Congreso, a desenlodarse

El reto del Capitolio será recuperar la credibilidad luego de la aprobación de la viciada reforma a la justicia, que luego se enterró en un hecho sin precedentes. Movimiento ciudadano insiste en la revocatoria.

Hoy, cuando sea instalado el honorable Congreso de la República por el presidente Juan Manuel Santos, ni será el momento más honorable de la corporación ni tampoco atravesará por sus mejores días en sus relaciones con el jefe de Estado.

En el ambiente está muy fresca la vergüenza de la reforma a la justicia. A los congresistas no se les olvida que fueron señalados públicamente como quienes actuaron a espaldas del Gobierno. Éste, por su parte, ve con preocupación las secuelas de dichas rencillas cuando comienza una legislatura con trascendentales iniciativas para el Ejecutivo, que hasta hace apenas unos días se ufanaba de tener unas mayorías históricas en el Capitolio.

Si tradicionalmente el Congreso ha gozado de poca aceptación ciudadana, tras el escándalo de la reforma a la justicia, según una encuesta de Datexco publicada el 28 de junio, la favorabilidad del Congreso pasó de 30,5 a 16%.

Por eso, será muy dura la tarea de desenlodar el nombre del Legislativo contra el cual camina con pasos agigantados un movimiento ciudadano que recoge firmas en las calles con la promesa de revocarlo. De acuerdo con Darío Martínez, exsenador, quien en su momento fue llamado la conciencia ética del Congreso, éste necesita autocrítica, independencia y, lo más importante, reencontrarse con la moral perdida y eso sólo lo puede hacer a través de un comportamiento en la expedición de las leyes y los actos legislativos, y en el ejercicio del control político, que no deje nada que desear ante la opinión pública.

“El Congreso afronta la mayor crisis de su historia, está deslegitimado y a punto de lograr una insurrección ética en su contra en el país con la iniciativa de revocatoria que ya camina. Algo que ni siquiera se dio en las turbulencias del Proceso 8.000”, dijo Martínez.

Para Luis Carvajal, analista político, la recuperación de la imagen del Congreso, que ha tocado fondo, pasa por una reforma estructural de los partidos, que son los perjudicados en el largo plazo, con el descrédito de la actividad política. “La superación del divorcio entre opinión pública y Congreso no es un problema de cada congresista en particular, sino del sistema político en su conjunto que no ha sido capaz de desarrollar los mecanismos de participación establecidos en la Constitución e incorporarlos a la oferta de los partidos”, agregó.

Armando Novoa, exconstituyente y director del Centro de Estudios Constitucionales Plural, destacó algunas propuestas como buenas alternativas para que el Congreso enmiende sus errores. Por ejemplo, que votaciones para las mesas directivas de las comisiones sean públicas y nominales, que los conciliadores del texto de la reforma a la justicia no deben participar en mesas directivas de las Cámaras, la votación de los proyectos sea nominal y pública, y derogar el acto legislativo 1 de 2011, que suprime el conflicto de intereses cuando se votan reformas a la Constitución.

En el mismo sentido, Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE), cree que el primer mensaje que debe dar el Congreso de cara a recuperar la confianza en esta institución lo debe dar el 20 de julio con la elección de los secretarios generales, donde se han exigido unas medidas mínimas que den garantías de transparencia. “Esas son medias que mostrarían una acto de responsabilidad y de reflexión del Congreso”, sostuvo Barrios.

Gran parte de la tarea queda en las manos de sus presidentes. Augusto Posada, de la Cámara, dijo que le apostará al control político; mientras que Roy Barreras, del Senado, advirtió que esta fue la oportunidad para ser independientes y constructivos, y no arrodillados a los gobiernos.

 

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