Con las cartas abiertas

El país quedó notificado de que el presidente quiere la continuidad de sus políticas más allá de 2014, en carne propia o en cuerpo ajeno (¿Vargas Lleras?). Arrancó la campaña.

El presidente Santos dijo que seguirá adelante en la tarea de avanzar en la construcción de un país más justo, moderno y seguro.  / Presidencia
El presidente Santos dijo que seguirá adelante en la tarea de avanzar en la construcción de un país más justo, moderno y seguro. / Presidencia

Que la campaña presidencial de 2014 arrancó con el anuncio del presidente Juan Manuel Santos de desear la continuidad de sus políticas, a nadie le cabe duda. Puede que el primer mandatario se haya apresurado en aclarar que será respetuoso de las reglas de juego y que sólo anunciará si va o no por la reelección seis meses antes de los comicios, como lo ordena la ley, pero es evidente que el haberle notificado al país ese “deseo” implica la señal de largada de una carrera que se vislumbra llena de obstáculos, con temas claves aún pendientes, comenzando por la paz que se negocia con las Farc en La Habana.

Lo cierto es que a partir de ahora existe un nuevo escenario político en Colombia, en el que el jefe de Estado parece estar jugando a varias bandas y donde inevitablemente todo lo que haga será medido en la perspectiva de la búsqueda de su continuidad. Un panorama en el que, de entrada, quedan planteados una serie de interrogantes de tipo político-partidista: ¿Qué va a pasar con la Unidad Nacional? ¿Qué camino tomará el Partido Conservador, hoy con un Directorio Nacional de línea uribista ‘purasangre’? ¿El paso de Germán Vargas Lleras a la Fundación Buen Gobierno significa el fin de Cambio Radical? ¿Se atreverá el Partido Liberal a buscar candidato propio, como lo ordenan sus estatutos y reclaman algunos sectores?

Las interpretaciones sobre el porqué hizo el anuncio de desear la reelección pueden ser muchas. Por ejemplo, el exmagistrado de la Corte Constitucional y excandidato presidencial Carlos Gaviria considera que a partir de Álvaro Uribe se creó la “mala costumbre” presidencial de dejar tareas pendientes para decir que se necesita más tiempo para completarlas. “No quiero que los positivos y profundos cambios que estamos realizando se queden en la mitad del camino”, dijo Santos el viernes pasado. Pero también, como lo advierte Carlos Lozano, vocero del movimiento Marcha Patriótica, queda claro que no quiere someter las negociaciones de paz de La Habana al “capricho reeleccionista” y que su intención es hacer el proceso “sin las carreras que había prometido”.

Hay quienes creen que un eventual estancamiento de las conversaciones en Cuba, más el recrudecimiento de las acciones violentas en el país, podrían ser un escenario nefasto para Santos en su intención de hacerse reelegir. De allí la propuesta que se escuchó esta semana en el Congreso, en el sentido de aplazar los diálogos de paz mientras se define la cuestión electoral. Pero el mismo jefe de Estado ha sido claro: “Hay momentos en los que un gobernante tiene que arriesgar. No hay una apuesta más importante, más urgente para este país que la paz”, manifestó en una reciente entrevista. Un riesgo político que podría ser minimizado en caso de tomarse la decisión de levantarse de la mesa, pues sus credenciales lo muestran como el hombre que le ha propinado los más duros golpes a las Farc. Por eso no hubo concesiones de cese al fuego, ni despejes.

Ahora, Santos no sólo notificó su deseo de reelección, sino que se cuidó de organizar un equipo de avanzada para tantear las posibilidades reales de ella, pues al fin y al cabo advirtió que no es una decisión definitiva. Y es de esperar que con Vargas Llegas como su punta de lanza en la defensa de la obra de gobierno, se marcará el rumbo de la campaña. Todos saben que el ahora exminvivienda tiene músculo político propio y sabe moverse en el juego electoral. “Las cosas quedaron en que puede ser Santos o Vargas Lleras. Lo claro es que están tomando decisiones conjuntas para evitar que los debiliten el expresidente Uribe y sus huestes. El Gobierno se va a concentrar en el tema social, porque la paz aún no ha despegado. Son la ventajas del poder y las probabilidades de ganar”, explica el analista Fernando Giraldo.

A su vez, para el expresidente Ernesto Samper, sin duda la presencia de Vargas Lleras en el proceso político-electoral le va a imprimir un nuevo dinamismo, porque representa la alternativa de Santos: “Va a ser el jefe de debate de la aspiración reeleccionista y podría ser eventualmente la carta del santismo para aspirar a la Presidencia”. Una situación que nos lleva a una realidad inevitable: en todos los análisis que se hagan de aquí a noviembre habrá que tener en cuenta el factor Vargas Lleras y el mismo primer mandatario ha dejado abierto un compás de espera que de una u otra manera le permitirá sopesar el eventual sube y baja de su favorabilidad en las encuestas.

Pero además de Vargas Lleras, en la Fundación Buen Gobierno —desde ya vista como el anclaje hacia la reelección— estará el exdirector de la Policía, general (r) Óscar Naranjo, que llega a la política —como él mismo lo reconoció— con uno de los índices de favorabilidad más altos en la opinión pública nacional y de quien se dice tendrá la misión de afianzar los temas de seguridad y narcotráfico de cara a los eventuales acuerdos que se alcancen en La Habana. De hecho, ya suena hasta para fórmula vicepresidencial en 2014. De paso, Santos cerró el paso a los ‘coqueteos’ que constantemente le venía haciendo el uribismo con la intención de llevárselo hacia sus filas.

Sea como sea, con Santos o con Vargas Lleras, la estrategia de continuidad está montada. Por los lados de la Unidad Nacional, algunos ven una mala señal en que el primer mandatario haya decidido impulsar su reelección desde Buen Gobierno y no con los partidos. Aún así, señala el senador de la U Armando Benedetti, nadie se va a ir, porque necesitan estar en el poder. “No habrá cambios, menos ahora que existe la certeza de que el presidente Santos buscará la reelección. Se va a quedar con los partidos de la Unidad Nacional y todos se van a mantener en el lugar que tienen. El Partido de la U no se va a alejar de Santos, porque lo necesita, y con los demás partidos va a pasar lo mismo”, indica Benedetti.

Los conservadores parecen ser, por ahora, los posibles rebeldes. Por lo menos ya su presidente, el senador Efraín Cepeda, ripostó diciendo que están en la búsqueda de candidato, algo que decidirá la Convención Nacional del partido, prevista para antes de octubre. “Nuestro compromiso con la Unidad Nacional va hasta el primer gobierno del presidente Santos. De ahí en adelante estamos en libertad para tomar nuestras propias decisiones”, agregó Cepeda. La pregunta es: ¿Se atreverá un partido tan acostumbrado a la ‘mermelada’ burocrática a aventurarse en una candidatura incierta? No se sabe, como tampoco qué tanto pueden influir en las decisiones de la colectividad la llegada a su Dirección Nacional de exministros uribistas como Carlos Holguín Sardi y Marta Lucía Ramírez.

Por cierto, el uribismo, hoy representado en el Centro Democrático, también quedó notificado. El viernes pasado, a través de la red de Twitter, el expresidente Álvaro Uribe escribió: “Decisión del general Naranjo me causa tristeza porque compartió nuestras políticas y contribuyó a ejecutarlas durante ocho años”. A su vez, el precandidato Óscar Iván Zuluaga manifestó, también por esa vía virtual, que el presidente Santos cambió la política cierta de la seguridad democrática por el diálogo con el terrorismo y por eso no hay que reelegirlo, mientras que Francisco Santos celebró que el jefe de Estado hubiese salido al ruedo y pidió transparencia e igualdad de condiciones en la campaña, “sin pauta multimillonaria en medios”.

El senador Juan Carlos Vélez, único alfil del exmandatario en la U, tiene otra interpretación. Según le dijo a El Espectador, lo que Santos hizo fue una jugada maestra al comprometer a Vargas Lleras y ponerlo a trabajar por la reelección, pero el tiro le puede salir por la culata “cuando las encuestas lo pongan por encima del mismo presidente y se vaya a hacer campaña para sí mismo”. Y Vélez habla de frente de la estrategia uribista con este panorama: “En esa división Santos-Vargas Lleras, entramos nosotros como la tercería”. Pero además, dice que los parlamentarios que hoy se muestran santistas por la ‘mermelada’, con la entrada en vigencia de la Ley de Garantías en noviembre, al ver que no hay contratos para repartir, irán a golpear las puertas del uribismo.

Y ese será el pulso a encarar por la Fundación Buen Gobierno. Santos sabe que hay tareas pendientes que, además de lo que pase en La Habana, incidirán en la ruta trazada de la reelección. Y son temas que ante la ciudadanía no dan espera: las reformas a la salud y la educación, la crisis de la justicia, la consolidación de la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, un panorama de desaceleración de la economía a nivel mundial que sigue siendo una amenaza y por el que ya se están viendo los efectos en la industria y el agro. Diferentes frentes de batalla a encarar en un año y tres meses definitivos. Las cartas están jugadas y ya quedó claro que Buen Gobierno será ahora el búnker político de Santos en su estrategia reeleccionista.

Los escuderos desde Buen Gobierno

Junto a Germán Vargas Lleras, que será el presidente de la junta directiva de la Fundación Buen Gobierno, estará un equipo estratégico, pensando en una eventual campaña reeleccionista en 2014.    

Se trata del exsecretario general de la Presidencia Juan Mesa, quien será el director ejecutivo de la Fundación, quien es reconocido como uno de los hombres de confianza de Santos y encargado de las estrategias de comunicación. Asimismo, el exministro de Defensa y exembajador en Washington Gabriel Silva, hoy por hoy el principal escudero del presidente en la disputa política contra el expresidente Uribe.    

En Buen Gobierno también estarán la excanciller María Emma Mejía, quien recientemente ofició como secretaria general de la Unasur, siendo clave en el posicionamiento de Santos como líder regional, y Juan José Echavarría, excodirector del Banco de la República, quien se encargará de los lineamientos en materia económica.

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