La comunista del Partido Liberal

Carmen Palencia, líder de restitución de tierras y Premio Nacional de Paz y de Derechos Humanos, habló con El Espectador en su tono político, a propósito de su aspiración a la Cámara de Representantes.

Carmen Palencia, líder de restitución de tierras y Premio Nacional de Paz, lanzó en septiembre su candidatura a la Cámara de Representantes para 2014. / Gustavo Torrijos

Carmen Palencia, 48 años, cinco atentados, viuda, refugiada en Bogotá, reconocida y premiada por su defensa como líder de las víctimas del despojo de tierras en el país, expulsada del Polo Democrático, señalada por sus enemigos, elogiada por el presidente Juan Manuel Santos, es hoy candidata a la Cámara de Representantes por el Partido Liberal. Está sentada en un sillón de cuero y dice con desparpajo que es el más incómodo del mundo. Unos minutos antes de hablar con El Espectador había participado en un conversatorio, como invitada al VI Congreso de Reconciliación que realizó esta semana la Iglesia católica en el Hotel Tequendama, en Bogotá. El auditorio estaba lleno de sobrevivientes del conflicto armado interno de todas las regiones. Palencia tomó el micrófono con propiedad, siempre se extendió y siempre fue aplaudida por su elocuencia y sencillez.

Habló de política, la que critica sin tapujos la administración del expresidente Álvaro Uribe, la que reprocha la poca celeridad de la Ley de Víctimas y no acepta que los funcionarios hablen de posconflicto cuando en La Habana no se ha llegado a un acuerdo entre el Gobierno y las Farc, y las estructuras paramilitares siguen presentes, mandando en las regiones. Nunca se refirió a su aspiración a la Cámara de Representantes, pero no hizo falta. Sólo dijo que ya venía “la guerra del bulto de cemento” y subrayó que son las personas las que escogen a sus gobernantes y permiten que el ciclo se repita.

“Soy la comunista no radical del Partido Liberal”, dice y se ríe, mientras intenta explicar por qué una mujer de izquierda terminó en el Partido Liberal. Cuenta que del Polo Democrático salió expulsada después de hondas discusiones, porque según ella no podía entender cómo el expresidente Álvaro Uribe y el senador Jorge Enrique Robledo terminaron en la misma orilla, haciéndole oposición a la Ley de Víctimas. También aclara que llegó al Polo por el alcalde Gustavo Petro, a quien respeta y admira sin zonas grises, y que nunca llegó a Progresistas porque encontró mejores aliados para su obsesión: la restitución de tierras para víctimas del conflicto armado. Ellos fueron el hoy presidente del Congreso, Juan Fernando Cristo, y Guillermo Rivera, el primero coautor de la Ley de Víctimas y ponente de la iniciativa junto al segundo.

“Una cosa lleva a la otra”, cree Palencia, quien fue nombrada en diciembre de 2010 presidenta de la Asociación Nacional de Víctimas por la Restitución y el Acceso a la Tierra. La alianza se llamó Colombia sin Heridas y así fue que llegó la propuesta electoral. En principio el ofrecimiento era para la mano derecha de Carmen Palencia, Gerardo Vega, director de la Fundación Forjando Futuro. Fue sólo hasta febrero que el nombre de Carmen tomó fuerza al final de una reunión de la Asociación Tierra y Vida. Para entonces, Palencia ya había sido galardonada con el Premio Nacional de Paz y había viajado al Parlamento Europeo para pedir a los europarlamentarios que condicionen la vigencia de los convenios de comercio para aquellas empresas bananeras a las cuales se les ha demostrado su aporte material e intelectual a los grupos ilegales.

“Me demoré en aceptar porque no estaba muy decidida. Me daba temor, aunque siempre he sido muy política desde el ejercicio de hacer valer mis derechos y los de los demás”, afirma Palencia cuando habla de cómo se montó a “la vaca loca” de la política hace un mes, cuando anunció que iba a ser candidata. Aún no sabe en qué renglón irá, pero confía encabezar alguna lista. Su bandera para llegar a la Cámara es clara: velar por el cumplimiento de las leyes para las víctimas que reclaman sus tierras. A su vez, busca apoyar una ley de desarrollo rural que verdaderamente pase por una reforma agraria.

Más allá de lo programático, Palencia cree que el Congreso que viene sin duda va a ser diferente. La llegada de Uribe la pinta como algo “catastrófico”, aunque cree que “en aras de la reconciliación no todo puede ser malo ni todo ser bueno”. Y que si toca compartir escenario con Uribe o con Timochenko, será una clara muestra “del ejercicio de la democracia”.

Por ahora, lo que sí le extraña a esta cordobesa es que los funcionarios hablen cada vez más de posconflicto. “El conflicto no ha terminado. La Habana es sólo un paso de transición, todavía la guerrilla no ha dicho sí y sólo se ha firmado parcialmente un punto de la agenda. Ni qué hablar de las estructuras paramilitares, las que en realidad siguen teniendo el poder en Colombia, el económico, el político, el mafioso, siguen poniendo los gobernadores, diputados, representantes a la Cámara, alcaldes”, dice, aunque no da nombres porque señala que ya tiene demasiadas demandas.

De lo que sí habla es de la situación del Urabá con respecto a la restitución de tierras. “Muy difícil, la situación es complicada. En este momento hay dos jueces agrarios que no tienen ni una demanda de restitución y ya van a cumplir un año en el cargo. Dice que esto se debe a que la Unidad de Restitución de Tierras no ha puesto la demanda, a pesar de que ya tienen al menos 300 casos. Ni qué decir de los casos que supuestamente se resolvieron, cree Palencia. Menciona el caso de la Hacienda Santa Paula en Montería, y relata que esta semana fue una comisión de la ONU y verificó que de las sesenta familias a las que les restituyeron hace cuatro meses, hoy sólo hay cinco que han podido entrar a sus predios y lo único que tienen son algunos cambuches, porque hasta el ganado de los paramilitares sigue ahí. Por eso se indigna y dice que no es cierto que las familias no quieran retornar, sino que no hay garantías de seguridad para que eso suceda.

Cuando Carmen Palencia habla de tierras parece que nada más importara; es emotiva, enérgica e imprudente. No pasa lo mismo cuando quiere hablar de temas políticos. Aquí mantiene un tono crítico, pero es más cauta. Afirma, por ejemplo, que las unidades de la Ley de Víctimas están politizadas, pero no dice por quién, y que se convirtieron “en una gran piñata que todos empezaron a repartirse”, pero no detalla cómo. Sin embargo, sobre la Unidad Nacional de Protección sí es más específica: cree que abandera una campaña de desprestigio contra su asociación que tiene “tinte político” y se ha visto en el desmonte de esquemas de protección de cinco personas en altísimo riesgo de seguridad que forman parte de su asociación.

Al final de la conversación, en medio de varias interrupciones de personas que la saludan y la consultan, Carmen habla de su paso por el Ejército Popular de Liberación (Epl). “No soy vergonzante, no me avergüenzo de mi paso por el Epl, porque gracias a Dios nunca tuve un fusil en mi mano. Mi paso fue por el ala política, y la disciplina y la formación que tengo se la debo a eso”.

Víctimas piden participar en los diálogos

Esta semana se realizó la Mesa Nacional de la Participación Efectiva de las Víctimas y se eligieron sus 46 representantes nacionales. Al término del evento Jorge Vásquez, coordinador de la Mesa, pidió a las delegaciones de paz en La Habana que les permitan participar en las conversaciones para lograr acuerdos integrales.

El defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, sostuvo que le pedirá al presidente Santos hacer llegar esta petición a la mesa de diálogos en Cuba: “Ustedes (las víctimas) se han ganado el derecho de estar en esa mesa. Por ello, haré la solicitud personalmente para que cuando llegue el punto sobre las víctimas, uno de sus representantes esté en la mesa con las Farc y el Gobierno”, expresó Otálora. Mientras tanto, en Cuba, las delegaciones de paz avanzan en la decimoquinta ronda de diálogos y buscan llegar a un acuerdo parcial en el segundo punto de la agenda: las garantías para la participación política de la guerrilla, que contará con el apoyo de las fuerzas políticas del país.

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