CNE dejó en firme candidatura de Antonio Quinto Guerra

Cartagena se juega su futuro: radiografía a una semana de las elecciones atípicas

El próximo domingo, la Heroica elige alcalde en elecciones atípicas. El candidato más opcionado tiene a toda la clase política de su lado y es cuestionado por sus “malas” compañías. Radiografía de su realidad política.

La localidad 2 en Cartagena, vecina de la Ciénaga de la Virgen, será una de las zonas más críticas en la jornada electoral. Fotos Germán Gómez Polo - El Espectador

A simple vista se puede adivinar con qué candidato a la Alcaldía de Cartagena están las familias pobres que viven en las calles que conectan con la vía perimetral. En sus fachadas, muchas construidas con madera y otros materiales, están colgados, repartidos casi que equitativamente, los afiches de los dos aspirantes que hoy tienen más opción de llegar al Palacio de la Aduana: Antonio Quinto Guerra Varela, Andrés Betancourt, Quinto Guerra, Andrés Betancourt, Quinto, Andrés. Eso es lo que se puede leer mientras se avanza dentro de un taxi y se miran las calles de los barrios en las que las paredes todavía tienen publicidad política de la campaña electoral de 2015. Algunos, los más descarados, duermen con las propagandas de ambos candidatos pegadas en sus puertas, como si se tratara de una estampa del Divino Niño. Quizás esperando que alguno de los dos, por fin, se convierta en la solución a sus eternos problemas.

La vía perimetral bordea toda la zona suroriental de Cartagena. De un lado están varios de los barrios que albergan más miseria en la que fue la tercera ciudad más pobre del país, en 2017, de acuerdo con el índice de pobreza monetaria revelado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Del otro lado está la Ciénaga de la Virgen. A lo largo de esta carretera, inaugurada en 2006 como una de las soluciones a los problemas de movilidad en la ciudad, pero en donde el tránsito no es constante por el alto índice de inseguridad, están La María, Boston, Líbano, Costa Linda, Olaya Herrera y Ricarute. La vía termina, pero los barrios siguen y es desde ese límite de asfalto en donde las casas empiezan a adentrarse a la ciénaga, configurando una de las imágenes más icónicas de la pobreza extrema en el Caribe.

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Los cartageneros eligirán al alcalde que los gobernará hasta 2019, cuando se realicen las elecciones regionales. Foto: Germán Gómez P. 

El próximo domingo 6 de mayo, Cartagena se juega, como tantas otras veces, su futuro. La inestabilidad administrativa ha imperado desde que, en 2013, murió el popular alcalde Campo Elías Terán Dix, víctima de un cáncer de pulmón que lo tuvo por fuera de su despacho durante meses. Lo que siguió fue una sucesión de mandatarios encargados, designados y elecciones atípicas que dejaron indefensa a una ciudad que, paradójicamente, enfrentó con valentía los ataques de piratas e ingleses durante la Colonia. La corrupción ha sido más fuerte que los cañones y ha logrado penetrar el grosor de sus murallas centenarias. Las calles, angostas en el centro histórico y polvorientas en el sur, las caminan ciudadanos que han perdido cualquier atisbo de confianza en la institucionalidad. Por el Palacio de la Aduana se han paseado tantos alcaldes en los últimos cinco años que no hallan a quién creerle. “Compa, descarte a Quinto. Ese man está inhabilitado. Ahí hay otros que son buenos”, comentaba un cartagenero el domingo pasado en una esquina sobre la avenida Venezuela, a pocos metros de la Estación Centro de Transcaribe, el sistema de transporte masivo de la ciudad.

Una semana después, la afirmación de aquel ciudadano perdería toda la validez. El Consejo Nacional Electoral (CNE) decidió en la tarde del viernes una solicitud de revocatoria de la inscripción de Antonio Quinto Guerra Varela. Dejó en firme su candidatura, a pesar del concepto de la Procuraduría que pedía su revocatoria, y acabó con los susurros en los corrillos políticos que guardaban una esperanza, pues, prácticamente, esa era la única forma de detener el paso victorioso del candidato sobre una alfombra roja.

La contienda

Quinto Guerra es el candidato de la clase política. Los tiene a todos, tanto al Partido Conservador, que avala su aspiración, como a los demás congresistas de Cartagena y Bolívar. A su campaña ha llegado el apoyo de los senadores Andrés García Zuccardi, del Partido de la U; Lidio García, del Liberal, y de Nadia Blel, del Conservador. También lo apoyan los representantes a la Cámara Hernando Padauí y Karen Cure, de Cambio Radical; Silvio Carrasquilla, del Partido Liberal; Alonso José del Río, de la U, y Emeterio Montes y Yamil Arana, recién electos por el Conservador. Un apoyo mayoritario que, por supuesto, no llega solo, sino que, como el río Magdalena al mar Caribe, arrastra con los sedimentos de una política familiar tradicional, corrupta y condenada.

Por ejemplo, como lo registra La Silla Caribe, lo respalda Juan José García Romero, exsenador condenado por corrupción y cabeza de la cuestionada Casa García, de la que también es parte la exsenadora Piedad Zuccardi, quienes son los padres del hoy senador Andrés García Zuccardi. También tiene dentro de su campaña al exsenador William Montes, parapolítico que participó en el conocido “Pacto de Ralito” y, como es de conocimiento público, es familiar del electo representantes Emeterio Montes, quien fue la fórmula de Aída Merlano, involucrada en un escándalo por la compra de votos en Atlántico. En la lista siguen el parapolítico Vicente Blel Saad, padre de la senadora Nadie Blel Scaff y del actual concejal Vicente Blel Scaff; el también parapolítico Javier Cáceres Leal, quien, según medios locales, ha estado activo en la campaña a favor de Quinto en San Francisco, el barrio que vio nacer al exsenador; y la sombra de Enilce López Romero, conocida como la Gata, representada por la congresista Karen Cure, quien ya había obtenido el apoyo de ese grupo político en 2014.

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Aparte de eso, un sector amplio de los empresarios también le hacen el juego a Quinto Guerra. Pero él, con su candidatura política protegida debajo del brazo, luego de la decisión del CNE, no habla del tema si se le pregunta. “Esta es una campaña de todos los cartageneros. Hace un par de meses, un grupo de ciudadanos me pidió que aspirara por segunda ocasión a la Alcaldía. Acepté ese llamado. En Cartagena nos quieren tener bajo el estigma de que la clase política ha puesto a la ciudad en donde está, pero quiero recordarle que los últimos alcaldes no han provenido de ella. Los que han fracasado son de otros sectores”, señaló el candidato en diálogo con El Espectador. Por el contrario, se defiende con las que son sus fortalezas: un hombre curtido en la gestión pública, conocedor del funcionamiento de la administración local, gracias a su experiencia como concejal, y abogado con especialización en derecho administrativo.


Antonio Quinto Guerra es uno de los más opcionados para ganar las elecciones del próximo domingo 6 de mayo. Foto: Germán Gómez P. 

Para Quinto Guerra, en los cerca de 18 meses que duraría la administración de quien gane la elección atípica no alcanzarán para muchas cosas, sin embargo, plantea priorizar la reorganización administrativa de la ciudad, a través de la generación de autoridad, la creación de las secretarías de la seguridad, de la mujer, de la juventud y de desarrollo económico, y creando un organismo denominado como la gerencia de la ciudad, que estaría a cargo de la dirigencia empresarial y que deberá hacer seguimientos a los muchos megaproyectos que están pendientes en la Heroica.

En la contienda política también aparece el exconcejal Andrés Betancourt, quien aspira por la Alianza Social Independiente (ASI) y se posiciona como la competencia directa de Quinto. Se muestra como una alternativa a la clase política tradicional, sin embargo, desde muchos sectores políticos y cívicos se considera que es parte de esta misma, como un lobo disfrazado de oveja. La desventaja es evidente, y es que su campaña se ha quedado sola. La única que ronda por esos lares es la senadora Dayra Galvis, quien no ha mostrado, hasta el momento, un apoyo directo. A decir verdad, su postura en la campaña cartagenera es más bien un misterio porque sus líderes y congresistas de Cambio Radical ya están en la campaña de Quinto, mientras que sus fichas distribuidas en la Secretaría de Participación del Distrito estarían también haciéndole “ojitos” al candidato conservador.

Por otra parte, a Betancourt también se le ha relacionado con la Casa García, básicamente, porque su campaña tiene la simpatía de los hermanos Carlos y Mario Feliz Monsalve. El candidato responde con tranquilidad el cuestionamiento. “El señor Carlos Feliz fue mi alumno cuando fui profesor de odontología. Y Mario Feliz fue mi abogado, así que, más allá de cualquier afinidad política, tenemos una amistad y eso no implica que los García estén metidos en esto. Si algo representa Quinto Guerra es la desconfianza en la clase política. Yo les genero desconfianza”, comenta el candidato, como algo positivo.

En la otra orilla está David Múnera, candidato del Polo Democrático, quien hoy no tiene prácticamente ninguna posibilidad si se tiene en cuenta que cuenta con pocos recursos, no se logró la unidad con la Alianza Verde y Compromiso Ciudadano por Colombia, el movimiento de Sergio Fajardo, para llegar con un candidato en coalición y, mucho menos, se ha logrado pactar una tercería que se convierta en opción real.

“Aquí hay un pequeño sistema para elegir alcaldes. Llega un financista con chequera en blanco y hay casas políticas, con todo el respaldo, pidiendo cuotas y tajadas en las secretarías. Así han sido todos: Dionisio Vélez, Manolo, Campo. Ahora quieren repetir la historia con Quinto y Andrés, quien hace cuatro meses tenía el respaldo de todos, pero se le fueron porque él no genera confianza. A la clase política le molesta que haya alguien de su mismo equipo que quiera parecer honesto. No les gustan los cínicos”, ataca Múnera. Sin mucho ruido, también aspiran César Anaya, Javier Bustillo, Germán Viana, Lía Muñoz, Armando Córdoda y Jorge Quintana.

Lo que está en juego

Los candidatos que se pelean el primer cargo de Cartagena prefieren un año y siete meses que cuatro años de gobierno. Parecería ilógico si no se tuviera en cuenta que, más allá de sus intenciones altruistas de organizar la ciudad y sacarla de una de las crisis más graves de la historia reciente, también están en juego multimillonarios recursos. En ese tiempo se podría definir el futuro de proyectos tan importantes como la protección costera, que cuenta con unos $160.000 millones, de los que el Distrito pondría $60.000 millones, la quinta avenida del barrio Manga ($120.000 millones), la construcción del edificio administrativo del Distrito ($190.000 millones), el plan maestro de drenajes pluviales (más de un billón de pesos) y numerosas concesiones que hay que revisar, entre ellas la de alumbrado público, que debería definirse el próximo mes de diciembre, además de la continuación o no de los peajes internos o el traslado de la Base Naval de Bocagrande.

La máquina de comprar votos

Es por eso que, desde ya, la Misión de Observación Electoral (MOE) ha encendido las alarmas sobre las elecciones atípicas de la ciudad, tomando como referente varias de las situaciones que se presentaron en los comicios a Congreso el pasado 11 de marzo. Las cifras son preocupantes, pues, de acuerdo con informes de la organización, un porcentaje cercano al 80 % de los puestos de votación están en riesgo medio, alto o extremo de presentar irregularidades: los más críticos son la Universidad Tecnológica, en Manga; la institución educativa Nuevo Bosque, Nuestra Señora del Carmen y el colegio Promoción Social. “Vamos a tener 50 observadores en terreno. En estas elecciones habrá una novedad, y es que acompañaremos el transporte de los votos hasta el lugar de los escrutinios. En las elecciones a Congreso identificamos que muchos protocolos del transporte físico de los votos no se cumplieron, sobre todo en la zona rural”, explica Ana María González, coordinadora de la MOE en Cartagena. Al tiempo, advierte sobre las condiciones de iluminación alrededor del Coliseo de Combate, ubicado en el barrio Chiquinquirá, cuyos alrededores han quedado prácticamente en la oscuridad como consecuencia del vandalismo.

Sin embargo, el arduo trabajo de la MOE no es suficiente para evitar un voto que, en muchas zonas de la ciudad, y como se presenta en otras partes del país, está amarrado a la necesidad y el hambre. De hecho, la operación de compra de votos se inicia desde muchos meses antes de las elecciones, con la identificación de líderes en barrios que son los encargados de “engrasar” la red clientelar a través de favores, mercados, facilitación de trámites o, simplemente, dinero. El siguiente paso se desarrolla durante la época de inscripción de cédulas, cuando los líderes zonifican los votos comprometidos en puestos de control lejanos a los barrios de origen, lo que permite un mayor control de la votación en las mesas y así poder cobrar el resto de dinero a intermediarios de las campañas. Esta modalidad la confirma uno de los líderes que conoce de cerca el tema en Blas de Lezo, quien asegura que para estas épocas la logística de movilización de personas hacia los puestos de votación está muy organizada, a pesar de que la campaña no ha sido tan agitada.



Diferente a otras ocasiones, la publicidad no se ha tomado agresivamente las paredes de la ciudad. Ahora está instalada en los carros. Foto: Germán Gómez P. 

“Lo más grave sobre el fenómeno es que se ha convertido en un eufemismo. Como dar dinero no es permitido, las campañas buscan el quiebre y dan incentivos, refrigerios, tejas, becas, paseos u otras cosas que representan la transacción por el voto. También hay economías paralelas que fortalecen las clientelas políticas”, apunta González, quien también considera que la “metástasis” que la compra de votos hace en la ciudad el día de las elecciones la hace incontrolable: “Ni siquiera el votante es consciente de esa ilegalidad porque toda la vida lo ha hecho así”. Por su parte, las autoridades preparan la logística para el 6 de mayo, con un esfuerzo por hacer rendir un presupuesto que no tenía prevista una elección atípica. Según explica Yolanda Wong, secretaria del Interior de Cartagena, se utilizará el mismo operador para las atípicas y la primera y segunda vuelta presidencial. Para eso hay disponibles $2.000 millones. La funcionaria concuerda, por ejemplo, en que una de las zonas más problemáticas es la localidad 2, de la Virgen y Turística, en donde la ciudad ha crecido tanto que empieza a limitar con Bayunca, pueblo vecino.

¿Nueva interinidad?

La situación política de Cartagena no aguanta otro reversazo y, avalada la candidatura de Quinto Guerra, la preocupación se centra en si, una vez destapadas las cartas de la Procuraduría General de la Nación —que, además, interpuso un recurso contra la decisión del CNE que deberá ser resuelto la otra semana— en contra de quien puede ser el próximo alcalde, habría una nueva destitución que deje a la ciudad en la misma crisis actual. Por el momento, sectores ciudadanos han llamado a votar por otros candidatos, para evitar ese posible escenario, y, en caso de que Guerra llegue al Palacio de la Aduana, han pedido no bombardear su administración con demandas para sacarlo. En Cartagena hay un grupo que monta alcaldes y otro que los tumba, pero ante el riesgo de quedar a merced de intereses externos, los cartageneros creen que algo es algo y peor es nada.

 

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