Barco ya tenía signos de demencia cuando fue presidente

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Dos o tres años antes de su muerte en 1997, el expresidente Virgilio Barco fue diagnosticado con una avanzada enfermedad neurodegenerativa que le impedía firmar y que ya se manifestaba desde su gobierno un decenio antes, según especialistas que evaluaron sus dolencias.

El presidente Virgilio Barco llevaba un buen rato de pie en un pasillo de la Casa de Nariño. Observaba una lámpara de techo con muchos bombillos. Un ingeniero de la Presidencia se le acercó y le preguntó si algo fallaba, si acaso había focos apagados. Barco le contestó que estaba contando los bombillos. Eso ocurrió en los primeros meses de su gobierno, que se inició en agosto de 1986.

Años después, al terminar su administración en 1990, Virgilio Barco Vargas fue nombrado embajador en Londres, donde permaneció dos años. Cuando caminaba en la biblioteca de la residencia del embajador y pasaba frente a la colección de libros sobre Francisco de Paula Santander, hablaba en voz alta con el general Santander, su lejano antecesor en la Presidencia.

Un camarero de la embajada que escuchó a Barco mencionó las conversaciones del expresidente cucuteño con el expresidente de la vecina Villa del Rosario a un exfuncionario del gobierno de Belisario Betancur que visitó la misión diplomática unos tres o cuatro años después. Este exfuncionario me contó del asunto hace poco, a raíz de las publicaciones que hice sobre el espía Rafi Eitan, contratado por orden de Virgilio Barco al iniciarse su gobierno. Barco “estaba muy perdidito”, decía el camarero.

No se trata de dos simples anécdotas. Dos o tres años antes de su muerte en 1997, a la edad de 75 años, Barco fue diagnosticado por especialistas con una avanzada enfermedad neurodegenerativa que pudo ser demencia frontotemporal (DFT) o mal de Alzheimer, según varias fuentes cuyos nombres debo reservar. Después del alzhéimer, las demencias frontotemporales son la segunda causa de demencias neurodegenerativas. El alzhéimer también es un tipo de demencia.

En la DFT la principal lesión suele ser el lenguaje, mientras en el alzhéimer se afecta más la memoria. Ambas enfermedades son iguales en las fases finales. No se puede saber a ciencia cierta si Barco tuvo alzhéimer o DFT. Solamente se sabe que presentaba una enfermedad neurodegenerativa. Pero las fuentes creen que el inicio de la enfermedad fue linguístico porque Barco tenía evidentes dificultades para expresarse y por lo tanto probablemente su enfermedad fue la demencia frontotemporal. Si tuvo mal de Alzheimer entonces fue un alzhéimer atípico, de inicio temprano y con rápido deterioro del lenguaje, dijeron las fuentes.

En cualquier caso es un hecho que Barco sufría de una enfermedad neurodegenerativa que le afectó áreas básicas de la cognición y habilidades que le impedían el funcionamiento diario.

La demencia frontotemporal (DFT) es una condición neurológica que resulta del daño progresivo de áreas cerebrales conocidas como los lóbulos temporales y frontales. Estas áreas juegan un papel importante en la toma de decisiones, el control del comportamiento, el juicio, las emociones y el lenguaje. Hay varias formas de DFT que conducen a síntomas de conducta, del lenguaje, o síntomas motores ligeramente diferentes. Debido a los síntomas, las personas con DFT a menudo reciben un diagnóstico erróneo de enfermedad de Alzheimer o incluso problemas psiquiátricos, como depresión, apatía, indiferencia con el entorno.

La mayoría de las personas con DFT comienza a tener síntomas a los 50 años, aunque algunas personas muestran signos antes o después.

Dificultad lingüística

En el caso de Barco los síntomas se presentaron tempranamente y la dificultad lingüística fue una característica relevante. La primera pregunta que le hizo la periodista Margarita Vidal, cuando lo entrevistó en 1986 durante la campaña presidencial, fue si no asistió al debate con los candidatos Luis Carlos Galán y Alvaro Gómez Hurtado por cobardía “o por sus famosas limitaciones de expresión”. Barco respondió: “Con mi habladito me he bandeado en 35 años de vida política”.

La mayoría de pacientes que presentan variantes del lenguaje en la DFT tienen problemas para expresarse, mientras que su memoria permanece relativamente intacta, excepto para información muy inmediata. Debido a los problemas de expresión tienen dificultades para hablar, leer y escribir.

Esas dificultades de Virgilio Barco datan por lo menos desde 1972, según un funcionario internacional que trabajó con él en el Banco Mundial en Washington:

“En 1972 yo fui contratado por el Banco Mundial. En ese momento el banco solamente tenía 4 o 5 funcionarios colombianos profesionales (que no eran parte del apoyo logístico como secretarias, traductores, etc.). Virgilio era el director ejecutivo por Colombia, por lo que tuve oportunidad de conocerlo. El tenía un problema de dicción, pero con el tiempo la gente que lo apoyaba, especialmente su secretaria, comentaba que este se había acentuado y que frecuentemente tenía problemas de memoria. Ella era muy cuidadosa y siempre le escribía sus discursos y lo protegía para que no se viera el problema que estaba surgiendo. Cuando Virgilio regresó a Colombia, en el ‘Radio Pasillo’ del banco se comentaba que tenía alzhéimer.”

Según una fuente, “Barco tuvo una DFT donde el juicio es lo que se altera”. En la DFT y en el alzhéimer se llega a la pérdida de la capacidad de decidir entre el bien y el mal. En el alzhéimer ocurre en etapas más tardías y en la DFT en fases más tempranas. En fases iniciales de la DFT, hay poca atención a las convenciones sociales, impulsividad, apatía, pérdida de simpatía o empatía, cambios en la comprensión del lenguaje, si es una variante lingüística. Esos síntomas van acompañados de dificultad en la planeación y poca introspección de su propia enfermedad.

Las demencias rápidas son raras y la de Barco fue una demencia típica, de larga gestación. Como fue diagnosticado hacia 1994 o 1995 es probable que al ser elegido un decenio antes, en 1986, ya tuviera la enfermedad. “Barco tenía alteración del lenguaje desde 1986”, indicó una fuente médica. “Las afecciones neurodegenerativas no nacen de la noche a la mañana”.

El conocimiento sobre la DFT no era tan avanzado en los años ochenta. El primer consenso mundial sobre la DFT data de 1995.

El diagnóstico de enfermedad neurogenerativa al expresidente en el ocaso de su vida se le hizo en su casa. En la escala de severidad Barco puntuó 6 sobre 6. Es decir, alcanzaba el máximo de una demencia. En ese momento, no podía firmar, no podía copiar un diseño simple y tampoco podía expresarse, escribir, orientarse ni dar cuenta de su propia vida, presente o pasada. “Al final esas enfermedades arrasan con toda la cognición”, opinó un profesional médico. “Barco había perdido todas las funciones”, agregó.

En la demencia frontotemporal la capacidad de juicio y determinación está en duda, indicó un especialista. “El que tiene DFT acepta con indiferencia. En la enfermedad neurodegenerativa no hay crítica, el paciente no se preocupa, no hay introspección”.

Como posiblemente Barco ya tenía síntomas de DFT al iniciar su gobierno, no podía distinguir entre el bien y el mal cuando recién posesionado ordenó contratar a Rafi Eitan, indicó una fuente.

Durante la presidencia

En 1986, durante la campaña presidencial, Barco se había sometido a un examen médico en un consultorio al cual lo acompañó su esposa Carolina Isakson. “Había el inicio de algo lingüístico, algo muy sutil”, reveló una fuente. “Barco se enredaba mucho al hablar, el lenguaje errático de Barco ya estaba en 1986”, precisó.

Después del primer examen médico en 1986 hubo varios incidentes públicos que revelaban las serias dificultades del presidente Barco con el lenguaje. Daniel Samper Pizano recordó en losdanieles.com un episodio que presenció durante una visita de Barco a Portugal:

“Recuerdo un momento que fue muy doloroso para él y para todos, cuando convocó una reunión de inversionistas y el presidente Barco empezó a leer un discurso y en un momento dado cortó una palabra y dijo ‘muchas gracias’. Fue el completo desconcierto de todos; entonces los despidió, les agradeció y cuando ya todos salían a tomarse una copa de vino, alguien le dijo, ‘No, presidente, faltan páginas’. Le volvieron a organizar las páginas y él salió y dijo en forma graciosa: ‘Por favor, perdí la pelota pero la he vuelto a conseguir. Vengan y seguimos’. Y entonces siguió su discurso hasta que lo terminó, pero fue un momento de desconcierto que nos mostró que realmente no estaba totalmente en sus cabales. Puedo dar testimonio que en ese momento, que fue el año 88, estaba ya en las neblinas del alzhéimer.”

En el libro de memorias que publicó en 2019, el ministro de Minas y Energía de Barco, Guillermo Perry Rubio, reconoció la enfermedad presidencial: “Al cabo de unos meses comencé a notar que de golpe se ‘iba’ en nuestras reuniones privadas. Se distraía y me volvía a hablar de un proyecto que le había presentado su amigo Bob Panero y que lo tenía obsesionado: un canal seco en el Atrato. Gustavo Vasco, su amigo cercano, me confirmó que Barco tenía comienzos de Alzheimer y que se estaba agravando.” Perry fue ministro los dos primeros años del gobierno, de 1986 a 1988.

Una fuente especializada señaló que cuando alguien distinto a la familia, en este caso el ministro Perry, se da cuenta de los síntomas típicos de una demencia es porque la enfermedad se inició muchos años atrás. Una persona con buenas reservas cognitivas como Barco, que era ingeniero y economista y perfectamente bilingüe en inglés y español, usa esas reservas como bastones o apoyos para sortear las limitaciones de la demencia. Pero cuando los terceros detectan los síntomas, ya esas reservas se estaban agotando.

Existen algunas variantes en la demencia frontotemporal, dijeron las fuentes. Los síntomas pueden ser pérdida de pudor o de afecto o dificultad en controlar el comportamiento. La afasia (dificultad para hablar, leer o escribir) es otra variante. Los pacientes acuden al médico por dificultades para pronunciar las palabras. También hay pacientes que pierden la gramática y otros que pierden la capacidad de entender el significado de las cosas. Por ejemplo, aceptan que gallo es un apellido, pero niegan que sea también un animal.

La DFT, enfermedad neurológica

La DFT no es una enfermedad psiquiátrica sino una enfermedad neurológica con síntomas psiquiátricos.

Un neurocirujano con 30 años de experiencia profesional y profesor de neurocirugía hace 25 años en una universidad pública, explicó que el paciente con DFT inicialmente llega donde el neurólogo porque las personas cercanas notan irregularidades en su conducta. Se ordena entonces una resonancia para localizar el sitio de afectación del cerebro. A veces la resonancia no muestra nada, pero aun si muestra el sitio de afectación, el neurólogo remite el paciente a un neuropsicólogo, que diagnostica con base en un test de cognición o neuropsicológico.

“El paciente con DFT pierde la vergüenza, el pudor, pierde el juicio entre lo bueno y lo malo”, indicó el neurocirujano. Una vez diagnosticado el paciente, es común que la familia pida al médico un concepto escrito para tramitar la interdicción ante un juzgado, agregó, para evitar que el paciente dilapide el patrimonio familiar.

No hay tratamiento ni cura para la DFT, simplemente hay que cuidar al paciente, señaló el neurocirujano.

Las historias clínicas son reservadas, por ley. Pero la de Barco fue parcialmente revelada por su gobierno en septiembre de 1987 cuando el presidente sufrió una grave y dolorosa diverticulitis en el vuelo que lo llevaba en visita oficial a Seúl. Fue operado de urgencia al aterrizar en esa capital. Su médico personal, Alfonso Lamus, cucuteño que ejercía en Bogotá, le había recomendado no viajar, pero pudo más la terquedad de Barco, dijo una fuente que conoció a Lamus, el cual acompañó al presidente a Corea del Sur.

Es hora de que se revele toda la historia clínica de Barco, no solamente una enfermedad, la diverticulitis, que generaba solidaridad en la opinión pública. También las dolencias neurológicas que lo afectaron. Ni éstas ni las somáticas son motivo de deshonra. Son enfermedades que pueden afectar a cualquier persona.

Pero en el caso de una figura pública como Barco, que buscó el voto de los ciudadanos para llegar a la presidencia, es legítimo preguntar si el candidato, sus asesores, su familia y su campaña ocultaron su condición mental. “Para dirigir un país uno no puede tener una enfermedad neurodegenerativa porque no es responsable de sus actos”, señaló una fuente especializada.

En varias democracias se reconoce el derecho no escrito de los electores a conocer la salud de los candidatos y gobernantes. En casos recientes en Colombia se revelaron las dolencias de mandatarios. Así sucedió en 2012, cuando el presidente Juan Manuel Santos fue operado de un cáncer de próstata y el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, de un hematoma subdural.

Un viejo amigo cucuteño de Barco, médico de profesión, expresaba cuando el presidente se posesionó en 1986 que “Virgilio no está bien de la cabeza”. Así se lo oyó decir una fuente. “Barco no fue presidente, estaba enfermo”, anotó un abogado de Cúcuta cuya familia tuvo trato con la familia Barco durante cuarenta años.

Virgilio Barco permanecía encerrado en el despacho presidencial, reveló hace poco el periodista Fabio Castillo. En el primer año del gobierno, Castillo entrevistó en su oficina al secretario general de la Presidencia, Germán Montoya, y notó que en el marco de la puerta del despacho de Barco había un semáforo. Montoya le dijo a Castillo: “El presidente tiene una formación totalmente gringa, cuando él quiere hablar, el semáforo está en verde, cuando está ocupado está en amarillo, cuando está en rojo quiere decir que no está disponible para nadie”. Otra fuente de la Casa de Nariño le dijo luego a Castillo que el semáforo siempre estaba en rojo y que Barco no atendía a nadie salvo cuando Germán Montoya daba la venia para entrar. “Creo que el semáforo lo operaba Germán Montoya”, manifestó Castillo.

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