De delfines, herederos y otros lazos familiares

De los 2.363 aspirantes al Congreso, por lo menos 49 guardan vínculos familiares con influyentes líderes políticos del país.

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La política colombiana se ha caracterizado por la presencia de los denominados ‘delfines’: hijos de dirigentes que heredan o recaudan el caudal político, social y electoral logrado por sus padres. Quienes guardan algún tipo de parentesco con influyentes líderes políticos también podrían ser considerados ‘delfines’, en tanto aprovechan su apellido para consolidarse en la política, lo que según los analistas, genera la concentración del poder en destacados círculos familiares. (Ver infografía Herederos del poder)

Han sido frecuentes los casos en los que dinastías políticas se han aferrado a puestos, regiones y escenarios para manejar el poder. Por ello, es usual encontrar apellidos, linajes y lazos familiares que han marcado la historia política del país: los López, los Ospina, los Valencia, los Santos, los Pastrana, los Lleras, y más recientemente los Galán o los Gaviria ejemplifican la hegemonía y tradición que han caracterizado la política colombiana.

En las listas de los partidos políticos que aspiran a que sus candidatos ocupen un escaño en el Senado o en la Cámara de Representantes del próximo cuatrienio se vislumbra la magnitud del fenómeno. Hay familiares de líderes políticos asesinados, de exgobernadores, de excongresistas y hasta de exparlamentarios involucrados en escándalos como la parapolítica.

En un informe de Gustavo Duncan sobre el panorama de riesgos de las elecciones legislativas del próximo 9 de marzo, se habla de la “endogamia del sistema”, en el sentido de que existen familias o castas políticas que se reproducen elección tras elección. “Se trata en la práctica de la creación de castas políticas en el Congreso que concentran una franja importante de representación a través de poderosas maquinarias electorales”, señala el investigador.

En este sentido, Duncan se remite a un análisis de la revista Semana para explicar que la endogamia “corresponde a la apropiación de una serie de cargos, contratos, nombramientos y demás recursos públicos para mantener un volumen cautivo de votos que les permita perpetuarse en el Congreso. Este tipo de endogamia incluye tanto familiares y amigos de viejas castas políticas como nuevas castas políticas que se formaron recientemente a través de la corrupción, la violencia y el narcotráfico”.

Para Miguel García, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes y codirector del Observatorio de la Democracia de la misma institución, en la política colombiana las oportunidades están vinculadas a ciertas redes de pertenencia o círculos familiares que condicionan la llegada al poder: “En Colombia se heredan las conexiones familiares y esos vínculos sociales importan a la hora de destacarse en ciertos espacios políticos, lo que hace menos competitivas las elecciones en el sentido del acceso a una postulación o la pertenencia a una lista”.

Por su parte, Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE), considera que la concentración del poder en herederos políticos le resta representación a la ciudadanía, además de favorecer escenarios políticos cerrados en los que los partidos no figuran como espacios amplios, inclusivos ni de representación plural.

“Los delfines no se vinculan a las organizaciones políticas, sino que llegan específicamente para los procesos electorales, con contadas excepciones. No se ve que estén dentro de la organización política conociendo el partido o haciendo carrera dentro él, sino que se presentan y en algunos casos lo hacen cuando sus familiares están presos, investigados por algún tipo de irregularidad o delito electoral”, agrega la directora de la MOE.

Y concluye Duncan: “La endogamia no sólo está afectando a candidaturas ligadas con prácticas criminales y antiéticas, sino que también hacen parte de la franja de candidatos de opinión, considerados como ‘limpios’. Los ‘delfines’ se están tomando numerosas plazas de las candidaturas al Congreso. Una lista corta de los delfines de ‘sangre azul’ incluye a los hijos de Luis Carlos Galán, de Rodrigo Lara Bonilla, de Luis Eduardo Garzón, Piedad Córdoba, Manuel Cepeda, Fernando Araújo y Fabio Valencia Cossio. La lista muestra que el asunto no tiene ninguna particularidad ideológica. Delfines de sangre azul y de sangre de cualquier otro color abundan en todos los partidos”.

 

 

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