribe, al tiempo que rechazó los comentarios del presidente Correa, llamando la atención sobre lo que denominó las precauciones del lenguaje. En este punto de su alocución, cuando hablaba del intervencionismo político hacia Colombia, cambió el rumbo de la reunión.

La cumbre recobró su tono diplomático y una vez más quedaron en evidencia las posturas de los mandatarios. Uribe, decidido a preservar su incondicional relación con EE.UU.; Venezuela, cada vez más distante de Washington; Ecuador y Bolivia, en una tónica cercana a Chávez; y los demás países con un lenguaje cauto, sin provocaciones y llamando a la unidad, de repente porque no comparten fronteras con Colombia y les resulta más prudente exaltar la soberanía sin tomar partido.

Colombia pasó el examen. No sólo evitó llamados de atención en la declaración final de la cumbre, sino que logró que se incluyeran en la misma conceptos como la no injerencia en asuntos internos, el rechazo al tráfico de armas, al terrorismo y a los grupos al margen de la ley, aunque sin nombrar directamente a las Farc.

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