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hace 3 horas

Lo que la campaña dividió

Terminado el pulso por la Presidencia, varias colectividades enfrentan hoy un duro debate interno por los apoyos que sus dirigentes le ofrecieron a uno y otro candidato.

El presidente Juan Manuel Santos consiguió que 40 parlamentarios conservadores lo apoyaran en su campaña reeleccionista. / Archivo - El Espectador

Está claro que la campaña a la Presidencia exigió un fuerte desgaste de los candidatos y en ese camino los obligó a buscar alianzas. Alianzas que en muchos casos se dieron con dirigentes políticos y no con las colectividades a las que pertenecen. Hoy, surtido el proceso electoral, comienzan a verse los efectos de esos apoyos y, en ese sentido, profundas divisiones en el interior de los partidos.

El caso más evidente es el del Partido Conservador, que se sometió a una inusual disputa. La colectividad empezó la campaña perteneciendo a la Unidad Nacional, pero en su convención interna los líderes afines al santismo y los cercanos al uribismo se despellejaron en público. Al final, el pulso lo ganó la exministra de Defensa de Uribe, Marta Lucía Ramírez, quien se convirtió en la candidata de los azules.

Pero muchos de los parlamentarios se negaron a apoyarla y se quedaron en la campaña reeleccionista, así fuera por debajo de la mesa. Más de dos millones de votos consiguió la exministra en primera vuelta, lo que le dio legitimidad a su aspiración. Y para la segunda vino un nuevo enfrentamiento: Ramírez selló una alianza programática con Óscar Iván Zuluaga, el candidato del uribista Centro Democrático, mientras los barones electorales conservadores se quedaron abiertamente con el presidente Santos.

Entonces, el país votó por la reelección y se inició una nueva fricción. El presidente del Directorio Nacional Conservador, Ómar Yepes —quien se había mantenido del lado del uribismo con Ramírez— saludó la victoria de Santos y aplaudió el compromiso que tuvieron sus militantes con la decisión de apoyar a Zuluaga. Mientras tanto, su hermano Arturo, actual senador y quien se mantuvo en el grupo de parlamentarios santistas, quiere promover ahora que la colectividad se mantenga en la coalición de la Unidad Nacional.

Además, ha pedido que se desautorice a Marta Lucía Ramírez, a quien señaló de ser la “infiltrada” del expresidente Uribe en el partido. Para el congresista, si la excandidata continúa haciéndole oposición al Gobierno y el Directorio Nacional decide apoyarlo, debe irse de la colectividad. Como quien dice, pasada la función empieza la pelea.

Una situación similar se vive en el Polo Democrático por cuenta del apoyo de su presidenta y excandidata, Clara López. El hecho de que anunciara su apoyo a Santos para la segunda vuelta y, sobre todo, que se uniera a la campaña reeleccionista, le cayó muy mal al senador Jorge Robledo, el más votado del país el pasado 9 de marzo.

Robledo se inclinó por el voto en blanco o la abstención. El pulso terminó en que el partido dejó en libertad a sus militantes y López, quien había conseguido algo menos de dos millones de votos, se sumó a la campaña de Santos, argumentando que se necesitaba defender el proceso de paz. Sin embargo, para Robledo esa movida era entregar las banderas del Polo al santismo.

Las diferencias quedaron planteadas y el lunes pasado, apenas concluyó la campaña, el enfrentamiento se puso en el centro de la mesa del partido. López salió a defender su decisión. Se reafirmó en la necesidad de blindar el proceso de paz de la llegada del uribismo, sostuvo que terminada la campaña vuelve a la oposición y denunció “juego sucio y matoneo” por parte de Robledo: “Me asombra mucho que el senador Robledo me ha retado a una pelea y se dedicó a repartir una hojita amarilla, no a favor del voto en blanco, como fue su decisión, sino en contra de mi decisión. Eso no es juego limpio”, expresó la excandidata a la Presidencia.

En respuesta, el congresista negó haber maltratado a López, pero reconoció que existen fisuras en la colectividad: “En el Polo se estableció la posibilidad del voto a conciencia, en buena medida para que ella pudiera respaldar a Santos. Pero la manera como lo hizo creó una confusión descomunal, era un respaldo a título personal, aunque ella organizó las cosas para que pareciera institucional. La presidenta del Polo, el único partido de oposición, de camisa amarilla al lado de Santos, también de camisa amarilla”, explicó Robledo.

Ahora, el conservatismo y el Polo no fueron los únicos partidos que sufrieron división. Lo que arrancó como la Alianza Verde para las elecciones parlamentarias, terminó fragmentado en pedazos para las presidenciales. Primero, porque un sector del Partido Verde y los progresistas se negaron a apoyar a Enrique Peñalosa en su aspiración presidencial. En especial el sector cercano a Antanas Mockus, que apoyó a Santos. Al final, la Alianza Verde fue flor de un día.

También sufrió los estragos electorales el antiguo PIN, hoy Opción Ciudadana. El senador Mauricio Aguilar, hijo del exgobernador Hugo Aguilar —procesado por parapolítica— se fue con Zuluaga (designado ayer director del Centro Democrático), mientras que los senadores Samuel Arrieta, Teresita García, Hemel Hurtado, Édgar Espíndola, Antonio Correa y Doris Vega, entre otros, apoyaron la reelección de Santos. La conclusión es que las campañas a la Presidencia se llevaron a su paso la unidad de varias colectividades. Y mientras para los aspirantes a la Casa de Nariño el panorama ya se despejó —uno ganó y el otro perdió—, para quienes los apoyaron con las banderas de una u otra colectividad, el debate hasta ahora comienza.