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Cónclave de gobierno en Hato Grande: la catarsis de Duque

La cumbre de este fin de semana le plantea dos opciones al presidente: radicalizarse aún más y atrincherarse con la línea más cerrada del uribismo o abrir el espectro y establecer un verdadero acuerdo de gobernabilidad.

Imagen del encuentro del presidente Iván Duque con sus ministros, el año pasado en la hacienda Hato Grande. / Presidencia

Con gabinete renovado, al menos en cuatro carteras, el presidente Iván Duque se encuentra reunido desde ayer con todo su equipo de gobierno en la hacienda de Hato Grande, con el fin de evaluar el camino recorrido hasta ahora y definir los parámetros a seguir de cara al segundo tiempo de su mandato. Un cónclave necesario en momentos en que la protesta social anuncia su recrudecimiento ante la imposibilidad de llegar a consensos con el Comité Nacional de Paro y la desaprobación de gestión que sigue por las nubes, y cuando se abre espacio la llegada de nuevos aliados políticos que ayudarían a empujar una agenda que, de acuerdo a los anuncios, luce compleja: reformas en lo pensional, lo laboral y lo judicial, solo por mencionar las más importantes.

Si nos remontamos a la cumbre de mediados del año pasado, citada también en Hato Grande, en la que, al final, el primer mandatario reiteró sus lineamientos de equidad, legalidad y emprendimiento y les recalcó a todos sus colaboradores cercanos que había que salir a contarles a los colombianos los logros alcanzados, se podría decir que eso no se cumplió, y si en algunos casos se hizo fue a medias. El gobierno Duque se sigue viendo distante de la gente, y en cuanto a lo que llaman “gobernabilidad”, la instrucción dada a los ministros para que se apersonaran de las comisiones del Congreso que abordan los temas de sus carteras, hablaran con los legisladores y mejoraran la relación con ellos, por lo visto no se siguió al pie de la letra.

De ahí el enroque de pasar del Ministerio de Trabajo al del Interior, la cartera de la política, a Alicia Arango, una persona de las entrañas del uribismo y con una vasta experiencia en el manejo de los hilos del Congreso, como quiera que fue la secretaria privada de la Presidencia en los tiempos de Álvaro Uribe. A esa intención de ganar fuerza, algo que hasta ahora no se ha tenido en el Capitolio, apunta también la llegada de Cambio Radical al gabinete, a través de Fernando Ruiz como ministro de Salud, así como la designación de Ángel Custodio Cabrera en Mintrabajo y Rodolfo Zea en Minagricultura, el primero del Partido de la U y el segundo de filiación conservadora. Representación política —mermelada, dirán otros— que apunta a tener un buen margen de maniobra y no padecer como se ha padecido en el reciente pasado para aprobar iniciativas claves.

Aun así, el camino luce empedrado. Por eso es fundamental que en la cumbre de Hato Grande de este fin de semana se definan las prioridades de política pública, que a la postre se reflejarán en la agenda legislativa, de tal manera que cada ministro y cada partido sepan a qué juegan. Y esa premisa aplica frente a las referidas reformas. “El Gobierno debe dejar los anuncios y explicar de qué tratan esos proyectos esenciales para el país, en lo laboral y pensional, más la de la justicia y la política. Debe destapar sus cartas y así saber quiénes se unen a su juego. Eso no significa que no pueda buscar acuerdos hasta con la oposición. Por ejemplo, es evidente que la reforma a la justicia está siendo pedida por todos los ciudadanos. Pasa lo mismo con la seguridad urbana o la implementación del Acuerdo de Paz”, dice el senador liberal Luis Fernando Velasco.

Una posición contraria a la que tiene el también senador Armando Benedetti, de la U, quien cree que primero se debe buscar el apoyo político, para posteriormente plantear las reformas, “porque la representación política de un partido en un ministerio no condiciona a ningún congresista a nada, lo único es que nos brinda la oportunidad de concertar, discutir y opinar con más voz sobre las acciones de algún despacho. Uno no hace coalición con base en un tema en especial, sino que decide apoyar o no al Gobierno”, refirió. Por cierto, Velasco hace una advertencia: “El Gobierno debe tener claro en qué quiere trabajar este año, tomar un norte. Si se pone a trabajar en mil reformas, se va a reventar. La sola reforma laboral o pensional se llevará todo el año, más aún si se incluye la de la justicia. Nosotros llegaremos con una propuesta de reforma política, pero el gobierno Duque debe definir cuál es su prioridad”, enfatizó.

La expectativa por los lados de Cambio Radical está en el puente que se pueda tender con la presencia de Ruiz a la cabeza del Ministerio de Salud. Ya fue reconocido como su cuota y la idea es poner sobre la mesa otra reforma: la del sector que va a coordinar. “Ruiz ha sido uno de los autores de los textos que hemos presentado para hacerle reformas a la salud, pero nuestros proyectos no han prosperado por falta de interés del Ejecutivo (…) también apostamos a que se saque adelante la reforma a la justicia. El próximo martes, la ministra (Margarita Cabello) va a presentar en Comisión Primera un borrador que contiene elementos como la descongestión judicial, transparencia, gobierno de la rama. Y no tenemos conocimiento de un texto en concreto que hable de reforma laboral”, recalcó el senador Temístocles Ortega.

Para la analista Laura Gil, la cumbre de este fin de semana en Hato Grande le plantea dos opciones al presidente Duque: radicalizarse aún más y atrincherarse con la línea más cerrada de su partido, el Centro Democrático, o abrir el espectro y establecer un verdadero acuerdo de gobernabilidad, es decir, un pacto programático serio, lo cual implica modificar algunas de sus políticas, entre ellas las más álgidas: la implementación decidida del Acuerdo de Paz y pactar las bases de sus reformas pensional y laboral. “Si se radicaliza, todo seguirá siendo cosmético y sin fondo, quedándose en palabras, como su dichosa Conversación Nacional para atender el paro. Si en verdad piensa abrir el espectro, Duque debe tener claro que los meros cambios en el gabinete no se traducen en gobernabilidad si siguen por la línea radical. Queda la sensación de que con esos cambios lo que se hizo fue repartir pura mermelada, o ¿con base en qué acuerdo se garantizará la representación política? Mire el descontento que hay en la U o con Vargas Lleras y Cambio Radical”.

Mauricio Jaramillo, profesor universitario y analista político, ve igualmente un panorama difícil, pues en el primer año se evidenció el poco liderazgo del jefe de Estado. “Se esperaría que en esta reunión en Hato Grande trate de imprimir gobernabilidad, arreciando en sus líneas de gobierno y logrando que todo su gabinete hable el mismo idioma, para que no haya desencuentros o salidas en falso, como la de su saliente ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, cuando dijo que el Acuerdo de Paz era ‘semifallido’. La sensación es que hay constantes choques entre los ministros, cada uno dice lo que quiere, de allí el reto de Duque por trazar líneas más marcadas”, manifestó.

Adicionalmente, recalcó Jaramillo, para atender además sus niveles de desaprobación y atajar fenómenos como el paro, “el presidente debe comenzar a dar golpes de opinión, por ejemplo, concretar de nuevo los diálogos con el Eln o que su estrategia frente a Venezuela comience a dar resultados, pero son aspectos muy poco probables, pues está la línea radical del Centro Democrático y es evidente la dependencia de Duque frente a su partido”. Es claro, igualmente, que la gobernabilidad depende de mantener los pactos alcanzados con los partidos, porque hay algunas bancadas —como Cambio Radical, la U y un sector del Partido Liberal— que influyen bastante en su equilibrio. “El desafío es ese: mantener el apoyo, porque si se acentúa la impopularidad de Duque, los partidos van a tratar de desmarcarse y tomar distancia para que esa desfavorabilidad no los salpique”, concluyó Jaramillo.

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2020-02-16T09:00:00-05:00

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2020-02-17T15:27:45-05:00

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-Redacción Política - [email protected]

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