'A la campaña le falta pimienta': J.J. Rendón

El estratega político venezolano dice que faltan propuestas interesantes de los candidatos y que los medios de comunicación deben prestarse más para analizar lo que pasa en el día a día.

J.J. Rendón asesoró la primera campaña política del presidente Juan Manuel Santos a la presidencia. / Archivo

Entre denuncias de Diosdado Cabello sobre correos para dividir a Venezuela, asesorías desde Miami a la oposición y a candidatos presidenciales, se mueve hoy el estratega político Venezolano Juan José JJ Rendón, quien asesoró al presidente Juan Manuel Santos en su primera campaña a la Presidencia. El Espectador habló con él sobre la campaña electoral colombiana y la delicada crisis que hoy afronta Venezuela.

¿Qué rol está jugando dentro de la oposición venezolana actualmente?

Desde los últimos años estoy muy conectado con el liderazgo opositor en todos los sentidos.

¿Qué quiere decir eso?

Que hablamos con regularidad y que me consultan cosas. Es una actividad no lucrativa, incluyendo la campaña de H. Capriles.

¿Por qué surge su problema con el gobierno venezolano?

Hace muchos años, desde que Nicolás Maduro era canciller. Cuando él financiaba la campaña de Manuel López Obrador, yo era asesor del PRI. En Honduras yo trabajaba con Pepe Lobo y él estaba del lado de Manuel Zelaya.

Esos eran escenarios de enfrentamiento que no permeaban la realidad venezolana, pero ahora con Maduro siendo presidente, es más evidente.
Hablando de las presidenciales en Colombia, cuando llegó hace cuatro años a la campaña del presidente Santos, el consejo que dio fue decir que el importante era Uribe.

Ahora que no está el expresidente, ¿cómo va a hacer para estructurar su estrategia?

Eso fue lo que recogió la gente, pero no fue lo único ni lo más importante. La elección hace cuatro años terminó 69% a 27%, usted no puede terminar así si no tiene voto de opinión.

¿Cuánto sumó el voto de opinión en la campaña pasada?

El 30%, pero los uribistas piensan que todo lo que Santos tiene se lo debe a Uribe y eso no es así. Le debe 30% de los votos, el otro 30% a la coalición que se formó en segunda vuelta y a Mockus, a sus errores, le debemos por lo menos el 20% de esa elección.

Sin embargo, cuando usted llegó, uribizó la campaña. ¿Ahora cómo va a trabajar sin ese ingrediente?

La U se alimentó en su momento de la buena imagen del expresidente Uribe. Ahora le tocará a la campaña presidencial alimentarse de otras cosas que no correspondan sólo al expresidente.

Pero es difícil, ¿o no?

Si no lo fuera, yo no tendría trabajo. Si los números dijeran que ya Santos ganó, entonces para qué nos contratan.

Alguna vez dijo que Uribe no lo necesitaba para ganar una campaña. ¿Sigue pensando igual?

Yo nunca trabajé formalmente para Uribe. Trabajé para el Partido de la U y ahí me pedían que asesorara al expresidente, tampoco creo que me contrataría. Él cree en sus instintos, para Uribe yo siempre fui una persona incómoda, porque era quien le llevaba los números y él no creía en eso.

¿Cree que Uribe necesita asesoría para su campaña?

Para llegar al Senado, no; para cambiar la Constitución y tener la posibilidad de ser nuevamente presidente, necesita un batallón de asesores.
Aquí hay una gran preocupación sobre cuántos senadores sacará el expresidente Uribe en esta elección. ¿Cuántos cree usted?
Esa es una preocupación falsa.

¿Por qué?

Porque históricamente la gente no conoce quiénes son los candidatos, ni siquiera decide por quién va a votar en las legislativas, sino hasta los últimos quince días. Hay una porción muy grande de gente que lo decide el día de la votación. Un mes en campaña es un siglo, sin contar que la gente no le está poniendo atención al tema.

¿Cómo ve la campaña presidencial?

A esta campaña le hace falta pimienta, le hace falta fiesta y le hace falta vida. Faltan propuestas interesantes. El síntoma de lo que esta pasando hoy pasa por las campañas, incluyendo la nuestra, bastante convencional por cierto. Nadie se está atreviendo a nada y quien lo está haciendo lo hace con campaña negativa directa, lo cual es un error.

Para usar su terminología, ¿cómo se le pone pimienta a la campaña?

Que la autoridad electoral haga una fuerte campaña para que la gente se dé cuenta del proceso electoral, que los medios se presten más para el análisis de lo que pasa en el día a día y abra más espacios, que no hay. Es más importante La voz Colombia que la campaña.

¿Quién puede ser el palo de esta elección?

Hay candidatos que se lanzan muchas veces, como es el caso de Peñalosa. Piense que Lula se lanzó cuatro veces y la cuarta se le dio. Aquí puede suceder un quiebre de opinión, que los candidatos cometan errores y que la gente modifique su voto. El juego está abierto y esto se acaba cuando se acaba.

¿Cómo ven dentro de la campaña el voto en blanco, que es una muestra clara del descontento de la ciudadanía con los políticos actuales?

No le estoy hablando como estratega de la U, le hablo como consultor viendo las elecciones de Colombia. A mí me preocuparía mas el número de indecisos, el voto en blanco y la distracción de la gente hacia lo político. Igualmente preocupa la superficialidad en la cobertura que hacen los medios, no hay nadie haciendo análisis de planes de gobierno.

¿Habrá segunda vuelta o e ganarán en primera?

No estoy convencido nunca de nada. Quisiera ganar en primera vuelta.

La campaña está centrada exclusivamente en la paz. ¿Da para tanto el tema de La Habana para que sólo se hable de eso en esta contienda?

No, la paz es un tema más. Me gustaría que se hablara de otras cosas. Y cuando empiece la campaña, no será el único tema del que hablaremos.

¿Por qué no puede venir usted a Colombia? ¿Por qué ha desfilado toda la cúpula reeleccionista por Miami?

Porque Nicolás Maduro me decretó apátrida, me negó mi nacionalidad. Yo no me voy a arriesgar para quedarme como Snowden tirado en Rusia sin poder regresar.

¿Por qué siempre que lo contratan para una campaña la gente lo ve como algo negativo?

Los que dicen eso son los que pierden. Yo nunca he oído un cliente mío que diga que yo le propuse cosas malignas. También lo dicen quienes tienen la cosa resuelta y saben que yo llego a arreglar el problema porque sé cómo voltear los números, eso no es grato.

Si siempre lo llaman cuando hay problemas, ¿quiere decir que Santos cree que está en problemas?
No, creen que es mejor prevenir que lamentar. Además, el objetivo de una campaña hacia la otra es distraerla e imponer la agenda. Hay periodistas militantes que el domingo en una columna destrozan la campaña y si eso se vuelve tema de la reunión de estrategia de los lunes, lanza por la borda todo lo que se planeó, porque al final es mejor escribir una columna el domingo. Esa lucha de saber quién tiene agenda y quién no, es muy complicada.

Volviendo al tema de Venezuela, ¿usted cree que no son ciertas esas versiones que aseguran que Diosdado podría darle el golpe a Maduro?

Si Diosdado espera ser constitucionalmente el que ostente el poder, Maduro tendría que renunciar.

¿Usted cree que es factible que Nicolás Maduro renuncie?

No es sino ver a Ucrania.

¿Y estarían satisfechos en la oposición con la renuncia de Maduro y la llegada al poder de Diosdado?

No. Aquí los problemas son de fondo y de años. 

Hay quienes dicen que el día de su entrega, Leopoldo López y Diosdado Cabello hicieron un acuerdo. ¿Es así?

El único acuerdo que hubo fue para evitar un derramamiento de sangre al día siguiente. La preocupación del gobierno es que la oposición tuviera un plan B sangriento. Al gobierno se le dieron las garantías de que Leopoldo iba a hacer un acto pacífico y para evitar versiones raras se entregó públicamente sin causa además. Ese acto de valentía pasó por una coordinación y conversación previa con Diosdado Cabello.

Ese tipo de gallardía tiene por lo general un objetivo político. ¿A qué le están jugando?

Cada quien tiene su vocación. A veces las circunstancias obligan a los políticos a hacer ciertas cosas porque no les queda otra.

Se han visto por estos días dos discursos distintos, uno el de López y otro el de Capriles. ¿Hay división en la oposición venezolana?

Eso es lo que se ve desde afuera, pero no es así. Si hay diferencias es en el cómo, no en el qué, y eso es normal. Se van ajustando las posiciones en función de la opinión, el problema es que hoy ni la oposición ni el gobierno domina el escenario. Hoy quien está en las calles es la gente, es un error del gobierno creer que es la oposición que quiere tumbarlos y es un error que la oposición crea que puede dirigir esas protestas.

¿Al final qué es lo que quieren lograr?

Que se respeten las libertades individuales, que el gobierno enmiende sus políticas, que no se criminalice a la oposición, que se libere a los presos políticos, que se desarme a los colectivos entre otras cosas.

Es decir, ¿que sí apuestan por sentarse con el gobierno a negociar?

No siempre eso pasa por negociar. La salida es que el gobierno como está se declare incompetente, a menos que corrijan y acepten que no lo están haciendo bien.

¿Y si nada de eso pasa?

Seguirá la gente en las calles. Cuando hay conflictos, o se es de roble o se es de bambú. Y la paz se negocia entre enemigos, no entre amigos.

¿Cuánto tiempo cree que va a durar esa resistencia en las calles?

No sabemos, pero el que se cansa pierde. Vamos a ver quién se cansa primero.