Congreso, ¿admirable?

Se habla de querer medirle el aceite al Gobierno en época preelectoral, de intereses particulares de las EPS y hasta de presiones para que les devuelvan lo que quitaron de sueldo a congresistas.

"La sabiduría nacional, la esperanza legítima de los pueblos y el último punto de reunión de los patriotas". Fueron las palabras con las que el 24 de diciembre de 1828, el libertador Simón Bolívar convocó lo que se conoció como el "congreso admirable", una asamblea constituyente que sesionó entre el 20 de enero y el 11 de mayo de 1830, con el fin de evitar la disolución de la Gran Colombia. Y seguramente a lo largo de la historia, el término "congreso admirable" habrá sido utilizado muchas veces. De hecho, una de las recordadas fue cuando Fernando Londoño Hoyos, siendo ministro del Interior, en diciembre de 2002, calificó así al Legislativo de ese entonces, en agradecimiento por la avalancha de proyectos que le aprobó al recién posesionado presidente Álvaro Uribe.

Momentos excepcionales o aislados, porque hoy la realidad muestra que, como institución, el Congreso de la República ha sido y es una de las instituciones más desprestigiadas y que sus niveles de impopularidad han alcanzado picos muy altos, como el de mayo de 2000, cuando 76 de cada 100 colombianos lo desaprobaban y dijeron que era una entidad corrupta. Su mejor calificación en imagen positiva, en el histórico, la alcanzó en junio de 2006, con un 54%, cifra que otra vez se fue al piso meses después, cuando estalló el escándalo de la llamada "parapolítica".

Más allá de la supuesta falta de liderazgo, lo cierto es que la actividad legislativa ha servido, no sólo en Colombia sino también a nivel mundial, para amparar las ambiciones de los poderosos –empresarios o políticos- que en forma de ola van conquistando conciencias y reformando las constituciones de todos los países, tornando a su propio beneficio. Supuestamente, senadores y representantes a la Cámara son los representantes del pueblo, pero en la realidad no es así y solo velan por los beneficios propios y de quienes los patrocinan o compran sus favores.

Claro, en un país donde la política se maneja con hipocresía, nadie lo reconoce. Pero la discusión del proyecto de reforma a la salud, está dejando al descubierto esas verdades que solo algunos pocos aceptan. Como el senador del Partido de la U, Armando Benedetti, quien sin pelos en la lengua le dijo a El Espectador que lo que hay detrás de las trabas que se le han puesto a esa iniciativa es un "chantaje" de cara a buscar apoyo para las próximas elecciones y que hay un grupo de senadores que están sujetando su voto con que el Gobierno firme el decreto para devolverles el 30% del sueldo que les quitó un reciente fallo del Consejo de Estado.

Lo cierto es que el martes pasado, al inicio del debate de la reforma en la plenaria del Senado, 34 parlamentarios se declararon impedidos y cuando comenzaron a resolverse dichos impedimentos se disolvió el quórum. En la mañana siguiente, tras una reunión con el ministro del ramo, Alejandro Gaviria; el viceministro del Interior, Jorge Eduardo Gechem; el presidente del Senado, Juan Fernando Cristo y los voceros de los partidos con asiento en esa corporación, se llegó a un supuesto acuerdo para evacuar los impedimentos y comenzar a abordar la discusión. Pero, otra vez, los congresistas brillaron por su ausencia y la sesión tuvo que ser cancelada.

Entonces comenzaron los reproches. Además del supuesto chantaje y los sueldos, la sombra de los llamados "lobistas", aquellas personas que representan a un grupo de interés y procuran influir en las votaciones legislativas, comenzó a ser vista como un obstáculo más para la reforma. "Acá se está hablando de lobby de las EPS y es así, pero yo diría que ni siquiera tienen necesidad de estar en el Capitolio, pues muchas de las esas entidades son pequeñas y de las regiones y, por lo general, aportan a campañas políticas. Con la reforma dejarían de existir y por eso es que están torpedeando el trámite", dijo el senador del Polo Democrático Mauricio Ospina.

Surgieron también voces como la del ahora candidato al Senado Horacio Serpa, del Partido Liberal, solicitando "suspender" la reforma, pues está visto que su inminente naufragio se debe a que los congresistas de las distintas colectividades políticas son conscientes de que no corresponde a las necesidades del país ni a lo que esperan los colombianos. "El pueblo no quiere más remiendos legislativos sino un nuevo sistema (…) un proyecto tan importante no debe tramitarse a la ligera y menos expedirse en el último año de la legislatura y del cuatrienio gubernamental", explicó.

Lo que propone Serpa es que Gobierno y Congreso suspendan el trámite del proyecto de ley y el año entrante, una vez sean renovados sus mandatos, ofrecerle al pueblo colombiano las verdaderas soluciones que demandan la vida y el bienestar de todos. "El período electoral que avanzamos servirá para que los partidos políticos, el gobierno y todos los ciudadanos debatan y definan el sistema de salud que realmente merece el país. La aprobación de una ley a la carrera, sin los análisis requeridos, sin conocer la suerte de la Ley Estatutaria en el estudio constitucional, sin las consultas necesarias, solo por el prurito de hacer cualquier reforma, hará más profunda la crisis y peor la situación que sufre la comunidad. No por madrugar amanece más temprano", observó.

A su vez, el senador Roy Barreras, del Partido de la U, quien por cierto ha sido muchas veces señalado de jugar con intereses en el sector salud, se fue con todo en defensa del Congreso. "Viene una reforma a medias que no entusiasma, porque no resuelve los problemas. Es una falsa interpretación la de que hay intención de dilatar la discusión. Aquí lo que hay es el problema de la reforma en su contenido y también el de los impedimentos, que es un problema de todas las leyes. Aquí hay un sinsentido, un absurdo, una política hipócrita en la que todos los congresistas son demandados todos los días por pérdida de investidura por hacer lo que tienen que hacer: votar, hacer gestión en las regiones y ayudar a sus electores", enfatizó.

Y agregó: "La gente tiene miedo de actuar. Y como la han amenazado con que tiene que declararse impedido si tiene un familiar médico, pues tienen que declararse impedidos. Y es que nadie le va a pagar el abogado después. No creo que haya una rebelión parlamentaria, y menos que esa sea por la disminución del sueldo a los congresistas ni por que se esté buscando presionar al Gobierno. Es que llevan cuatro años dándole garrote al Congreso, que es darle garrote a la democracia. Prohíjan un régimen populista, chavista, por desinstitucionalizar los partidos. El país aplaude cada vez que crucifican un congresista y aplaude más cuando le bajan el sueldo a todos. En eso hay un error inmenso".

Y claro, el gremio de las EPS también se defiende. Según su presidente, Jaime Arias, no tienen aliados en el Congreso. "Nosotros no hacemos lobby. El partido más encarnizado con este sistema es el Polo. Otro partido que en un aspecto es duro es el Liberal, en integración vertical. El Partido de la U hace lo que diga el presidente y los conservadores están pegados ahí en todo. Cambio Radical no sé qué actitud tiene. Hay una alta mayoría que votaría para destruir el sistema", manifestó, pronosticando de paso el fracaso para el nuevo modelo de salud que se quiere crear.

Juan Lozano, senador de la U, tiene su propia interpretación: "Se ha erosionado la capacidad de convocatoria del presidente Santos, se ha debilitado la Unidad Nacional, se ha perdido la coherencia de los partidos, no se ha explicado suficiente la reforma y hay un régimen complejo para tramitar los impedimentos". Y Ángela María Robledo, representante a la Cámara del Partido Verde, agrega: "Hay mucho temor por lo de la pérdida de la investidura, pero que también es una forma de medirle el aceite al Gobierno en términos de la capacidad de mover sus iniciativas en el legislativo. Es una puja política preelectoral".

Como quien dice, un tire y afloje en el que cada quien acusa, se defiende y hace sus interpretaciones del caso. Pero bien lo dice el mismo Armando Benedetti: "Este es un tema que se nos puede venir encima. Cuando una va a cualquier lugar todo el mundo pregunta por la salud. El Congreso le ha dado la espalda al país durante tres semanas con este tema. Creo que hay un grupo de senadores que están sujetando el voto de la reforma a la salud con que el gobierno firme el decreto para devolver el sueldo que teníamos antes. Varios miembros de la Unidad Nacional están en rebeldía. Quiere decir que hay gente que está buscando arreglar el tema de la gobernabilidad con el gobierno".

La situación es tal, que ayer el presidente del Senado, Juan Fernando Cristo, anunció medidas coercitivas para acabar con el ausentismo. "Nos apena lo que está sucediendo. Temas como el de la salud de los colombianos están por encima de cualquier tema político o interés partidista. El Congreso debe asumir su compromiso ético con millones de colombianos", exclamó. Y determinó que a quienes no asistieron a la plenaria del miércoles no se les pagará ese día de sueldo, que se impedirá el ingreso a todo el personal ajeno al debate legislativo, que a partir de la próxima semana sesionarán tres días –martes, miércoles y jueves-, y que con el ánimo de tener transparencia y aclarar responsabilidades, próximamente los colombianos podrán conocer en tiempo real cuáles senadores asisten a los debates, a través de la página web de la corporación.

"Hay sectores de la salud que en los últimos 10 años se han enriquecido a costa de la salud y que no quieren que esto cambie. Hay sectores de la salud que quieren los bolsillos llenos para ellos. Tenemos que aprobar la reforma a la salud, no por el presidente Santos o el Congreso, sino por los millones de colombianos que están muriendo en los hospitales. Si este Congreso no aprueba la ley ordinaria de la salud este año, las consecuencias negativas para la salud de los colombianos van a ser muy graves", manifestó Cristo.

Y aquí estamos. En las redes sociales, los insultos contra los congresistas son de grueso calibre, aunque al mismo tiempo se vaticina que en las elecciones de marzo de 2014, no será muchos los cambios y al Capitolio volverán los mismos con las mismas. Por eso la discusión, más allá de si la reforma es buena o mala, gira también en torno a nuestra clase política. Y vale la pena, como en el primer párrafo, retomar otra vez al libertado Simón Bolívar, cuando dijo: "Jamás un Congreso ha salvado a la República (…) Sin fuerza no hay virtud, y sin virtud perece la República… Cuando el pueblo, por medio de la instrucción, sepa lo que son sus deberes y derechos, habremos consolidado la República".