Colombianos están desencantados de la política

El 75% de los colombianos dice no estar satisfecho con el actual sistema político. Y el 83% piensa que los ricos tienen demasiada influencia en la política.

 Que la controversia política entre santistas y uribistas sirve para alimentar la discusión y para que cada una de las partes exponga ante la ciudadanía sus puntos de vista sobre asuntos fundamentales, como por ejemplo el proceso de paz con las Farc, puede que sea cierto. Pero también lo es que tanta polarización termina cansando, sobre todo cuando esa confrontación, más que ideas, trae también insultos, descalificaciones y acusaciones, muchas veces con un lenguaje cargado de groserías.

Y es que un estudio del centro de investigación estadounidense Pew (en inglés, Pew Research Center), un ‘tanque de pensamiento’ (think tank) con sede en Washington, que brinda información sobre problemáticas, actitudes y tendencias que caracterizan a los Estados Unidos y el mundo, revela que Colombia encabeza la lista de países emergentes cuya población viven más desencantada con la política. En efecto, el 75% de los encuestados aseguró no estar satisfecho con el actual sistema político, frente a un 24% que dijo que sí lo está.

El estudio analiza datos recopilados en 31 países emergentes y en vías de desarrollo del mundo, entre ellos nueve de Latinoamérica (Colombia, Brasil, Argentina, Perú, México, Venezuela, Chile, El Salvador y Nicaragua) y concluye que esta región es, junto a Oriente Medio, la que concentra un mayor descontento político entre su población. Su metodología se basa en entrevistas a mil personas adultas en cada uno de los países, entre abril y mayo de 2014, con márgenes de error que varían según el sitio pero que, en general, fluctúan entre los 3,5 y los 4,5 puntos porcentuales.

De los 31 países del mundo estudiados por Pew, el único que supera a Colombia en la proporción de descontento político entre la población es Líbano (90%), mientras que Brasil muestra el mismo porcentaje de frustración con la política que los territorios palestinos, donde hay un 71% de inconformes. Además, en los nueve países latinoamericanos estudiados, una media de 74% piensa que los más ricos tienen demasiada influencia en la política, y nuevamente Colombia, con un 83% de los consultados, lidera dicha percepción.

Puede que alguien diga que el estudio no es lo suficientemente riguroso y no faltará quien asegure que en la fecha de su realización no se vivía la polarización política que hoy vive el país, pero sin duda sí da señales de lo que piensa la gente. Porque el desprestigio de la política en el país no es de ahora, viene desde hace rato. Para la muestra un botón: de acuerdo con el noveno estudio del Barómetro de las Américas, Colombia aparece con un promedio de confianza hacia los partidos políticos de 31 puntos, en una escala de 0 a 100, mientras que otros, como Venezuela o Nicaragua, tienen mayor respaldo a las colectividades.

Y en la calificación del índice de percepción de corrupción de 2014, Colombia obtuvo un puntaje de 37 sobre 100 (siendo 0 mayor percepción de corrupción y 100 menor de corrupción), lo que lo ubica en el puesto 94 entre los 175 países evaluados. Y ni qué decir de las encuestas que hacen las mismas firmas colombianas, que siempre ubican a los partidos políticos y al Congreso de la República con los más bajos niveles de imagen y de favorabilidad.

Un diagnóstico que, para los analistas, explica la apatía y el poco interés que los ciudadanos, sobre todo los jóvenes, muestran hoy hacia la política. En esa percepción general predomina lo más negativo y lo más oscuro. De ahí los altísimos niveles de abstención en todas las elecciones, bien sea locales, regionales o nacionales. Y de ahí que muchos hablen de urgentes reformas políticas y electorales que de verdad marquen un cambio en las costumbres políticas del país, incluyendo el establecimiento de un estatuto para la oposición que aplique en serio y otorgue los derechos suficientes para que quienes estén en esa orilla no tengan que estar reclamándolos en otras latitudes.