Comisión de la Verdad: importante, pero poco novedosa

El académico asegura que el caso colombiano es distinto al chileno o argentino, porque en el país ya se conoce mucho de lo que ha pasado en el conflicto.

Para el sociólogo Daniel Pécaut “la gente sabe que la paz significa un costo a veces más alto que la guerra”. Archivo

El anuncio hecho por la mesa de negociación de La Habana, Cuba, sobre la creación de una Comisión de la Verdad para Colombia, una vez se firme el acuerdo de paz con las Farc, parece un paso significativo en medio de los diálogos. Pero, ¿qué significa dicho anuncio? ¿cuáles son los efectos para la negociación y para lo que vendrá después de ella? El Espectador habló con el sociólogo francés Daniel Pécaut, experto en Colombia y miembro de la Comisión de Esclarecimiento del Conflicto, quien desde un punto de vista académico y autorizado, intenta resolver esos interrogantes.

¿Le parece pertinente la creación de una Comisión de la Verdad durante el proceso de paz?

Me parece un paso importante, aunque sorprendente, porque se da en un momento en el que no sólo el conflicto sigue, sino porque además no hay acuerdos sobre algunos temas fundamentales como el de la justicia transicional. Pareciera que el énfasis sobre la Verdad es el que va a prevalecer, porque se sabe que será muy difícil la aplicación de la justicia transicional. Hace un año que no hay acuerdos sobre el tema.

¿Por qué sorprendente?

Sorprendente que el anuncio se haga en las semanas siguientes a los ataques de las Farc y a los bombardeos de la fuerza militar, pero sobre todo, antes de que las Farc hubieran reconocido su responsabilidad en la expansión del conflicto y en los daños a la población civil. No veo cómo la Comisión podría empezar su labor sin ese reconocimiento. La Comisión no puede ser al respecto un sustituto de los negociadores.

¿Cree que el anuncio de la Comisión de la Verdad, después de una semana de confrontación entre el Ejército y las Farc, tiene como objetivo suplantar la justicia?

No digo eso, lo que digo es que existe el problema de la justicia transicional que todavía no está resuelto. Se sabe que no habrá impunidad porque la CPI no lo permite; sin embargo, se sabe también que no habrá posibilidad de castigar a todos los responsables de crímenes. En la justicia transicional existe un dilema entre la prioridad que hay de lograr la paz y la posibilidad de hacer justicia completa y para todos. Quedará la frustración de la impunidad de muchos autores de crímenes. De ahí la importancia de una Comisión de la Verdad que permita al menos reconocer a todas las víctimas.

¿Cuál es la diferencia con otras comisiones de la Verdad que se han creado en el mundo?

La mayoría de comisiones de la Verdad se crearon porque había más o menos un acuerdo en la sociedad, sobre el hecho de acudir a una comisión de este tipo, incluso para descubrir lo que había pasado. En Colombia no lo hay, el problema más complicado es que en el país ya se conoce mucho de lo que ha pasado en el conflicto, no es como el caso argentino o chileno, en donde había muchas cosas que no se conocían. Así que no va a ser tan novedoso.

¿Por qué no será tan novedoso lo que se conozca en esa Comisión de la Verdad?

Porque desde hace tiempo se ha investigado mucho de lo que ha sucedido. El Centro de Memoria Histórica tiene acumulado un conocimiento, como no lo hubo en ningún país de América Latina cuando terminaron sus conflictos o las dictaduras. No hay duda de que en Colombia se mantiene un alto grado de impunidad. Sin embargo, las confesiones de los paramilitares, las condenas de varios militares y de otros agentes del Estado y las sanciones contra la parapolítica ayudaron a conocer ya muchos aspectos de lo que había pasado.

Sí, pero ¿y el conocimiento de los crímenes de la guerrilla?

No sucede lo mismo con la guerrilla, a pesar de que no se puede ignorar su papel en los asesinatos selectivos, las masacres, los desplazamientos y, por supuesto, los secuestros. No importa si el número de víctimas que le incumben es menor que lo que resulta de las actuaciones de otras organizaciones, el problema no es sólo de cantidad. Por eso, a pesar de no ser novedosa, es fundamental la Comisión de la Verdad.

El gobierno y las Farc anunciaron que era una comisión que iba a durar tres años después de firmado el acuerdo. ¿Es un buen tiempo?

Es mucho tiempo y además su conformación depende de un acuerdo previo en La Habana. La paradoja es que, a pesar de que se mantenga el conflicto, Colombia vive en un proceso de posconflicto desde hace 10 años. De ahí, el riesgo con el plazo es que haya una desilusión en el momento en que finalice la labor de la Comisión. Ya se notan las dudas sobre los alcances del programa de restitución de tierras y sobre la posibilidad de resarcir el total de las víctimas, y más todavía de llevar a cabo los cambios prometidos. Las nuevas perspectivas económicas de Colombia no permitirán satisfacer todas las reclamaciones.

¿Por qué le parece complejo el mecanismo de selección de los comisionados de la verdad?

Porque no creo que haya habido tantos casos en los que para nombrar una comisión se nombre primero una comisión de escogencia compartiendo, al menos parcialmente, el nombramiento entre el gobierno y la guerrilla. Hay que evitar que se reproduzca lo que aconteció con la recién “Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas”, con miembros nombrados de manera paritaria por las Farc y el gobierno que desembocó en la yuxtaposición de relatos, sin que se aproximara a unos puntos de consenso. Si bien, no se puede pensar que la nueva Comisión llegue a un relato consensual, por lo menos se tiene que llegar a relatos, incluso divergentes, que favorezcan el debate democrático.

¿Cómo funcionó la selección de los miembros de las comisiones de la Verdad en otros países?

Tanto en Chile como en Argentina, los miembros de la Comisión fueron personalidades cuyo prestigio era reconocido por el país. Vamos a ver en Colombia hasta qué punto tanto las Farc como el gobierno se ponen de acuerdo sobre las personas que reciban el apoyo, la aceptación y adhesión de gran parte de la sociedad, pero va a ser complicado en esta sociedad tan polarizada.

Nos comparamos constantemente con el caso argentino y chileno. ¿Cuál es la diferencia en cómo funciona una comisión de la verdad de una dictadura y de un conflicto armado?

En las dictaduras los países habían salido de largos periodos de silencio en donde no había existido posibilidad de investigar. En Colombia, en donde el número de víctimas es superior, la tarea no es sólo de conocer, es más bien permitirles a las víctimas estar presente en ese proceso para establecer lo que aconteció. Aquí es mucho más complicado porque más allá de la responsabilidad del Estado y las guerrillas, hay otros actores también responsables dentro del conflicto, desde sectores de la élite, hasta los muchos que se relacionaron con los “narcos”.

¿La Comisión de la Verdad debería incluir sólo lo que sucedió con los crímenes del Estado y de las Farc o también a los otros actores del conflicto?

La Comisión, sólo debe incluir los crímenes de actores que se dicen políticos, a pesar de que sus objetivos están mezclados con prácticas de otra índole. Aunque es importante saber y aceptar que no se podrán tocar todos los aspectos de la violencia de los últimos 40 años.

¿Se deben incluir los delitos de los paramilitares?

Hay que considerar el conjunto de las víctimas de los actores organizados, dejando de lado los problemas de la delincuencia meramente común, eso es lo que dice la Ley de Víctimas. Así que la Comisión de la Verdad tendrá obviamente que tratar los crímenes cometidos por los paramilitares y sus aliados.

¿Es pertinente poner una fecha límite a las conversaciones?

Fijar una fecha siempre es problemático. Acuérdese que cuando se iniciaron las conversaciones, el presidente Santos dijo que tardaría unos meses y ya vamos por tres años. Pero es importante que todos sepan que hay afán y que hay que empujar mucho, sobre todo ahora con el anuncio de la Comisión de la Verdad, que no podrá empezar su trabajo hasta que se firme el acuerdo. Lo peor sería que, como en las semanas pasadas, la culminación de las negociaciones tenga que pasar por una agudización de los enfrentamientos armados.

¿Es posible llegar al fin del conflicto en medio de la polarización política en la que se encuentra el país?

Lo más difícil, y es algo que he dicho desde hace tiempo, del problema en Colombia, es que el conflicto armado ya no incomoda a toda la población. Hay muchas personas que realmente no les toca. Al contrario, hay mucho susto de parte de distintos sectores de que, terminado el conflicto, surjan muchas reivindicaciones sociales y nuevos conflictos.

¿Por qué la terminación del conflicto significa que vendrán nuevos conflictos?

Porque Colombia es un país que, gracias al conflicto armado, ha quedado exento de reivindicaciones sociales durante años. La razón por la cual la economía colombiana no ha tenido sobresaltos tan fuertes es porque desde el año 85 no ha habido espacio para protestas sociales. A los dirigentes sindicales los mataron y a los movimientos campesinos los acabaron. Es un país que ha vivido muchos años de conflicto armado, pero de paz social. Una vez firmado el acuerdo, esto cambiará, así que no es sólo el problema de la polarización política entre uribistas y no uribistas, el problema es que la gente, de manera consciente o no, sabe que la paz significa un costo a veces más alto que la guerra.