Bitácora del caos político

La instalación del Diálogo Nacional de Paz entre Santos y el uribismo, las multitudinarias marchas a favor de la paz y la incertidumbre sobre la continuidad del cese al fuego, fueron los ingredientes que esta semana movieron la agenda política del país.

El viernes los negociadores del Gobierno y las Farc dieron a conocer el segundo comunicado conjunto luego de la derrota en el plebiscito. / EFE

Hasta el pasado domingo, la política en Colombia parecía ser un libreto predecible en el que el gobierno de turno imponía su voluntad, pero ese día todo cambió. El plebiscito refrendatorio de los acuerdos de paz fue rechazado por la mayoría de los votantes y el país entró en un limbo institucional, que ha hecho de la semana que termina quizá la más intensa que en las últimas décadas en materia política. De la victoria a la derrota, de la tristeza a la alegría, de la desilusión a la esperanza. Así han vivido la mayoría de colombiano, los del Sí y los del No, estos largos días de noticias políticas.

El lunes, el país despertaba al batacazo del plebiscito. De casi 35 millones de ciudadanos habilitados para participar, poco más de 13 millones asistieron a la cita: una abstención del 63 % de los colombianos. El No ganó con el 50,21 % y el Sí consiguió el 49,78 % de los votos. Una diferencia de 53.894 sufragios, que cambiaron el rumbo del principal proyecto político del presidente Santos: el Acuerdo Final de Paz.

Ese mismo lunes, tras reconocer la derrota, el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, y el alto comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, viajaron a La Habana para reunirse con los delegados de las Farc a hacer un balance de lo ocurrido, porque en plata blanca, el resultado del domingo dejó sin vigencia la implementación del acuerdo de La Habana. Ese mismo día, la guerrilla sostuvo que insistirán en la paz y que su palabra será su única arma. Afirmaron que mantendrán el cese al fuego y que el acuerdo final al ser firmado y depositado ante el Consejo de la Confederación Suiza, en Berna, tiene irrevocable efecto jurídico. Y concluyó el día con una sentencia del presidente Juan Manuel Santos: el cese al fuego va hasta el 31 de octubre.

El martes el país se levantó como si hubiera diluviado toda la noche. Y así mismo el día despejó un poco el panorama. De un lado, en redes sociales empezó a emerger un movimiento social: Paz a la Calle, una marcha del silencio para pedir que el proceso continúe. La idea se retomó en una decena de ciudades y convocaron para el siguiente día con velas y antorchas. De otro lado, se tendieron los puentes entre los voceros del No y la Casa de Nariño. Y se dio el encuentro esperado por seis años. Los colombianos vimos como el expresidente Álvaro Uribe, con el triunfo electoral en el bolsillo, llamó al presidente Santos para pedirle una cita. El encuentro se concertó para el miércoles a las 11:00 de la mañana, pero antes, Santos se reunió con el también expresidente y rival Andrés Pastrana, quien también lideró la campaña del No.

El miércoles, el día se dividió entre el escepticismo por los resultados del llamado Diálogo Nacional de Paz entre el Gobierno y la oposición al acuerdo y la euforia que produjo la multitudinaria marcha en Bogotá. De la reunión entre Santos y Pastrana salió una intención de encontrar la salida política y jurídica a la incertidumbre del proceso de paz. Tanto, que Pastrana delegó al excomisionado de Paz Camilo Gómez para los encuentros con el Gobierno. Encuentros que han continuado y buscan cumplir la ilusión de la que habló el expresidente a su salida de Palacio: “Ahora el 99 % de los colombianos estamos con el Sí, estamos con la paz”. El expresidente también pidió que se activen las zonas de concentración para la guerrilla y dejó la sensación de que en el No hay tendencias y que la que él encabeza está abierta al diálogo y a construir un proyecto de paz nacional.

No menos positivo, pero sí más tenso, fue el encuentro de Santos con la delegación encabezada por Uribe, con Marta Lucía Ramírez, el exprocurador Alejandro Ordóñez, dos pastores cristianos y los tres voceros nacionales del No: Iván Duque, Óscar Iván Zuluaga y Carlos Holmes Trujillo. Durante las cuatro horas que duró el encuentro, el país se mantuvo en vilo. Con los ojos clavados sobre la puerta blanca de la Casa de Nariño, que guarda los secretos de la reunión entre los más enconados antagonistas políticos. A la salida del encuentro, las declaraciones fueron agridulces. Por una parte, Uribe dijo que había expuesto sus principales preocupaciones respecto al Acuerdo Final y que el presidente se había mostrado dispuesto a tenerlas en cuenta. Pero por la otra, Uribe señaló que sus preocupaciones van desde el acuerdo en materia rural, hasta el tema de justicia y que, en síntesis, se deben hacer profundos ajustes para no poner en riesgo “la propiedad privada” y “el concepto de familia”. Eso sí, el exmandatario pidió a Naciones Unidad que acompañe esta nueva etapa del proceso de paz, dijo que se debe garantizar la seguridad jurídica de guerrilleros y militares e insinuó que el cese al fuego debe continuar.

Posteriormente, Santos entregó su balance del encuentro. Dijo que como responsable del orden público podrá prorrogar el cese bilateral y que hasta el último día de su mandato insistirá en la paz, porque hoy está más cerca que nunca. También anunció que el diálogo con los sectores que representan el No continuará hasta alcanzar una fórmula que desempantane la implementación del acuerdo de paz. Pero a pesar de la formalidad de las declaraciones, quedó la sensación de que el proceso de paz entre el uribismo y el santismo puede tardar más que meses. La cuota de esperanza la puso la gente en las calles. Miles de personas salieron a marchar en Bogotá, Barranquilla, Cartagena y Tunja. Exigieron que la paz se concrete, que el cese continúe, y respaldaron al presidente Santos en su promesa de acabar con el conflicto armado más viejo del hemisferio occidental.

Y el jueves el pesimismo volvió a la agenda del día. La tormenta se desató por las declaraciones del exsenador uribista Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del No en Antioquia. Vélez Uribe afirmó que la campaña se había centrado en la indignación que producían mensajes virales e incluso reconoció que muchas veces utilizaron información tergiversada de los acuerdos. Las declaraciones desataron una tormenta en el Centro Democrático que acabó con un regaño de Uribe, un comunicado de su partido desautorizando al excandidato a la Alcaldía de Medellín, la posterior renuncia de Vélez a la colectividad y una investigación penal en la Fiscalía. Y cerró la jornada la noticia de que las unidades de las Farc empezaron a trasladarse a sus regiones de origen y a tomar posiciones defensivas ante una eventual ruptura del cese al fuego.

Pero la bruma empezó a despejarse el viernes desde la 4:00 de la mañana, cuando se conoció la noticia de que el presidente Juan Manuel Santos había sido galardonado con el Premio Nobel de Paz. Un reconocimiento que levantó el ímpetu de los promotores del acuerdo de paz y le dio un nuevo aire político al mandatario que, con evidente emoción, sentenció que es un premio para toda Colombia y prometió que gastará todas sus fuerzas en cerrar el conflicto armado con las Farc y que insistirá en escuchar las observaciones de quienes se inclinaron por el No.

De igual manera, de las intensas reuniones de los negociadores del Gobierno y las Farc salió humo blanco y en un comunicado conjunto en las partes anunciaron que rediseñaron los protocolos del cese al fuego para que puedan ser verificados por la ONU en una zonas de preconcentración. Expresaron que continuarán los esfuerzos de búsqueda de personas desaparecidas, desminado y sustitución de cultivos ilícitos. Como quien dice, que la paz continuará en búsqueda de consensos que permitan encontrar la fórmula jurídica y política para empezar el proceso de implementación de lo pactado en La Habana.

Y es que de no ser por el resultado del plebiscito, hoy sería el día D+8, las armas de la guerrilla habrían empezado ayer a ser transportadas a los lugares de almacenamiento con el acompañamiento de la ONU, el acto legislativo para la paz estaría en vigencia y el Congreso estaría escribiendo una página inédita en su historia. Seis voceros de las Farc ya estarían en el Capitolio debatiendo la ley de amnistía e indulto, o el proyecto aprobatorio del Acuerdo Final. Pero una diferencia de votos equivalente a la capacidad de un estadio de fútbol como El Campín cambió el rumbo y abrió una nueva mesa de negociación: la del Gobierno con los del No, encabezados por el expresidente Álvaro Uribe. Una negociación que esta semana se vivió como una auténtica montaña rusa en el parque de diversiones de la política nacional.

 

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