De regreso al diálogo en Cuba

Militares y guerrilleros avanzan en el plan de desminado humanitario en Antioquia, mientras la guerra impone nuevas dificultades al proceso de paz.

La canciller María Ángela Holguín, nueva emisaria del Gobierno en la mesa de negociación de La Habana. / AFP
La ronda 37 de diálogos entre el Gobierno y las Farc ha estado signada por una alta tensión producida por los sucesos de guerra ocurridos en Colombia, en los que han muerto más de 40 guerrilleros, incluidos un alto comandante de frente y dos delegados de la comisión de paz de la insurgencia. Sin embargo, una luz de esperanza se abre paso con el plan piloto de desminado humanitario y limpieza del territorio de municiones sin explotar.

La primera fase del proyecto ya acabó y arrojó una imagen histórica: miembros del Ejército y de la guerrilla trabajando juntos para que nunca más haya afectados por artefactos explosivos sembrados en más de medio siglo de guerra. La vereda El Orejón, en el municipio de Briceño, Antioquia, es el teatro de las operaciones de paz. “Por primera vez tras más de 50 años de conflicto armado, un batallón del Ejército y las Farc, en forma conjunta, llevan a cabo acciones para una población afectada en forma severa”, expresó Humberto de la Calle, jefe de la delegación del Gobierno en la mesa de conversaciones.

Las imágenes proyectadas el viernes en un salón del Palacio de Convenciones de La Habana dan cuenta de esa labor humanitaria. Son militares, guerrilleros, miembros del equipo de Ayuda Popular Noruega y de los países garantes del proceso, Cuba y Noruega, quienes por siete días convivieron en El Orejón para conseguir información sobre minas y artefactos sin explotar. “Las primera noticias que salen de El Orejón nos llenan de optimismo en un momento de dificultades”, agregó De la Calle.

Y es que ese plan de desminado, que empezará la fase de limpieza a finales de junio, se ha convertido en el escenario fundamental a través del cual las partes buscarán recuperar la confianza perdida en los campos de batalla, pero además servirá para enviar un mensaje de reconciliación a la sociedad colombiana y a la vez se convierte en el único escenario que queda para avanzar en el desescalamiento del conflicto, hoy maltrecho por las noticias de sangre que llevaron a la reactivación de los bombardeos por parte del Gobierno y la suspensión de la tregua unilateral declarada por las Farc en diciembre pasado.

“¿Quién se hubiera imaginado que un sargento del Ejército, experto del Batallón de Desminado Humanitario, y un explosivista de las Farc pasarían días enteros intercambiando opiniones y recogiendo información precisa sobre la ubicación de los artefactos?”, preguntó De la Calle, y añadió una información escalofriante: “En El Orejón hay más minas antipersonales que habitantes”.

Del otro lado de la mesa, en horas de la mañana, los delegados de las Farc dieron a conocer una comunicación enviada por su máximo comandante, Timochenko, quien en carta titulada “Una lectura sensata de la situación” expresa su preocupación por el escalonamiento de la guerra en momentos en que se avanzaba en acuerdos para desintensificarla. “Hablar de guerra es hablar de muertos, heridos, desmembrados, lo que parecen olvidar muchos de sus apologistas. Hoy lloramos nuestros muertos del mismo modos que lloran los suyos nuestros adversarios”, escribió Timoleón Jiménez.

“Insistimos en perseverar, por encima de todas las dificultades. Así como en asegurar que la regla de negociar en medio de la confrontación amenaza echar todo a la estacada. Si realmente queremos que esto marche hacia el éxito, deberíamos considerar con toda seriedad la posibilidad de pactar un armisticio, una tregua o un cese bilateral”, escribió el jefe guerrillero, quien además consideró un gesto positivo la llegada de Luis Carlos Villegas al Ministerio de Defensa, y de la canciller María Ángela Holguín y del empresario Gonzalo Restrepo a la mesa de conversaciones.

Así, el proceso de paz en Cuba avanza al calor de los muertos en Colombia. Los delegados de las partes trabajan en la concreción de una comisión de la verdad, requisito exigido por las Farc para entrar de lleno al tema de justicia, que hoy es el ancla que no deja avanzar. Mientras tanto, los países amigos de los diálogos intentan que se concreten las medidas de desescalamiento necesarias para recuperar el rumbo. Por eso se contempla la posibilidad de extender el ciclo 37 hasta el próximo 4 de junio, pues en el papel la ronda debe terminar mañana.