Avispero expresidencial

César Gaviria dijo que Pastrana respira “amargura y resentimiento” al acusarlo de haber querido ocultar los ‘narcocasetes’ que después dieron origen al proceso 8.000.

l expresidente Andrés Pastrana. El expresidente César Gaviria. El expresidente Ernesto Samper.

El fantasma de los llamados ‘narcocasetes’, que dieron origen al proceso 8.000 —la investigación por la filtración de dineros del narcotráfico a la campaña presidencial de Ernesto Samper— vuelve a rondar el escenario político nacional para alimentar aún más la polarización que ya se vive en la antesala de la campaña electoral a Presidencia y Congreso de la República. Y fue la presentación del libro Memorias olvidadas, del expresidente Andrés Pastrana, lo que creó una tormenta cuyas consecuencias políticas y jurídicas aún están por verse.

¿La razón? El exmandatario asegura que algunos dirigentes políticos, entre ellos el también expresidente César Gaviria, sabían de la existencia de los ‘narcocasetes’ pero trataron de ocultarla y que el entonces ministro de Defensa, Rafael Pardo (hoy al frente de la cartera de Trabajo), le propuso un pacto de silencio. Además, reveló que la persona que se los entregó fue el coronel de la Policía Carlos Barragán, quien trabajaba en el departamento de inteligencia y estaba al frente de los seguimientos que en ese momento se les hacían a los capos del cartel de Cali: los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela.

Según Pastrana, su intención no era hablar contra nadie, sino contar sus vivencias como un aporte “al implacable juicio de la historia”. Sólo que para Gaviria, de lo que se trata es de “amargura y resentimiento”: “Lamento que el presidente Pastrana haga afirmaciones tan reñidas con la verdad y que fue incapaz de poner en conocimiento de las autoridades y de los medios. Lo hizo veinte años después. Yo tengo mi conciencia tranquila sobre la rectitud de mi conducta y no estoy seguro de si algún día aparezcan las pruebas que vinculen la campaña de Andrés Pastrana con el cartel de Cali, como lo mencionan las grabaciones”, enfatizó.

Gaviria cuestionó el hecho de que en las acusaciones no se aportan pruebas ni detalles. “El cuento del eslabón perdido no lo entiendo sino como el remordimiento que debe acompañar al doctor Pastrana de no haber tenido el coraje para poner en conocimiento de los electores las grabaciones antes de la elección presidencial y no con posterioridad al certamen electoral”, agregó.

Ernesto Samper, por su parte, se pronunció a través de su cuenta en Twitter, en la que escribió: “El presidente César Gaviria procedió correcta y oportunamente en el manejo de la narco-obsesión de Andrés Pastrana”. Y Rafael Pardo manifestó que la versión del exmandatario conservador en el sentido de que él le habría propuesto un pacto de silencio para que no fueran divulgados los ‘narcocasetes’ es falsa: “A Pastrana le falta decir la verdad, yo no le propuse un pacto y mal haría en hacerlo. Lo que quiere Pastrana es hacerle daño al expresidente Gaviria”.

Además, Pardo planteó una pregunta: Si es verdad que él le propuso ese pacto de silencio, ¿por qué cuatro años después estuvo al lado de Pastrana en la campaña que en 1998 lo llevó a la Presidencia de la República? Según el hoy ministro de Trabajo, era imposible ir a plantear un pacto de silencio cuando ya los ‘narcocasetes’ habían sido puestos en conocimiento de las autoridades e inteligencia de la Fuerza Pública.

Lo cierto es que el agarrón entre los expresidentes Pastrana, Gaviria y Samper está al rojo vivo. Tanto, que el presidente Juan Manuel Santos salió ayer a tratar de apaciguar los ánimos. “Invito comedidamente a los expresidentes a que depongan sus odios y rencores y nos dediquemos más a pensar en el país y en su futuro”, escribió en Twitter. Pero queda claro que el escandaloso capítulo del proceso 8.000 seguirá por muchos años más como una sombra sobre la política colombiana.