Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 48 mins

La cruzada de los que fueron en contra del plebiscito

Sectores políticos y de la sociedad, entre ellos iglesias cristianas y algunos grupos de víctimas, inconformes con el acuerdo pactado entre el Gobierno y las Farc, alzaron su voz en contra de la refrendación y ganaron, obligando a la renegociación.

El No en el plebiscito del 2 de octubre le ganó al Sí  por  53.894 votos. Una victoria para algunos pírrica pero legítima dentro de las reglas de la democracia, lo que obligó a la búsqueda de nuevos consensos.  /AFP
El No en el plebiscito del 2 de octubre le ganó al Sí por 53.894 votos. Una victoria para algunos pírrica pero legítima dentro de las reglas de la democracia, lo que obligó a la búsqueda de nuevos consensos. /AFP

PASTOR MIGUEL ARRÁZOLA

Líder de la iglesia Ríos de Vida

Cada vez Colombia tiene lo que podemos llamar “conciencia bíblica”. Es que no en vano los cristianos representamos casi el 30 % del total de la población con un crecimiento exponencial acelerado en los últimos 10 años, lo que significa que el conocimiento sobre la palabra de Dios no es ya exclusivo de élites ni de jerarcas, sino que a través del cristianismo se ha masificado.

Hoy tenemos iglesias en Colombia que reúnen a más de 40 mil personas en sus cultos. Es una nueva realidad con la que no contaban sectores de la sociedad y mucho menos la guerrilla, que debido a su aislamiento no tuvieron en cuenta que en cada pueblo de este país hay un pastor pequeño o grande predicando sobre justicia, maltratos, formas de gobierno, en fin, de todo lo que habla la Biblia.

Siempre se tuvo al cristianismo como un movimiento marginal y, de hecho, en alguna ocasión los mismos guerrilleros satanizaron a la iglesia evangélica acusándola, sin ningún fundamento, de ser un apéndice de la CIA y por eso, tal vez, hubo una persecución de la misma guerrilla contra predicadores y pastores que fueron asesinados o se tuvieron que ir de sus regiones.

Lo que jamás pensaron es que algunos de sus pastores íbamos a predicar con contundencia sobre valores y principios bíblicos y no sobre conveniencias políticas ni para caerle bien ni al uno ni al otro. Hablamos lo que Dios nos ordenó. Y el pueblo nos creyó. Logramos saber que la gente les perdió el miedo a las Farc y que así lo iban a expresar en el plebiscito del 2 de octubre. Nadie lo vio venir, pero nosotros sabíamos que algo sí iba a pasar. Y pasó porque le creímos a Dios.

Es cada vez más evidente, y de allí el éxito del mensaje cristiano y bíblico, que en tiempos de convulsión política la gente ha ido perdiendo la fe en el sistema tal y como lo conocemos, y en sus altavoces. En la iglesia cristiana y especialmente en la mía no callamos verdades, algunas muy incómodas, así el mundo se nos venga encima como ha ocurrido especialmente en mi caso, que he sido víctima de señalamientos, persecuciones y todo, absolutamente todo por oponerme, con razones bíblicas, al acuerdo firmado entre el Gobierno y las Farc. No me opongo a la paz, claramente no. Me resisto a la injusticia, a prebendas a quienes han cometido delitos atroces y no entendemos esa insistencia en meter las diferencias sexuales en un acuerdo de paz.

A pesar de la victoria contundente del 2 de octubre, no se tuvieron en cuenta la mayoría de objeciones que presentamos y nos dimos cuenta de que a la verdad dicha por nosotros se le llama discriminación, al pecado se le llama amor y a las ganas de justicia se le llama rencor. Corrió una ola de estigmatización porque no entendieron que el poder y la opinión han ido cambiando.

Entre más esta sociedad se aleje de la verdad, más odiará a quien la proclame: “Rechazarán la verdad e irán tras mitos”. 2 de Timoteo 4.4. La satanización política y mediática de que hemos sido víctimas es manipulativa, comunista y xenofóbica. Este Gobierno está a punto de poner a Colombia como el primer país del mundo que pasa cuenta de cobro por creer en Dios.

Aquí no hubo estrategia escondida ni manipulaciones. Hablamos de frente y con la Biblia en la mano. Y Dios no deja avergonzados a quienes le creen.

CARLOS HOLMES TRUJILLO

Uno de los voceros del Centro Democrático

Quienes pretendan hacerles creer a los colombianos que la victoria del No en el plebiscito del 2 de octubre fue cambiada con el triunfo del Sí en el Congreso están caminando sobre nubes. La ruta que acordaron el Gobierno y las Farc, dizque para “refrendar” el mismo acuerdo modificado, condujo solamente a que tomaran decisiones inanes, porque carecen de atribuciones para hacerlo, los que fueron derrotados aquel día por los electores.

En una especie de salto mortal desconocieron las mayorías nacionales y escribieron la fábula de sustituirlas por mayorías parlamentarias. De esa manera, atentaron contra la columna vertebral de la Constitución de 1991, que es la democracia de participación e incurrieron en la blasfemia de trasladar la soberanía del pueblo al Parlamento. Muy lejos está de ser motivo de orgullo, pues, que el primer legado del No sea una lección acerca del daño institucional que puede hacer un gobierno en afanes.

También queda, para conocimiento y análisis de la posteridad, el mensaje esperanzador de que el pueblo es superior a las fuerzas cuya arrogancia los hace autoproclamarse como intérpretes y diseñadores de su opinión. Del lado del Sí estuvieron las administraciones de todos los niveles, los medios de comunicación, la inmensa mayoría de los columnistas, las organizaciones políticas que apoyan al Ejecutivo, la comunidad internacional, muchas organizaciones de empresarios, en fin, eso que se llama factores reales de poder y, para hacerle honor a la verdad, miles de ciudadanos ilusionados con la esperanza de la paz.

Sin embargo, a pesar de la publicidad agobiante, del desequilibrio económico a favor de la postura oficial y del diluvio de columnas y comentarios que respaldaron el Sí, el pueblo se pronunció en sentido contrario. Otra herencia que deja el No, entonces, para bien de Colombia, es que la “opinión” no es propiedad de unos sectores privilegiados, sino patrimonio de todos los estratos de la nación.

Y las empresas encuestadoras fallaron.

Son muchas las razones que se adujeron para explicar sus equivocaciones. Lo único cierto, sin embargo, es que no lograron identificar el verdadero sentimiento de los electores. Este no es un asunto menor, habida cuenta del aparente impacto que generan cuando presentan el resultado de los estudios que hacen. En todo caso, lo que sucedió nos lleva a identificar un nuevo legado del No: “Solamente el día de la quema se ve el humo”, como reza la insuperable sabiduría popular.

Finalmente, el 2 de octubre, se recibió una hermosa enseñanza de madurez democrática. El pueblo fue claro, pero equilibrado; decidió, pero no apabulló; habló, pero no acalló. Aquel día histórico el titular de la soberanía dio el mandato de buscar un gran acuerdo nacional para la paz. Infortunadamente, la intransigencia del Gobierno y las Farc no ha permitido que se convierta en realidad. Pero dicha instrucción sigue vigente, porque las decisiones de la gente no se modifican de cualquier manera, y el constituyente primario tendrá la oportunidad de reiterarla emitiendo otro veredicto en un referendo, un plebiscito, en 2018.

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